Pasiones que se llevan en la sangre

Luis Flores y su hijo Agustín tienen una banda de música. Hugo Puntano es técnico de fútbol y dirige a su hijo Darío en la Primera división del club Roca. Mauro y José Antisoli comparten el oficio como panaderos en un emprendimiento en Próspero Palazzo. Historias de padres e hijos a quienes no solo los une un lazo sanguíneo sino también una pasión o una vocación.

Agustín Flores tenía 12 cuando su papá, Luis, lo invitó a que cantará en la banda "Evitando el ablande" que realiza un tributo a Hermética. El adolescente nunca había cantado y la experiencia era nueva, pero tanto su padre como los demás integrantes de la banda confiaban en él. "En el único lugar que cantaba era en la ducha", se ríe Agustín mientras recuerda sus primeros pasos en la música junto a su padre.
Lo cierto es que el vínculo que construyen día a día Agustín y Luis va más allá de ser padre e hijo. Son amigos y compañeros que comparten una pasión. "Yo desde que tengo uso de razón escucho heavy metal. El (Luis) fue el que me hizo escuchar las bandas y yo después me fui copando y fui copiando un par de cosas hasta que me preguntaron si quería cantar", sostiene Agustín.
"Evitando el Ablande" tiene dos años de existencia y ya ha recorrido diversos escenarios. Todo comenzó cuando los integrantes de la banda no tenían un vocalista para ensayar y, por esas casualidades, Luis tuvo la idea de invitar a su hijo para que pusiera la voz.
"Yo lo había escuchado y ya sabía que podía dar, pero cuando comenzó a cantar me sorprendió cómo encaró los temas. Una bestia no paraba. Le dio a la banda el impulso que necesitábamos para salir a tocar. Era locura escucharlo y el orgullo que me hizo sentir fue increíble", manifiesta el baterista del grupo.
El orgullo que siente Luis por su hijo se puede ver reflejado cuando recuerda los primeros pasos de Agustín en la música. Los ojos se le llenan de lágrimas y la voz se le quiebra pero aun así busca que su pequeño "O´Connor" no lo vea flaquear. "Es mi hijo y verlo arriba del escenario adelante mío es una situación que no se puede explicar. No hay palabras para describir qué es lo que se siente verlo ahí, agitando, cantando y animando a un montón de gente que están ahí para verlo y escucharlo. La banda existe por Agustín, no existe por nosotros. La banda es él y sí, eso me hace el papá más feliz del mundo", asegura Luis.
En un costado se encuentra Agustín jugando con sus manos tratando de hacerse que no escucha las palabras de su padre, pero aun así no puede ocultar su nerviosismo por saber la admiración que despierta en él. "Es mi papá y es por él por quien cantó o me gusta hacer esto. Capaz si no me hacía escuchar tanta música, ni siquiera hubiera estado acá cantando. A él le tengo que agradecer por ser mi papá y por ser quien me inculcó escuchar música", sostiene.

