Publican el libro "Diálogos en el campo enemigo" del escritor Rodolfo Fogwill

El libro, publicado por la editorial Mansalva, está prologado por Juan Laxagueborde, y esa entrevista formó parte de "Los libros de la guerra", donde el autor reunió -o pretendió reunir- la totalidad de sus piezas periodísticas, escritas a lo largo de varios años.

En 1997, Horacio González, María Pía López, Christian Ferrer y Eduardo Rinesi entrevistaron a Rodolfo Fogwill para la revista El Ojo Mocho: uno de sus resultados es la reproducción de esa entrevista -completa- en un libro, "Diálogos en el campo enemigo", donde el escritor, sociólogo y publicista piensa su pasado y su presente político y literario a la velocidad de la luz, y sin ahorrarse nada.
El libro, publicado por la editorial Mansalva, está prologado por Juan Laxagueborde, y esa entrevista, una parte de la misma, formó parte de "Los libros de la guerra", también de Mansalva, donde el autor de "Muchacha punk" reunió o pretendió reunir la totalidad de sus piezas periodísticas.
En un escenario propicio para el intercambio, la confesión de partes, el recuerdo, la concordia y la discordia siempre amigable, Fogwill despliega los avatares de una vida singular, acaso como cualquier vida, pero calculada en sus dichos, por brutales que fueran. Si Fogwill tomaba impulso como escritor y polemista, frente suyo también estaban algunos de los más agudos comentaristas de sus discursos.
El campo intelectual de los sesenta estaba dominado por las ideas de izquierda y por cierta efervescencia revolucionaria pero también por la formación de diversos grupos de estudio y por el poder sectario de algunas organizaciones políticas, muchas de las cuales terminaron perdiendo la adhesión de muchos intelectuales.
Fogwill repasa su formación sociológica, filosófica, lingüística, política y literaria sin escatimar o esconder nombres. Desde la ruptura con el Partido Comunista de José Aricó, Juan Carlos Portantiero, Miguel Murmis, José Luis Mangieri, etcétera, que dio lugar a la publicación de los Cuadernos de Pasado y Presente, La Rosa Blindada y otras, hasta el naciente lacanismo vernáculo, de la mano de Oscar Masotta y los después miembros de la revista Literal.
Fogwill los conoce a todos, pero pocas veces es benévolo en sus apreciaciones. "Ni soy Gelman, que no fue nazi pero perteneció al PC en tiempos del peor stalinismo, estuvo de funcionario de los chinos en la época de las cien flores, fue huésped del enigmático señor Vogelius y compartió mesas y proyectos con los Galimberti y Firmenich, y sigue creciendo como poeta", dice.
Y sigue: "Darío (por Rubén) era un drogón de aquellos, y hasta en sus peores épocas de curda y reventado produjo obras maestras. Pero algo pasa con su alcahueterismo mítrico. Yo no sé si es la vergüenza de prestar servicios de bufón (?) o el efecto de esa plata que se gastaba en champan francés y sedas chinas para sacramentar sus fiestongas". Sin dejar de reconocer su magisterio, su manejo de la lengua.

IMPIADOSO
Ese mismo Fogwill no deja de ser impiadoso consigo mismo. Cualquiera que lo haya conocido o frecuentado durante los años en que esta entrevista tuvo lugar, puede dar prueba, no sólo de su generosidad sino también de su lucidez para revisarse, para condenar y para elogiar; también para despreciar, con argumentos, al elenco estable de la política argentina, a la democracia, en sus palabras, ganada "por defección" militar.
Su mortífera relación con la cocaína es legendaria y conviene pasar del anecdotario. Su caracterización del peronismo como máquina de acumular poder y nada más (que no es poco). Su anarquismo trotskista, heredado de Daniel Hopen. Sus burlas póstumas a la posibilidad de que Mauricio Macri fuera presidente de la Nación, todo eso está en estas páginas.
Laxagueborde acierta cuando dice que para Fogwill, la comunidad es un placebo, que la canalla está fundada por el pacto social; que todos somos canallas. Es una versión desesperada de la vida en común. Es una versión de alguien que prefirió apostar a la poesía, a la literatura: que ese fue su amor.

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