¡Qué miseria!

Los festejos por el Día del Periodista, en función de la crisis económica que atraviesan el país y esta ciudad, fueron más bien escuetos. En cada una de las instituciones que habitualmente realizan ágapes o recepciones a los trabajadores de prensa, se notó el ajuste.
La economía rigurosa se notó en los menús, habitualmente abundantes, en los sorteos que no existieron o fueron tirando a escasos y hasta en el brillo de los salones o los artistas contratados, o dados directamente de baja.
El ejemplo claro del ajuste se notó en las fuerzas de seguridad que, esta vez, decidieron agasajar de manera coordinada y unificada a los periodistas. Así fue como Prefectura, Policía Federal, Gendarmería, la Policía de Seguridad Aérea y la Policía del Chubut optaron por compartir gastos y hacer una sola recepción para los cronistas.
El problema lo tuvo el repostero que debió ingeniárselas y apelar al oficio y arte para poner los cinco escudos en la torta que, hay que decirlo, estaba rica pero también fue medida.

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