EMPRENDER JUNTOS
Mauro Antisoli le prometió a su papá José que trabajaría en una empresa petrolera para juntar el dinero y tener una panadería familiar. El sueño se pospuso durante un par de años. Es que Mauro se casó y comenzó a construir su casa, pero el tiempo sirvió para que toda la familia comenzara a planear el emprendimiento familiar.
Un día José recibió un llamado de su hijo contándole que había pedido el retiro voluntario de su lugar de trabajo y que la panadería sería un sueño hecho realidad. "Yo no quería porque la cosa estaba muy fea. Hay gente desocupada por todos lados y lo que menos quería era que dejara, pero un día me llamó y me dijo que íbamos a hacer esto y aquello. Debo admitir que no quería pero es lindo tener algo con tu familia", destaca José.
El padre de Mauro se desempeña como panadero hace más de 20 años en una cadena de supermercados de esta ciudad y en su barrio lo conocen por los "deleites" que cocina para sus vecinos.
"Toda mi familia sabe hacer algo que tenga que ver con la panadería o repostería así que era seguir tirando un sueño que había comenzado antes de que yo y mis hermanos naciéramos. Mi viejo me decía: 'Estas loco ¿Cómo vas a soltar tu trabajo?' Pero yo quería trabajar con él. Yo desde que era chiquito soñaba con trabajar con él. Me acuerdo que lo acompañaba y me hacía pintar las pre pizzas y le decía: 'Papá ¿viste que un día vamos a trabajar juntos? Bueno eso ahora se va a cumplir y no tiene precio", recuerda Mauro.
El viernes quedará inaugurada la panadería de la familia Antisoli y se llamará "Tentaciones". Estará ubicada en Juan José Paso 1460 contribuyendo a una tradición familiar que comienza a ser realidad.
"Todos nosotros nos criábamos en el barrio. Mi familia es de Próspero Palazzo. No podíamos poner la panadería en otro lado. Sería empezar mal un proyecto que tiene mucho anhelo. Sabemos que ya hay cuatro panaderías en el barrio y que tendremos que trabajar para ganarnos su confianza pero también sabemos que tenemos a un maestro en el rubro que es mi papá y eso no lo tiene nadie", dice Mauro mientras se ríe junto a su padre.
José asegura que la idea de tener su propia panadería "es algo muy lindo", pero trata de calmar los ánimos de toda su familia. "El ser panadero no es algo fácil. Tenemos muchos problemas y son muchas las cosas que tenemos que pasar para llegar a ser reconocidos. Por eso yo no quiero dejar mi trabajo. Voy a salir de allá y me vendré acá a trabajar. Quizás va a ser mucho trabajo, pero no hay nada más lindo que tener a tus hijos trabajando a la par tuya y más si es algo que nos gusta y nos apasiona tanto como es la panadería", sostiene.
EL FUTBOL COMO NEXO
Cuando Hugo Puntano se retiró del fútbol como jugador en el Club Universitario su hijo Darío fue la única persona que saltó al campo de juego y lo abrazó. "No había nadie. Fue lindo, pero también raro porque no había nadie mirando el partido. Eran épocas donde Universitario hacía de local en Saavedra, una de esas rarezas de nuestro fútbol", recuerda Hugo, quien antes brilló en varios clubes.
Esa despedida fue el primer encuentro entre padre e hijo en el fútbol local ya que cuando Hugo fue designado para trabajar con las divisiones inferiores de Newbery lo llevó a entrenar con él.
"Era chiquito y no crecía. Todos esperaban que dé el estirón y que sea alto como yo, pero yo sabía que él era así y que lo suyo era más el juego técnico que la potencia, por eso lo llevé y cuando comenzó a jugar lo querían de todos lados", subraya.
Los años pasaron y el Club Deportivo Ferrocarril del Estado los unió en una campaña para ascender a Primera división. Desde ese entonces, Hugo y su hijo se han mantenidos unidos en el fútbol donde uno dirige y el otro juega, hoy en el Club General Roca.
"El sabe mucho de fútbol y por el tema del estudio por ahí no pudo ir a Huracán o Newbery. El decidió estar conmigo y mientras él sea feliz yo soy feliz", resalta Hugo.
"Yo me quedé porque cuando me vinieron a buscar de Huracán teníamos para ascender con Roca y como nunca habíamos salido campeones. Así que ¿cómo iba a dejar a mi viejo solo? No podía", agrega Darío.
El jugador de Roca asegura que el trato con su padre es normal como en cualquier familia y que sus momentos juntos están marcados por el fútbol. "Siempre estamos mirando o hablando de fútbol. Es algo que viene de familia y va a ser así hasta que yo me retire", subraya.
"En el entrenamiento mantenemos el respeto. El es el entrenador y decide. No porque seamos padre e hijo va a ser distinto. Esta bueno que tu viejo sea técnico pero es difícil porque te están mirando bastante y te exigen el doble", añade.
Un ejemplo del vínculo que tienen Darío y su padre se dio cuando Hugo fue elegido para ser técnico de Huracán y el joven se encontraba en Newbery. "Yo me acuerdo que dije: 'Listo me voy'. No iba a aguantar que lo 'putearan' o que le dijeran algo. El ambiente es jodido. Todos sabemos que es jodido pero yo no lo iba a poder aguantar y por eso me fui. Creo que fue algo bueno para todos", asegura el joven.
Mientras Hugo manifiesta que trata de no exigir demasiado a su hijo, por lo que siempre habla con él y respeta sus tiempos. "Es lindo estar en el mismo club que tu hijo pero cuando te va mal, sufrís mucho, sufrís el doble. Cuando andás mufado, uno es el que se enoja y pero acá somos dos. El quiere que a mí me vaya bien y por eso da más de lo que puede dar. Eso es lindo, pero hay que tener cuidado y siempre trato de protegerlo. Al fin y al cabo es mi hijo antes que un jugador de fútbol", destaca.
Darío se muestra contento por compartir esos momentos con su padre ya que "no a todos se les da de estar juntos. Hay muchos jugadores que no coinciden con sus hijos. No sé en cuántos clubes pasa esto que el hijo juegue y el padre dirija".

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