Nelson Dames, 84 años de romance con el mar

Un libro. Un club. Una hermandad. 27 metros de profundidad. Un salmón de 18 kilos. Un legado. Un récord histórico mundial. Cazador submarino. Buzo y un prestigio en base al valor de la palabra.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net
"El mar, una vez que te hechiza, te engancha en su maravillosa
red para toda la eternidad", Jacques Cousteau (1910-1997)

"Apúrate con las fotos antes que seamos cenizas", la chanza es recurrente entre los viejos que en torno a una mesa posan para la foto.
Todos ellos son parte de "La Hermandad del Escrófalo", y entre ellos está el Top Ten Mundial de Caza Submarina Nelson Dames.
"Las arrugas, cuando son señales de buena vida, son como condecoraciones que uno recibe. Y yo siempre sostengo que somos (los de la 'hermandad') como dinosaurios, nos vamos extinguiendo de a uno", sostiene Nelson.
Un libro. Un club. Una hermandad. 27 metros de profundidad. Un salmón de 18 kilos. Un legado. Dos campeonatos argentinos. Un sudamericano. Un récord histórico mundial. Cazador submarino. Buzo y un prestigio en base al valor de la palabra.
El responsable fue su hermano Enrique, primero trajo el libro "El mundo del silencio" que escribió el oceanógrafo francés Jacques Cousteau, junto con Frèderic Dumas.
Las páginas acerca del mundo submarino calaron hondo en el adolescente Nelson Dames, quien muchos años después se convertiría en el único argentino dentro del Top Ten mundial de la Caza Submarina (7° lugar en el Mundial de Almería en España 61). El club CUBA fue donde aprendió a ser buzo para conseguir luego ser dos veces campeón argentino y sudamericano de esa especialidad.
En 84 años de relación con el mar fueron muchas las costas del mundo donde Dames probó sus pulmones o trabajó como buzo profesional.
A pesar de sus ojos azules, prefiere no responder al estereotipo y se define como "negro, radical y bostero". Nadie es perfecto, por ello eligió ser hincha de la mitad más uno.
Pero Dames le escapa a los elogios, o por lo menos a los que no les corresponde. Por ello aclara que nunca fue campeón mundial. Y si fue (en realidad lo es) el argentino que se encuentra a nivel mundial de los Top Ten en caza submarina es porque nadie pudo tener un mejor desempeño o chance de acceder a un Mundial.
Modestia aparte, los hechos lo ubican como unos de los pioneros del buceo en la Argentina.
"No hay un ránking argentino, eso es un error. Yo fui a competir en el 61 a España (Almería) en el 4° Campeonato Mundial que se realizaba. En ese certamen yo ocupé el séptimo lugar (no hay un ránking mundial) hasta cuatro años después donde se hizo un nuevo Mundial y yo no ocupé ningún puesto. Simplemente ningún argentino (de esa fecha a la actualidad) ha ocupado ese lugar u otro dentro de los diez primeros, nada más", aclara.
En todo caso, Nelson fue un afortunado porque se formó como buzo con quienes introdujeron el buceo en el país.
En su hogar de Km 8 no posee elementos que lo vinculan con la actividad, la mayoría de los recuerdos que atesoró o consiguió en su etapa competitiva o como buzo profesional las regaló.
De algo que nunca se pudo desprender es el club que supo fundar junto a otros buzos: "La Hermandad del Escrófalo".
"Es como una marca", reafirma. Y si bien el club no existe más, cada visita a Puerto Madryn es excusa para reunirnos", sostiene. Historias les sobran, algunas de ellas trascendieron fronteras.

