"No se escribe desde el dolor y menos se escribe el dolor: la literatura viene de otra literatura"

El libro se perfila como el retrato de una generación, la de los 60 y 70, que posiciona a Moreno como una sobreviviente de interminables juergas alcohólicas que entrelaza con la evocación de su infancia y el retrato de los amigos escritores.

Bajo una prosa renuente a las categorizaciones que muta sin aviso de la crónica o el micro ensayo a la ficción y exige no ser tomada literalmente, la periodista y escritora María Moreno emprende en "Black out" una suerte de biografía fragmentaria que pone el foco en lo generacional antes que en lo personal, pese a que el poliédrico texto está tramado por su relación con el alcohol y los duelos múltiples por la muerte de su padre y sus amigos escritores.
Bajo esas señas particulares se monta la arquitectura monumental de "Black out", un texto que se perfila como el retrato de una generación, la de los 60 y 70, que posiciona a Moreno como una sobreviviente de interminables juergas alcohólicas -la mayoría con epicentro en algunos de los bares míticos del barrio de Once- que entrelaza con la evocación de su infancia y el retrato de los amigos escritores que ya no están: Claudio Uriarte, Miguel Briante, Charlie Feiling y Norberto Soares.
- Télam: ¿Cuáles son los alcances de ese "ritual de despedida" que emprendés en el libro? ¿Te despedís de una etapa o de algunos afectos perdidos?
- María Moreno: no soy yo quien se despide. No es algo personal. Digo "yo" pero es una despedida más total: a un modo de intervenir en la cultura, de generar espacios por fuera del mercado, de inventar estructuras que no aceptan escribir sobre lo que quiere el otro: editoriales, medios de comunicación. Cada uno de los personajes representa una posición estética, un estilo. En Norberto Soares, Charlie Feiling, Miguel Briante, Claudio Uriarte , Jorge Di Paola Levin, Héctor Libertella, el estilo hace al retrato.
- T: "Black out" tiene una estructura circular con tres títulos que se repiten ¿Esta idea de circularidad excede el juego literario, se puede leer como una forma de leer tu vida?
- MM: no, es un yeite para organizar la escritura. Como escribo en el final, "La pasarela del alcohol" es del orden del retrato. "Ronda", de la deriva alcohólica, su nomadismo. Y "Del otro lado de la puerta vaivén", del microensayo. No creo en la circularidad, hay retornos con un resto y una diferencia, pero al darse en otro tiempo y lugar cambian, hay que estar atentos para no leer lo mismo por la propia carencia para leer lo que no es retorno. Es como cuando se dice que el matrimonio entre personas del mismo sexo repite al heterosexual. Es que no se sabe leer fuera del modelo.

EL EFECTO LITERARIO
- T: ¿Te ha costado socializar el dolor, el tuyo y el propio? Por ejemplo, también frente al dolor de tu amigo Gumier Maier por la pérdida de un amante elegís mantenerte a distancia...
-MM: no es mi vida. Lo autobiográfico es un efecto. Eludí la efusión sentimental deliberadamente. No hay dolor cuando escribo. La escritura transforma el dolor en otra cosa. No se escribe desde el dolor y menos se escribe el dolor mismo. La literatura viene de otra literatura, no de la experiencia. Si el libro transmite dolor es porque recibe el legado de otros libros como "Una pena en observación" de C.E.Lewis, "Desgracia indeseada" de Peter Handke, "Una muerte muy dulce" de Simone de Beauvoir, que son "máquinas de duelo" pero también biografías de encomio. No centro el pudor en lo familiar ni en lo amoroso. El pudor es sobre zonas más oscuras de la propia vida como la cobardía intelectual, ceder en el propio deseo, la voluntad de integración renunciando a las convicciones. Pero como dice en el libro: el bar es un hogar contra el hogar. Es la comunidad por fuera de la familia. De eso quería hablar.

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