Oposición reflota expectativa de juicio político contra Dilma

Por su parte, el vicepresidente Michel Temer se mostró distanciado de la mandataria pese a la reunión que ambos mantuvieron el miércoles, y ayer recibió el respaldo de sectores que lo consideran apropiado para comandar un eventual gobierno de transición.

El Tribunal de Cuentas de Brasil volvió a rechazar los balances del gobierno de Dilma Rousseff lo que animó a la oposición ante el proceso de juicio político frenado por la Corte, al tiempo que el vicepresidente Michel Temer se mostró distanciado de la mandataria pese a la reunión que ambos mantuvieron el miércoles, y ayer recibió el respaldo de sectores que lo consideran apropiado para comandar un eventual gobierno de transición.
El Tribunal de Cuentas volvió a rechazar ayer los balances del gobierno de Rousseff lo que animó a la oposición que sostuvo que ese fallo "comprueba" que ha violado la ley y que debe ser sometida a un juicio político.
El trámite para el inicio de un proceso con miras a la pérdida del mandato de Rousseff comenzó el martes en la Cámara baja, pero ese mismo día el Tribunal Supremo (Corte) lo suspendió por una semana, ante un recurso presentado por el Partido Comunista (PCdoB) que pidió revisar la constitucionalidad de la ley que marca los procedimientos para el juicio.
Ese paréntesis fue interrumpido por la decisión del Tribunal de Cuentas, que rechazó los alegatos presentados por el gobierno sobre irregularidades en sus balances de 2014. Según ese órgano de contraloría las irregularidades han continuado este año, lo cual dio pie a la oposición para poner en marcha el proceso contra Rousseff.
El Tribunal de Cuentas "ha dicho otra vez que la Presidenta incumplió la ley" e incurrió en un "delito de responsabilidad", que según la Constitución puede llevar a su destitución, declaró ayer el senador Aécio Neves, presidente del opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), uno de los partidos que han promovido la apertura del juicio político contra Rousseff.
La oposición también anunció que obstruirá con mecanismos del reglamento interno de la Cámara de Diputados todas las votaciones que están pendientes hasta tanto el Supremo no permita reanudar el proceso con vistas al juicio político contra Rousseff.
Esa decisión pone en riesgo la aprobación de algunas medidas del ajuste fiscal propuesto por el gobierno para intentar enderezar la economía del país, pero el diputado José Mendonça Bezerra Filho, jefe del grupo del partido Demócratas, afirmó que "lo más importante para Brasil es comenzar" el proceso contra Rousseff.
En tanto, Temer, líder del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), espacio que integra la coalición de gobierno pero que alista en sus filas a varios disidentes del gobierno, tomó distancia de Rousseff y armó una agenda de encuentros que no están coordinados con el Palacio del Planalto, sede del Ejecutivo.
Pese a que Rousseff y el vice mantuvieron un encuentro de una hora para limar asperezas, Temer luego afirmó a la prensa que de ahora en más la relación con la mandataria será "institucional". "Combinamos, la Presidenta y yo, que tendremos una relación personal, institucional, que será la más fértil posible", dijo Temer.
La Presidenta, en cambio, fue menos tajante en la nota que publicó luego a la prensa: "En nuestra charla, yo y el vicepresidente Michel Temer decidimos que tendremos una relación extremamente provechosa, tanto personal como institucionalmente, siempre considerando los mayores intereses del país", dijo el comunicado.
Los medios locales informaron que Temer recibió el respaldo de varios senadores luego de que el lunes el vicepresidente presentara en San Pablo ante empresarios su proyecto económico para un eventual gobierno de transición.

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