Otra masacre en una cárcel de Brasil deja 33 fallecidos

Otra sangrienta pelea terminó ayer con la muerte de 33 reos en una cárcel del nordeste de Brasil, un país todavía hundido en el estupor tras la matanza de 60 reclusos reportada en las fiestas de fin de año durante una gresca entre bandas criminales en un centro penitenciario de Manaos.

Las autoridades brasileñas señalaron que los 33 reos fueron asesinados en la Penitenciaría Agrícola de Monte Cristo, en Boa Vista, estado de Roraima, y atribuyeron la matanza a un "ajuste de cuentas interno" ordenado por uno de los grupos criminales que controlan gran parte del sistema penitenciario del país.
Las cárceles brasileñas están afectadas por insoportables condiciones de hacinamiento y violencia, un contexto en el que las organizaciones criminales dirimen sus reyertas de manera sangrienta, al punto de que en apenas cinco días 93 presos han sido asesinados dentro de los muros.
El presidente Michel Temer había anunciado el jueves la puesta en marcha de un nuevo Plan de Seguridad y cambios en la política penitenciaria, además de la próxima construcción de cinco cárceles de máxima seguridad para alojar a los líderes de los grupos del crimen organizado.
Pero cuando todavía no se había ningún papel para poner en marcha el proceso burocrático para estas construcciones, Brasil amaneció con la noticia de que una nueva pelea en una cárcel dejó el resultado de 33 muertos.
La enorme de la mayoría de los cadáveres encontrados en Monte Cristo estaba decapitado, con el corazón arrancado o con espantosas mutilaciones, de acuerdo con los primeros informes.
El incidente de ayer estalló alrededor de las 3 y se produjo por un ajuste de cuentas interno por parte de miembros de la organización criminal Primer Comando de la Capital (PCC), según el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes.
"Según las informaciones iniciales, tres de los muertos eran violadores, que estaban ya separados, y los demás eran rivales internos que habían traicionado a los demás. Entonces en el lenguaje popular sería un ajuste de cuentas interno, lo que no resta gravedad a los hechos", afirmó el ministro en una conferencia de prensa en Brasilia.
Según esos informes preliminares ofrecidos por de Moares, no se trató de una "venganza del PCC" contra miembros de la banda rival Família Do Norte (FDN).
Con esa frase, el ministro intentó desligar la matanza de ayer en Monte Cristo de la ocurrida entre el 1 y el 2 de enero en Manaos, donde las víctimas de la masacre fueron los miembros del PCC.
No obstante, el diario Estado publicó ayer informes sobre aparentes planes de venganza del PCC contra Familia do Norte, todo en el marco de una guerra en la que están en juego las grandes rutas del narcotráfico en Brasil.
Después de la masacre de Manaos, Temer recibió críticas por haber demorado la emisión de un pronunciamiento en torno a la violencia en las cárceles. Los cuestionamientos aumentaron ayer, cuando el presidente por fin habló y se calificó a la masacre de "pavoroso accidente".
La organización Human Rights Watch (HRW) reclamó al Estado brasileño medidas urgentes para afrontar la crisis. Brasil "necesita retomar el control de sus prisiones, porque ahora mismo éstas están en las manos de criminales", dijo a la agencia dpa el investigador de HRV en Brasil César Muñoz.
"Lo que estamos viendo es el resultado de décadas de negligencia de las autoridades Y lo que ha ocurrido es que progresivamente grupos criminales se han adueñado del control dentro de las cárceles. Es un problema generalizado en Brasil", añadió.
Brasil tiene la cuarta población carcelaria más grande del mundo por detrás de Estados Unidos, China y Rusia. Las cárceles del país más grande de América Latina, sin embargo, sufren de un grave problema de superpoblación, con más de 622.000 presos y una capacidad oficial de 371.884 personas, según los últimos datos publicados.

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