Otro Cosquín, punto de encuentro de la tradición y la vanguardia del folclore

Alrededor de la Próspero Molina se encuentran quizás las peñas más comerciales, pero cada local musical tiene su propuesta y su estética bien delineada que, en general, se va construyendo con los años.

Más allá del inmenso valor simbólico y la potente caja de amplificación y resonancia que supone para los artistas la plaza Próspero Molina, la experiencia integral del Festival Nacional de Folclore de Cosquín excede largamente lo que sucede en el escenario Atahualpa Yupanqui a lo largo de nueve noches.
De hecho una de las imágenes que más impacta al que llega por primera vez al festival que se celebra en el Valle de Punilla desde 1961, es la cantidad de músicos que constantemente cruzan las calles de la ciudad acarreando sus instrumentos y yendo hacia las diversas peñas, instalándose en plena calle para un set ocasional y a la gorra o siguiendo el rastro del dato de un posible encuentro o tocada.
"Más de 50 años tiene el festival y siempre fue así. Los artistas que están en la plaza y los que no, que siempre van en busca de encontrarse con la posibilidad de tocar, así se fue gestando este lugar. Al principio todo sucedía en la confitería La Europea, y ahí te encontrabas quizás a Mercedes Sosa y sus músicos en sus primeras llegadas", cuenta la cordobesa (y nacida en Cosquín) Paola Bernal, que este año dirige su peña El Sol del Sur en la Sociedad Española, que fue por años el lugar de la emblemática peña de Los Coplanacu.
"Una vez al año, en un lugar neurálgico y por diez días se encuentran muchos músicos, muchas estéticas diferentes y eso convive y te traspasa; lo que le da la sustancia al Festival no es sólo lo que sucede en la Plaza sino en todos estos lugares y que tiene que ver con el encuentro de los músicos y la construcción de la trama colectiva que es la música folclórica que, a mi modo de entender, tiene su tradición pero también la impronta del ahora y debe ser registro presente", agrega Bernal, cuya peña es la mejor expresión de toda la nueva escena folclórica que se está gestando en la ciudad de Córdoba con músicos de diversa procedencia geográfica y musical.
Alrededor de la Próspero Molina se encuentran quizás las peñas más comerciales, pero cada local musical tiene su propuesta y su estética bien delineada que, en general, se va construyendo con los años.
Además de la de Paola Bernal, está la del violinista santiagueño Néstor Garnica, que en el Tiro Federal propone en su Fiesta del Violinero un ambiente muy familiar, noches a pura chacarera y muchísimo baile.
Facundo Toro, los Coplanacu, Cuti y Roberto Carabajal, Los Tucu Tucu son algunos de los músicos que tienen o tuvieron peñas en Cosquín y que fueron construyendo el fenómeno que hoy florece y, en muchos casos, puede ser caldo de cultivo para músicas futuras.
Otra de las peñas que resalta por su estética cuidada, la buena comida y la idea conceptual es La Salamanca, dirigida por Luis Salamanca, que regentea también un conocido espacio folclórico en la ciudad de La Plata y que reúne gran parte de lo que pasa en el norte del país y lo que viene también del caldo de cultivo musical de la capital de la provincia de Buenos Aires, otro punto de encuentro, como Córdoba, de procedencias diversas.
Las peñas más tempraneras son las que se desarrollan en el río, organizadas por la Comisión de Folclore y que transcurren hasta la tardecita, pero el resto se mueve de noche y empieza a cobrar combustión recién pasada la medianoche, o incluso más tarde.

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