New England Patriots y Atlanta Falcons juegan hoy la edición 51 del Super Bowl

Juegan desde las 20:30, en el NRG Stadium de Houston. Los Patriots fueron campeones de la Conferencia Americana venciendo a Pittsburgh Steelers. Por su parte, Falcons, que busca su primera consagración tras caer en la final de 1999, obtuvo la Conferencia Nacional al doblegar a Green Bay Packers. El espectáculo del entretiempo, que demandó un gasto de 10 millones de dólares, estará a cargo de la cantante Lady Gaga.

New England Patriots, franquicia ganadora de cuatro títulos y por la cual simpatiza el presidente estadounidense Donald Trump, y Atlanta Falcons, animarán hoy la edición 51 de la final de la Liga estadounidense de fútbol americano (NFL), conocida mundialmente como el Super Bowl.
El partido, que atrae la atención del mundo deportivo de los Estados Unidos y gran parte del mundo, se jugará desde las 20:30 de Argentina, televisado por las señales ESPN y Fox Sports, en el NRG Stadium de Houston, inaugurado en 2002, con un aforo para 72.220 espectadores y con campo de juego con césped natural.
Los Patriots fueron campeones de la Conferencia Americana venciendo a Pittsburgh Steelers (36 a 17) y Falcons, que busca su primera consagración tras caer en la final de 1999, obtuvo la Conferencia Nacional al doblegar a Green Bay Packers (44 a 21).

ESPECTACULO, POLITICA Y TENSION EN LA FINAL
El partido además tiene dos momentos muy esperados por todos y que son tradicionales en el SB: la entonación del himno estadounidense, esta vez a cargo del cantante country Luke Bryan (la primera vez en 10 años que lo canta un hombre) y el espectáculo de mediotiempo, que estará a cargo de la cantante Lady Gaga y que demandó un gasto de 10 millones de dólares.
No puede estar ajena a este SB la efervescencia política que atraviesa el país norteamericano desde la asunción de Trump como presidente. El primer mandatario es amigo personal del dueño de los New England, Robert Kraft, y también del marsical de campo Tom Brady.
Trump no irá a Houston y será el vicepresidente Mike Pence quien presencie la final en Texas.
Muy diferente es la opinión que tiene el dueño de los Falcons, Arthur Black, sobre Trump, a quien criticó duramente por el veto al ingreso de ciudadanos de algunos países musulmanes a los Estados Unidos.
También hay expectativa respecto de si Lady Gaga, quien hizo campaña por Hillary Clinton y está en contra de Trump, aprovechará su actuación de medio tiempo para enviar un mensaje al Presidente.

CHOQUE DE GIGANTES
New England, con el head coach Bill Belichik, jugará su séptimo SB en los pasados 15 años. Es toda una dinastía y cuenta con Brady, el mejor mariscal de campo de la historia, que con ganar hoy se convertirá con cinco títulos en el más triunfador de la NFL.
Los Patriots tienen además la mejor defensiva de la liga ya que permiten apenas 15,6 puntos por partido y en la ofensiva un par de receptores como Julian Edelman y Danny Améndola muy desequilibrantes, pese a que no jugará Rob Gronkowski, su ala-cerrada estrella quien fue operado de una hernia de disco a mitad de la temporada.
Los Falcons tienen como entrenador en jefe a Dan Quinn (amante del rugby y fanático de los All Blacks) y como mariscal a Matt Ryan, quizás el mejor del año y con un fantástico nivel en la post temporada.
El poder de los Falcons está en su ofensiva: logra 33,8 puntos por juego y es la mejor de la NFL, con un tándem de corredores notable integrado por Devonta Freeman y Tevin Coleman, pero posee la 28ª defensiva de la Liga, su eslabón débil y que podría negarle el triunfo.
Por eso el partido se definirá con el equipo que logre controlar mejor a la ofensiva adversaria y asoma New England como favorito, ya que es más parejo en ataque y defensa.
En este tipo de partidos, la diferencia para ganar el título la puede dar el pateador y ambos cuentan con dos excelentes y de gran eficacia: Stephen Gotkowski en los Patriorts, con un 84,4 de efectividad en goles de campo, y Matt Bryant en Falcons, con 91,9.
El ganador de esta final se quedará con el trofeo Vince Lombardi y con la gloria de un evento que, más allá de ser amante o no del fútbol americano, nunca pasa inadvertido por su emotividad y opulencia.

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