Propietario del edificio de Altius afirma que desconocía el funcionamiento del conventillo

Después que el martes por la tarde el municipio clausurara un conventillo ilegal que generaba más de $60.000 mensuales como hospedaje, cobrando entre $4.000 y $4.500 por el alquiler de deplorables habitaciones, Rodrigo Luna Benítez –propietario del edificio– desmintió tener conocimiento de esta situación. "Se la alquilé a este hombre. La idea era que haga modificaciones y una habilitación comercial, pero no sabía que estaba haciendo esto", señaló.

Rodrigo Luna Benítez tiene 27 años, es licenciado en administración de empresas e hijo del abogado Álvaro Luna, quien en la década del 90 junto a un médico inauguró el centro psiquiátrico Altius, el cual funcionó hasta 2009.
El joven ayer se comunicó con El Patagónico desde Buenos Aires, donde vive hace 11 años y dio su versión de los hechos sobre la clausura del conventillo clandestino que funcionaba en la avenida Yrigoyen, del cual es propietario tras el fallecimiento de sus padres.
Luna Benítez aseguró que no conocía la situación que se vivía en el interior de ese hospedaje, donde vivían 16 las familias que pagaban entre $4.000 y $4.500 por mes por el alquiler de habitaciones, donde el abuso y la necesidad se conjugaban hasta con la miseria misma. Es que más allá del valor, las habitaciones no contaban con servicios de luz ni de agua, y las condiciones de vida eran realmente precarias.
“Me enteré por una conocida de mi familia”, dijo desde Buenos Aires Luna Benítez. “Me llamó y me dijo: 'Rodrigo, estás con un problema grave'. Me shockeo un poco, no tenía idea, se la alquilé a este hombre. La idea era que haga modificaciones y una habilitación comercial, pero no que haga esto”, señaló.

LA SORPRESA
Según explicó el joven, hace tiempo que no viene a Comodoro Rivadavia, ciudad que supo representar en torneos de equitación a nivel nacional. Sin embargo, ahora está evaluando venir con su abogado, ya que quiere regularizar la situación del edificio y desligarse de todo este negocio turbio.
"Estoy hablando con mi abogado a ver si puedo viajar con él porque no me he contactado con nadie de la Municipalidad. Estuve tratando de comunicarme. Graciela, la mujer que me avisó, me está ayudando", explicó.
"Este lugar lo alquiló mi viejo; incluso no me pagaba el alquiler pero terminé llegando a un arreglo e hicieron un contrato legal en diciembre, que dice que al año tiene que haber mejoras e intentar conseguir la habilitación comercial”, agregó, lamentando esta situación.
"No quería quedar en el medio de esto. Toda mi vida traté de representar bien a Comodoro y no arruinar todo con una cosa así; hacer algo que no era en el marco legal. Mi papá era un orgulloso de que represente a Argentina siendo de Comodoro, y hoy que mi nombre sea visto así... la verdad que me afecta mucho", destacó.

UNA CLINICA
EMBLEMATICA
El edificio de Altius tiene 600 metros cuadrados y contiene 14 habitaciones, con baño incluido, y otras tres sin baño. Funcionó como clínica psiquiátrica desde 1994 a 2009, cuando tuvo que cerrar por los cambios en los convenios de salud, recuerda Luna Benítez, quien previo a que se convierta en centro asistencial vivió en ese edificio.
El lugar llegó a tener más de 60 empleados y cerca de 90 pacientes, lo que lo obligó a abrir una sede en Km. 8. Sin embargo en 2009 cerró y tras la muerte de Álvaro Luna, su hijo heredó la propiedad, dándole continuidad al alquiler a José González Galloso.
El hombre habría llevado adelante esta maniobra fraudulenta que afectó a familias inmigrantes y del norte del país que vieron una posibilidad de vivir mejor, pero que ahora deberán abandonar el edificio ya que el municipio, tras la clausura del martes, les dio un plazo de cinco días para dejar el inmueble, por lo que mañana deberían desocuparlo, quedando a la buena de Dios.

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