CAZADOR Y BUZO
"En su momento dejé la actividad deportiva para dedicarme al trabajo como buzo profesional. Y en el 81 dejé la actividad, habrán sido 10 años de trabajo con TAMIC (empresa de servicios navales fundada en Comodoro Rivadavia en el 58) donde me dediqué desde rescates de anclas, hasta colocación de explosivos", comenta.
"Antes de venir acá (por Comodoro) nosotros (los integrantes de la 'Hermandad') nos habíamos hecho amigos de un barco de Yacimientos Petrolíferos Fiscales que paraba en Puerto Madryn. Y cuando llegaba su tripulación que eran unos gallegos, nosotros nos tirábamos al mar y le traíamos una bolsa llena de cholgas y ellos se volvían locos. Por ello cuando vine a Comodoro y estaba trabajando en la Municipalidad me viene a buscar un señor (que yo no conocía) a decirme que el capitán del barco (Pedro Juan) me quería ver porque la noche anterior tenía tomado un cable en la hélice. Esa noche tuvo que salir a 'capear' (enfrentar de la mejor manera) el temporal mar adentro y con un solo motor. Y cuando quiere volver se le corta la cadena. Así que bajé y yo iba sacando de a una vuelta la madeja de cable enredado en la hélice y de arriba iban tirando de a poco. Así hasta el final. Luego le saqué un ancla, donde le enganché un grillete para que lo suban", comentó.
El trabajo, a voluntad, había quedado como una anécdota más para el empleado municipal. Pero días después volvió a ser citado "¿Cuánto cuesta tu trabajo?, me preguntaron. Y en realidad mucha idea no tenía, aparte lo hice de favor", expresó.
Ciento veinte mil pesos por ambos trabajos le ofrecieron (cuando cobraba 50 mil por mes en el municipio) "les dije 'bueno' y TAMIC me hace la boleta, enfrente tenía a uno de los capos de la empresa, me senté y firmé. Ahí los sorprendí, porque no me lo podían pagar en el momento y yo ya había firmado como recibido", confesó.
"Eso que usted acaba de hacer ni a mi hermano se lo permito", le dijo el gerente. Pero Dames ni se inmutó, si le pagaban bien. Y sino también, él había prestado un servicio sin pensar en el beneficio particular.
Ese gesto de nobleza, le traería un vínculo laboral con la empresa por diez años. Nunca firmó un papel, Dames sabía de qué madera estaba hecho, con la palabra le bastaba. Y la empresa también coincidía en el pensamiento.
"A partir de ese momento trabajé con TAMIC haciendo trabajos para YPC, incluso en la Bahía de San Sebastián en Tierra del Fuego. Desde Comodoro hacía la punta austral", recordó.
Poner explosivos, rescatar restos de naufragio o soldar en las profundidades fueron parte de su etapa laboral. Nunca dudó, ni siquiera a la hora de armar la detonación.
"Yo mismo preparaba los explosivos para sacar 'muertos' en el fondo del mar. Armaba todo, me sumergía y ponía la carga. Luego subía por mi caja de herramientas y conectaba todo", describe.
"Andar a ciegas", en esa frase resume Dames el fondo del mar fueguino, "una lata con una boya y herramientas eran mi única guía. Porque en definitiva el buzo es una persona muy consciente de lo que hace. Como los chicos (Héctor y Carlos) Durbas, que son personas experimentadas en esto".
Incluso su historial como competidor lo llevó a ser capitán de la Selección de Caza Submarina donde un joven comodorense de 18 años se consagró campeón sudamericano.
"Esa fue la única vez que compartí con el (Héctor) 'Gringo' Durbas, él era un pibe y recuerdo que para representar al país solo entraban dos de los cinco competidores y tras una competencia interna quedó él y ganó el torneo. Y estuvo bien porque el 'Gringo' es un excelente en todo el sentido de la palabra. Además su padre Miguel Angel fue amigo mío y vivía cerca de ellos donde veía a 'Carlitos' andar en triciclo en la esquina, él era muy amigo de mi hijo Quique", denota.
En actividades subacuáticas tuvo a dos personas: Jules Rossi (campeón nacional). Y a un italiano (Alberico Faedo) que había peleado en la 2° Guerra Mundial contra los submarinos alemanes como integrante del cuerpo de buzos tácticos "nos enseñó a bucear con equipos con oxígeno cuando la Marina Argentina recién comenzaba con esos equipos".

