Nos siguen pegando abajo

Comodoro Rivadavia tiene desde el viernes menor conectividad aérea con el resto del país porque cerró la empresa Sol a partir de una decisión adoptada por el gobierno de Mauricio Macri, el mismo hombre que debería responder en las próximas 48 horas qué hará con el precio interno del barril de petróleo. La última oferta que hizo su ministro de Energía y Minería, el ex CEO de Shell Juan José Aranguren, no terminó de conformar a todos. De hecho el viernes Tecpetrol comenzó a enviar los telegramas de despido a su personal antes de que venciera el cuarto intermedio acordado hace una semana en Rawson por políticos, sindicalistas y empresarios.
Es cierto. Esta operadora debe ser la de menos compromiso social con la región y en más de una oportunidad ha puesto de manifiesto que poco y nada le interesa el futuro de quienes hasta ahora dependían de su política empresarial. El resto de empresas sigue esperando, pero las perspectivas no son las mejores.
"Si no está preocupado es porque no está atento", decía un sindicalista de la UOM en la semana que pasó respecto de lo que se viene para la clase trabajadora, que se había acostumbrado en los últimos años a tener más alegrías que sinsabores. Hoy los que gobiernan piensan distinto. Si hasta los llaman "grasa". Bueno, ganaron las elecciones. Se supone que los que votaron el ideario liberal sabían a qué atenerse.
Distraídos por las fiestas de Navidad y las vacaciones, son muchos los que recién ahora comienzan a tomar conciencia de las consecuencias que ocasionan las decisiones que se toman en Buenos Aires; o quizás mucho más al norte. Después de todo, ¿a quién le mostró primero su plan económico el ex asesor de JP Morgan y hoy ministro de Economía de la Argentina, Alfonso Prat Gay?
En esta ciudad van acusando golpes. Primero fue aquella movilización petrolera del último lunes de 2015; después la baja en las ventas de juguetes para el Día de Reyes; ahora el cierre de Sol, una línea que permitía conectar con Neuquén por ejemplo, vital para quienes operan en la industria hidrocarburífera. Claro que si ésta se halla en recesión, tampoco serían tan necesarias las comunicaciones.
Mientras los aumentos de precios en los alimentos impactan más en esta parte del país, otra decisión tomada allá arriba pasó casi desapercibida en la provincia, a pesar de que dejaría sin trabajo a más de un centenar de personas. Es que la apertura de importaciones permite que el producto que se extrae de las algas en la empresa de la familia Soriano, ubicada en Bahía Bustamante, resulte más caro que el chino -que ahora no paga arancel- para los fabricantes de dulces que lo necesitan.
Los hijos de aquel emprendedor andaluz que le dio vida a este emprendimiento pidieron ayuda al gobierno provincial porque confían en que pueda convencer a Nación de hacer una excepción que no los perjudique. Deberían tomar nota de que sus chances no son las mejores ante un gobierno que hace un culto del dios mercado, por lo que no intervendrá por un centenar de personas cuando está dejando en la calle a miles.
Así, la famosa "brecha" nunca se disimulará, sino que se ahondará con los riesgos que ello podría acarrear cuando se pretende que los obreros solo reclamen a sus empleadores, que jamás resolvieron solos conflictos como éste porque siempre hubo un Estado regulador. Ese que intervino para ponerle fin a aquella toma de Termap en octubre de 2005, para de ahí en más poner condiciones en cada renegociación de contratos. Claro, a cambio aseguraba precios acordes con los costos, poniendo la diferencia si hacía falta para evitar que hubiera gente en la calle mendigando una caja de alimentos como ya ocurrió en esta ciudad a fines del siglo pasado y comienzos de éste. Además, ahora parece haber una decisión política de criminalizar la protesta social, como ocurrió este fin de semana en Jujuy, tal vez con la pretensión de que el resto lo considere un espejo. ¿Tomarán nota los petroleros del otro extremo del país que amenazaron con instalarle una carpa en las narices a los gerentes que gobiernan el país?
Frente a este panorama, no parece conveniente para los intereses provinciales persistir en la escalada de acusaciones que tuvo su clímax antes y después de la frustrada sesión de la Legislatura de Chubut en la que se iba a legitimar aquella emergencia económica votada entre gallos y medianoche horas antes del cambio de gobierno.
Las resoluciones que se adoptaron el jueves y los improperios que salieron de la boca de más de un alto funcionario, flaco favor le hacen a la causa petrolera. Más aún, algunas declaraciones expresadas por alguien que esta vez demostró tener más rápida la lengua que el cerebro, reflotaron la división Valle-Comodoro que hace un mes se comprometieron a intentar dejar atrás tanto el gobernador Mario Das Neves, como el intendente Carlos Linares, a quien algunos intentaron culpar de haber operado junto al ex vicegobernador, Gustavo Mac Karthy, para provocarle la primera derrota política al nuevo mandatario provincial.
Es entendible que Das Neves no quiera romper lanzas tan pronto con Macri porque aún le quedan 47 meses de convivencia con él y hasta es posible que sus tres diputados sintonicen con el oficialismo cuando reabra el Parlamento. Pero ya avisó que la causa de Comodoro también es suya, por lo que su aporte resultará clave para resolver esta encrucijada que amenaza la economía regional.
La relación Provincia-Municipio parecía haber encontrado carriles aptos, pero en los últimos días dio la impresión –diría Alejandro Dolina- de que se avanzó solo para de repente encontrarse con la propia pisada.

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