Parkinson: diagnóstico precoz y tratamiento multidisciplinario para mejorar la calidad de vida

La Enfermedad de Parkinson es la segunda patología neurodege-nerativa más frecuente en la población. Afecta del 1 al 2 % de los mayores de 60 años y se estima que 1 de cada 100 pacientes de dicho grupo etario podría padecerla.

El Parkinson es enfermedad neurodegenerativa progresiva que se caracteriza por afectar principalmente la capacidad de movimiento y cuyos síntomas cardinales son lentitud (también llamada bradicinesia), rigidez muscular y temblor. También puede acompañarse de otras alteraciones tales como, hipofonia (disminución del tono de la voz), alteraciones en la escritura (con trazos pequeños, micrografia), pérdida de la expresión facial, trastornos de postura, equilibrio y la marcha.
Aunque no es frecuente, en los últimos años se evidenciaron casos en personas menores de 50 años "esto se debe, probablemente, a mejores estrategias que son claves para realizar un diagnóstico temprano para que se pueda acceder cuanto antes a un tratamiento. La atención debe ser integral y el paciente necesita mucha información y ser escuchado", explicó Diego Ballesteros, neurólogo especialista en Enfermedad de Parkinson y Movimientos Anormales del Instituto de Neurología y Neurocirugía del Sanatorio de Los Arcos.
El experto destacó que el aumento de la expectativa de vida probablemente eleve la prevalencia de la enfermedad en el futuro", y enfatizó que "la enfermedad no tiene que ser un sinónimo de quietud", por lo que alentó a la realización de los tratamientos médicos y señaló que bailar es un buen ejercicio para los pacientes a la hora de atenuar algunos de los síntomas.
El paciente diagnosticado de Parkinson puede comenzar a bailar para aliviar algunos síntomas de la enfermedad y la "mochila" de autoexclusión que muchos suelen cargar. Las prácticas de baile son utilizadas para dichos pacientes en distintas partes del mundo y en la Argentina, el ritmo elegido es el tango. Es que el 2x4 funciona como una terapia motora musical en pacientes con Enfermedad de Parkinson, “al combinar ejercicios de balance, estrategias cognitivas y actividad física, control muscular y postura, a la vez que se hace foco en el disfrute del movimiento con la música en lugar de pensar en las limitaciones motoras”, explicó Ballesteros.

¿DE QUE SE TRATA?
La EP tiene una incidencia aproximada de 1 por cada 1000 mil personas comenzando en general, luego de los 60 años (aunque se describen casos en menores de 40 años y aún en niños).
El riesgo de padecerla se incrementa con la edad. La causa de esta entidad no está del todo aclarada. Se sabe que en la sustancia nigra del mesencéfalo ubicado en el tronco encefálico, se produce una pérdida selectiva en el número de neuronas que se encargan de la producción de un neurotransmisor, llamado dopamina, que es vital en la generación y facilitación del movimiento. Hay otros sistemas de neurotransmisores afectados que explican otros síntomas denominados "no motores", tales como seborrea, depresión, alteraciones cognitivas y trastornos autonómicos (alteraciones de la presión arterial, incontinencia de esfínteres y sudoración, entre otros).
Últimamente se ha considerado la importancia de síntomas previos a la aparición de los trastornos del movimiento, denominados "síntomas premotores", que incluyen la pérdida del olfato, la constipación, la depresión crónica y la alteración del sueño REM (en la que el paciente actúa el sueño y puede pegar, moverse estando dormido, hablar). Aparentemente la coexistencia de estos síntomas podría predecir el desarrollo de la enfermedad en algunos pacientes.
Cabe destacar que existen otras entidades que pueden producir signos y síntomas similares a la EP denominadas "parkinsonismos", pero cuyas causas son diferentes tales como, drogas (algunas de uso generalizado entre la población, otras de uso psiquiátrico y otras ilegales), accidentes cerebrovasculares, traumatismos de cráneo, tumores y otros cuadros neurodegenerativos.
Se han descubierto alteraciones genéticas que favorecen el desarrollo de la EP, aunque los casos de EP hereditaria son muy poco frecuentes.

DIAGNOSTICO
Y TRATAMIENTO
El diagnóstico de la EP se hace en base al interrogatorio y el examen físico principalmente. Los estudios complementarios (tales como laboratorio en sangre y orina, tomografía computada, resonancia magnética de cerebro, etc.) en general se solicitan para descartar otras patologías.
El tratamiento incluye tanto medidas farmacológicas como no farmacológicas. Dentro de las primeras, existen varias drogas que mejoran los síntomas. Cabe aclarar que no se cuenta hasta la fecha con un tratamiento curativo.
La principal droga que se utiliza en la mejoría de los síntomas sobre todo motores, es la levodopa. También son muy utilizados los llamados agonistas dopaminérgicos que al igual que la levodopa intentan subsanar la disminución de dopamina en el cerebro de los pacientes con EP. Por último la toxina botulínica se utiliza en casos puntales como distonía o sialorrea.
En cuanto a las medidas no farmacológicas, se destacan el ejercicio y la cirugía. En algunos casos los pacientes pueden beneficiarse con el tratamiento quirúrgico, que consiste en la implantación dentro del cerebro de electrodos , que conectados a un "marcapasos" que se coloca debajo de la piel del paciente permiten reducir los requerimientos de medicación y mejorar algunas de las complicaciones de la enfermedad. No es un tratamiento curativo es muy importante destacar la realización de ejercicio (kinesiología, ejercicios de elongación, aeróbicos, de equilibrio, flexibilidad, como yoga o Tai Chi) permite al paciente evitar empeoramiento de la enfermedad como la rigidez, dolores, además permite sentirse mejor no sólo en su condición físico sino en su estado de ánimo.
Esta es una patología que debe abordarse con enfoque multidisciplinario siendo de ayuda en algunos casos la terapia ocupacional, fonoaudiología y otras áreas como la musicoterapia, la danza, psicología y psiquiatría.

Hernán Pavón (MN 83017) y Cynthia L. García Fernández (MN 115748), médicos del Servicio de Neurología. Departamento de Neurociencias del Hospital Alemán
Diego Ballesteros, neurólogo especialista en Enfermedad de Parkinson y Movimientos Anormales del Instituto de Neurología y Neurocirugía del Sanatorio de Los Arcos

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