Nunca fue tan sencillo

Lo acaba de expresar claramente Alejandro Dolina. Para él -como debería ser para tantos millones de argentinos-, nunca resultó tan sencillo elegir un Presidente. Es que la cancha aparece claramente marcada: de un lado está lo que quiere; del otro todo lo que no. En esta parte hay inclusión; solidaridad; trabajo; sentido de lo nacional. Del otro todo lo contrario: exclusión; desocupación y subordinación a las multinacionales.
No fue un paseo la elección general para Daniel Scioli, como se creía desde el oficialismo, y por eso hoy corren riesgo las grandes conquistas de la última década. Que Mauricio Macri ahora promete continuar, es cierto. Lo que no dice el hombre que pregona "la revolución de la alegría" es cómo hará para dejar contentos a todos si no le quita a nadie. Y ya todos saben a quiénes jamás les pondrá obstáculos para que hagan sus negocios, aunque en el camino queden los que menos posibilidades de defensa tienen: los que dependen de un salario.
Una cosa es segura: en Chubut Macri no va a ganar. En la elección solo obtuvo en toda la provincia 62 mil votos, quedando tercero detrás de Scioli (121 mil) y de Sergio Massa (86 mil). En Comodoro Rivadavia tampoco pareció despertar mucha ilusión su promesa de bajar el precio de las naftas a la mitad de su actual valor porque apenas 19 mil le creyeron, optando antes por Scioli (43 mil) y por Massa (30 mil).
Otra promesa que aquí hizo fue la de mantener el costo interno del petróleo, lo cual –se sabe- es fundamental para no parar equipos y tener desocupados en la principal industria de la región. Pero el titular del gremio que entonces habló con él acaba de aclarar que le dijo que ello sería solo por tres meses y que luego "el mercado" establecería los precios. Ya todos saben de qué se está hablando cuando se cita la palabra emblema de la economía liberal. Aquí lo aprendimos con la privatización de YPF, entre otras empresas que –si bien es cierto no estaban correctamente administradas- daban trabajo a quienes para el resto de la economía son solo números.
"Nuestra provincia es importantísima en términos geopolíticos y es necesario trabajar en conjunto sobre algunas políticas que generen valor agregado a Chubut, como fomentar las economías regionales. Para esto es necesaria la colaboración del Gobierno Nacional promoviendo políticas desarrollistas que mejoren la calidad de vida de todos los chubutenses", sostienen desde el círculo del electo gobernador, Mario Das Neves, quien si bien antes de las PASO hizo lo imposible para ir con Scioli, en las últimas semanas ha dado señales de que ya no piensa igual. Una de ellas fue el encuentro del miércoles en Comodoro entre su designado secretario de Trabajo, Marcial Paz, y un diputado nacional del PRO que carga con un apellido ligado al sindicalismo y al pacto con los militares. ¿Cómo olvidar que mientras Saúl Ubaldini enfrentaba a la dictadura, Jorge Triaca se reunía con los generales y almirantes? Y que años después, en el juicio a Videla, Massera y compañía que promovió Raúl Alfonsín, dijo no recordar si en su gremio (trabajadores de la industria del plástico) había desaparecidos. Es el mismo que fue ministro de Trabajo de Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1992.
Es que las cosas se cuentan solas. Solo hay que saber mirar, o leer. Es lógico entonces que Triaca hijo hoy esté con Macri. Es solo un botón de muestra. Baste sino repasar la lista de quienes impulsan el voto neoliberal y remontarse 20 años atrás –o al aciago año 2001- para ver a quiénes les hacían fiestitas entonces.
Otro signo de estos tiempos lo dio la noticia de que los dos abogados que más honorarios cobraron (10 millones entre ambos) para representar a magistrados que demandan al Estado provincial son destacados dirigentes del PRO, Andrés Mariano Sobieralski y Oscar Ayestarán, los mismos que no hace mucho dieron una conferencia de prensa en el Concejo Deliberante local para asegurar "ha quedado en claro que la Alianza Cambiemos encarna la única alternativa seria y que una vez en el gobierno nuestro país retomará la senda del crecimiento, con justicia y bienestar para todos los argentinos". Al menos ya sabemos que la caridad bien entendida, empieza por casa.
Desde PRO ya se ven en la Casa Rosada y apelan a la extorsión al resaltar que en lo que va del 25 de octubre hasta estos días, "hablamos con todos los gobernadores y si quieren pagar los aguinaldos de diciembre, les conviene estar en contacto. La mayoría está en problemas ya hoy. Y apoyar a Scioli no les va a traer beneficios, al igual que los intendentes. Tienen que seguir gobernando".
Por eso son varios los sindicalistas que se muestran preocupados por los lineamientos económicos generales que se implementarán en caso de que Macri llegue a la primera magistratura. Entre los temores que los dirigentes manifiestan se encuentran la inmediata pérdida de poder adquisitivo del salario en caso de que llegue una brusca devaluación (como acaba de anunciar Alfonso Prat Gay); la eliminación o limitación de las paritarias (José Luis Espert las considera propias del fascismo); la posible apertura de importaciones que podría atentar contra la industria nacional (se le escapó a Horacio Rodríguez Larreta); el potencial cierre de pymes y la consecuente destrucción de puestos de trabajo; la reprivatización de empresas públicas; el desfinanciamiento del Estado por la vía de la reducción de la recaudación y la posible falta de financiamiento para inversión social.
Es que despacito el alcalde porteño se va quitando la máscara para mostrarse tal cual es. Y no hay que remontarse mucho en el tiempo para hallar a su verdadero yo. En 2010, mientras pensaba en competir por la Presidencia dijo que se subiría "a ese tren, aunque tengamos que tirar por la ventana a Kirchner porque no lo aguantamos más". Anunció que reprivatizaría Aerolíneas Argentinas y el sistema previsional; acusó a la "inmigración descontrolada" por el narcotráfico; dijo que había que bajar los salarios porque eran un costo empresario y llamó "despilfarro" al gasto social, así como hoy habla de "aguantaderos" en el Gobierno, preanunciando despidos de empleados públicos.
De todos modos, hay electores que tienen otras prioridades y ello es respetable. Quedan seis días para tomar conciencia de que Macri no es Lisandro de la Torre, aquel que por sus denuncias al entreguismo del gobierno conservador de Agustín Justo fue considerado un "traidor a su clase". El político santafesino dijo entonces que prefería ello a ser "traidor a mi patria".

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