Puerta de acceso a Escandinavia

Al partir desde el balneario alemán de Rostock, cruzo en ferry el Mar Báltico y mi primer destino escandinavo es Copenhague, llama mi atención los molinos de viento que se ven a los lados de la autopista, acá funcionan todos. Al llegar a la Estación Central, las indicaciones son simples y claras, me tomo el S-tog y al Hostel, arranco con el "free walking tour", que es una caminata guiada que al final del recorrido, le pagás al guía lo que creas conveniente, de acuerdo a la valoración que haces del servicio prestado.
Es agosto y la capital danesa es capital de la moda con el "Copenhage Fashion Week", así que hay un movimiento fenomenal de gente. Damos una recorrida por toda la ciudad, que es pequeña y colorida, repleta de bicicletas. Oímos sus historias y anécdotas, hacemos una pausa para un imperdible, el "ristet" (algo así como "pancho danés"), luego será tiempo de ver a "The Little Mermaid"("la sirenita"), estatua puesta sobre una piedra en el mar, regalo de Carl Jacobsen (tal vez les suena Carlsberg, la cerveza, este fue el hijo del creador de la marca), a la comunidad por su amor al arte, inspirado en el cuento homónimo de otro danés, Hans Christian Andersen.
Al volver, paso por el Museo de Diseño y de ahí me cruzo a la "Marmokirken" (la Catedral de Mármol), que es ciertamente impresionante, cuando se puede apreciar un concierto con el órgano central de la Iglesia.
A una hora de viaje, está Roskildeque, además del festival de música, como grandes atracciones alberga al "Museo de los Barcos Vikingos", cuyas réplicas están a disposición para navegar. El predio contiene actividades para los chicos (talleres para hacer cabos y nudos, por ejemplo) y un restaurante muy bueno. Al ingresar al museo, entrás a un túnel del tiempo impresionante, hermoso. Contando toda la historia danesa sobre los vikingos (Siglos VIII-XI) y, la reconstrucción de los barcos en los talleres de la costa; y la Catedral (que contiene en sus diversas naves los restos de toda la monarquía danesa), construida enteramente de ladrillos rojos en estilo gótico sobre el año 1170 y sus consecutivas ampliaciones. Allí hay una joyita, que es un reloj del año 400 y aparece San Jorge matando a un dragón, que emite un gran bramido cada vez que da la hora.
Para llegar a esta ciudad pintoresca y encantadora, todo es fácil, los tickets se compran en máquinas (están en varios idiomas incluido español), la gente domina al menos inglés y alemán.
Volviendo a la capital, hay mucho para hacer: el impactante Tivoli Park, con unos jardines hermosos y un parque de atracciones fabuloso, música en vivo, teatro, restaurantes, la Roundturm, que es una torre redonda donde subís en una gran rampa y se comunica directamente con una iglesia, el Palacio Christian IV, la fábrica Carlsberg (hay un colectivo gratuito para llegar). Un mundo aparte es Christiania, con la dirección antihoraria de las escaleras de sus torres. Es una comunidad curiosa, que intenta obtener su soberanía desde hace décadas. Se puede comparar y consumir drogas livianas que la policía no ingresa. La noche indica que hay que ir a Vesterbro, un distrito de fiesta, espectacular, bares y boliches bailables, vecinos de la zona roja de la ciudad, imposible no caer rendido a los pies de los encantos nórdicos.

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