27 METROS Y 18 KILOS
"Una vez andaba un periodista de Buenos Aires (Clarín) y nos preguntó a qué profundidad cazábamos, y le dijimos entre 27 a 30 metros. El tipo nos decía que estábamos locos. Y para nosotros era algo normal. Para ellos controlábamos la respiración, educábamos nuestros pulmones. Y ello me permite que a los 84 años ande en remera en pleno invierno, o sea que tan errados no estábamos con lo que hacíamos", sostiene.
En el Golfo de San José, Dames sacó el pescado más grande que pudo imaginar, lo que le permitió ser campeón argentino.
"Cacé un salmón de 18 kilos a 27 metros de profundidad en apnea. Era práctica, hacer un minuto o minuto y medio de hiperventilación. Me acuerdo de ese caso, porque vino un catalán radicado en Buenos Aires a competir. Era el último día de competencia y ya a esa profundidad –frente a la Isla de los Pájaros- quedábamos pocos. En una de esas veo que el español viene subiendo y le preguntó cómo anda y me dice 'tengo un pez ahí abajo que parece un ómnibus', y se volvió a sumergir, no lo sacó. Hiperventilé dos minutos y bajé, cuando estuve a 27 metros vi al 'tipo' con la cabeza apuntando a la cueva. Levanté el fusil y le tiré, el tipo se metió adentro y me queda trabado el arpón. Subo y pensé que lo había perdido. Empiezo a tirar del sedal y lo siento pesado, tiro un poco más y veo que viene subiendo, lo había enganchado en la última parte de la cola", comenta. Esa hazaña saldría publicada en el diario de mayor tiraje nacional.
En la Bahía de San Sebastián buceaba en pleno invierno, cuando en la superficie había 16 grados bajo cero y en el agua 3, era parte de su trabajo como buzo que alternaba con el de empleado municipal.
En la faz competitiva y en Puerto Madryn ganó dos veces el campeonato nacional de natación con aletas sin traje y sobre principios de febrero.
"Eran 3 mil metros, de la punta del Indio hasta el muelle del pueblo. Sin nada de agregados. Y una de las veces que gané marque 55 minutos".
En 1981 fue su último trabajo como buzo, cuando le sacó un cable a la hélice de un barco oceanográfico de YPF.
Luego de ello, los "exámenes" para demostrar que tenía condiciones los hacía cada vez que visitaba Puerto Madryn.
"Allá me conocen, entonces cualquier ocasión era propicia para desafiarme: '¿vamos viejo hasta la boya?', me decían. Y yo aceptaba la prueba e íbamos pata a pata. Fui así mientras el cuerpo respondió", responde con firmeza.

EL HALLAZGO DEL VAPOR VILLARINO
El vapor Villarino fue el primer buque de guerra de la Armada Argentina que vino desde Europa (donde fue construido). En su viaje inaugural trajo los restos del general José de San Martín y hasta su naufragio cumplió un destacado servicio en apoyo de la exploración y colonización de la Patagonia Argentina.
El 16 de marzo de 1899, mientras efectuaba su viaje 101 al sur, el Villarino fue arrojado sobre las restingas de las Islas Blancas, en Bahía Camarones.
Ochenta y un años después, en una cruzada denominada "Operativo Camarones" un grupo de buzos de la "Hermandad del Escrófalo" hallaron los restos del Villarino y rescataron objetos que se destinaron a museos del país.
"Junto a José 'Pino' Nicoletti, Mariano 'Malevo' Medina y Roberto 'Toro' Astiz, participamos del rescate de los restos del Villarino que había naufragado. Estaba prácticamente arriba de las Islas Blancas. Ese día había muy mal tiempo, íbamos en la lancha a duras penas. Llegamos y nos metimos detrás de un islote. Estábamos una hora ahí al sol con el traje de neopreno y decidimos meternos al agua. Medina y Astiz se quedaron en la lancha. Y yo con Nicoletti fuimos al frente donde había un islote con lobos marinos, cuando subimos encontramos un pedazo de cadena que con el óxido estaba adherida a la piedra. Seguimos caminando y se veía del otro lado de la isla sobre el agua un pedazo de hierro que reflejaba con el sol. Y ahí estaba, era una parte de hierro de la caldera, habíamos encontrado el Villarino. Sacamos dos ojos de buey, una tapa y volvimos a la lancha. Fue todo un acontecimiento, estaba el gobernador y el jefe de policía. Al año siguiente sacamos la hélice con un bote de goma enorme que pertenecía al 'Cervantes' (hundido en Tierra del Fuego) que quedó en la plaza principal del pueblo. Ello nos valió una placa en reconocimiento", concluyó.

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