Quedó sin obra social cuando lo desvincularon de SP y su hija es trasplantada

Le donó su riñón a su hija y necesita urgente el servicio de salud para comprar el cóctel de pastillas. Además, exige que le paguen y acrediten cinco meses de trabajo que son clave para que logre la jubilación.
Omar Sáez es uno de los muchos trabajadores perjudicados por SP, una empresa de servicios petroleros que entró en quiebra. Lo desvincularon, le adeudan cinco meses de sueldo y lo dejaron sin la obra social que necesita para cubrir los gastos de una de sus hijas, a la que él le donó un riñón.
El reclamo principal es la obra social, que perdió en medio de la burocracia. No es un caso aislado, cuenta, sino que hay otros trabajadores en similares condiciones que salieron de esta empresa que entró en concurso de acreedores en enero. El ex trabajador de SP y su esposa la pelean con sus cinco hijos (dos viven en forma independiente).
"Esto fue en junio, me hicieron firmar el acuerdo en diciembre. Pero nadie sabe qué pasó con esos meses, no me hicieron los aportes", indicó Sáez en diálogo con El Patagónico. "Yo necesito una certificación con esos cinco meses porque esos cinco meses son para mi jubilación".
"Yo me tengo que jubilar porque para mí es dificilísimo entrar a la industria porque me falta un riñón, tengo dos hernias de disco igual. Yo primero trabajé en Welltech y dejé mi vida ahí, me iba 14 días y a mis hijas más grandes casi no las vi", manifestó el ex operario.
"Dentro de lo que fue el paro en diciembre (por el acampe del primer grupo de quince trabajadores), no había nadie del sindicato. Uno aportó a ese sindicato y te da mucha bronca", expresó Suárez, muy molesto con la conducción gremial y contó cómo se la rebusca.
En estos últimos meses salió a vender golosinas, guantes y otros productos con los que daba y encontraba el nicho. "El hombre para estar sano se tiene que mantener ocupado", relató. "El petrolero sabe laburar en el petróleo y no sabe nada más, y yo me defiendo con el léxico y el humor que me sirven para entrar".
"Mi hija tiene que tomar una dosis de veintipico de pastillas", contó el ex operario de SP, una chica que estudia abogacía, le faltan diez materias apenas, y que recibió el riñón de su padre. "Todos mis hijos si hoy tienen que hacer algo, no tengo obra social y la necesito urgente", manifestó.
Sin obra social y a la espera de la jubilación, Sáez alza la voz porque sabe que hay más ex trabajadores de SP igual que él. "Estoy pidiendo justicia para todos mis compañeros, yo trabajé toda una vida con ellos. Con muchos de ellos nos conocíamos de chicos, entramos de cabellos negros y salimos todos canosos".

Fuente:

Notas Relacionadas


Las Más Leídas del Patagónico