Rima asegura que la policía lo hostigaba y que ya había sufrido otra brutal paliza

El jugador de fútbol de salón denunció que integrantes de la Policía de Chubut lo golpearon salvajemente el jueves a la noche en el barrio San Cayetano y aseguró que ya el año pasado también había sido agredido por los mismos policías. Detalló que en esta oportunidad lo esposaron y le pegaron en el suelo hasta que perdió el conocimiento. Logró llegar al domicilio de su hermana con la ayuda de un amigo, quien también había sido agredido. Tiene lesiones en su mandíbula y nariz. Asuntos Internos de la Policía inició una investigación de oficio mientras la víctima radicará mañana la denuncia en el Ministerio Público.

Matías Rima tiene 25 años y su talento con la pelota lo llevó a vestir la camiseta de la sección argentina de fútbol de salón. Mientras, en el fútbol once se destacó con la camiseta de Jorge Newbery.
El deportista vive en Kilómetro 8 junto a una de sus hermanas y a su mamá, Patricia Beatriz Soto.
El miércoles a la noche, alrededor de las 22, se dirigía junto a un amigo a visitar a su otra hermana que vive en el barrio Moure.
Ambos caminaban por 10 de Noviembre a pocas cuadras de llegar a Polonia cuando observaron que de frente se acercaba a toda velocidad un patrullero con las balizas encendidas.
"Tiraron al costado. Venían con la sirena puesta y ahí me empezaron a decir todo tipo de insultos. '¿Así que a vos te gusta tirarle el auto a los milicos? ¿Vos sos el cocorito? ¿Vos sos el Matías Rima el que te hacés el malo con los milicos?', me decían pero yo no respondía porque sabía que la tenía para perder", relató ayer Rima a El Patagónico en su casa, tras haber permanecido internado en el Hospital Regional.
Comentó que la poca iluminación de la zona donde lo abordaron fue cómplice para que el ataque se consumara y los automovilistas que pasaban no lograran percatarse de lo que ocurría. "Los insultos siguieron por parte de los cuatro policías hasta que se metieron con mi familia y yo no aguanté y les dije: 'Bueno ¿quieren pelear? Vamos a pelear'. Me puse a pelear con uno y después saltaron los otros tres y nos pegaron a mí y a mi amigo porque había saltado a defenderme, pero la bronca era conmigo", insistió.
Según el relato de Rima, la golpiza se hizo más dura cuando lograron esposarlo, dejarlo en el piso para patearle la cabeza y continuar insultándolo hasta que perdió el conocimiento.
"Mi amigo me dijo que de ahí nos metieron al patrullero y nos sacan las esposas. Damos un par de vueltas y nos tiran en el (gimnasio) Maracaná", manifestó el ala pivote que en octubre debe volver a integrar la selección argentina de futsal.
El amigo de Rima logró ponerse de pie y cargarlo para llevarlo hasta el domicilio de la hermana de este. La distancia se hizo eterna ya que la vivienda se encuentra sobre Cabo Benítez al 1.000 en el corazón del barrio Moure.
En el trayecto, "yo logro volver (a tener conocimiento), pero ya no recuerdo nada, cuando mi hermana me ve todo ensangrentado. Ahí no recuerdo más hasta el viernes a la noche que logro abrir un ojo", añadió.

golpiza repetida
Matías afirmó que la golpiza que recibió el jueves fue consecuencia de otro inconveniente que sufrió con la policía entre setiembre y octubre del año pasado.
"Yo me puse a pelear con ex cuñado cerca de La Anónima de las 1.008. Fue un problema familiar, pero llegó la cuadrícula y me dice: 'esperá que le estamos tomando los datos al otro', pero yo no esperé y me fui (en auto). Me empezaron a seguir. Yo no tenía nada que esconder, pero estaba exaltado por la pelea por lo que puse primera y ellos se tuvieron tirar a un costado. No los iba a pisar. No reaccionaba por la adrenalina que tenía", detalló.
La situación desencadenó en una persecución que comenzó en la estación de servicio ubicada en Kennedy y Chile y terminó en 13 de Diciembre y Formosa. "Cuando paramos llegan siete patrulleros y me empiezan a patear. Me roban cedula verde, plata, celulares y mi documentación. Me esposaron y me tiraron arriba del capot para seguir pegándome", graficó.
"Yo le pedí a mi mamá que no hagamos la denuncia porque somos tres y yo soy el hombre de la casa y tengo que resguardarlas", agregó.
Desde entonces, Matías asegura que ha sufrido reiteradas provocaciones por parte de los policías en los boliches bailables o en alguna otra actividad donde se los cruza. "Siempre me verdugueaban pero yo no reaccionaba. Ya me tenían fichado porque no pidieron documento. Lograron lo que querían: pegarme y mandarme al hospital.", afirmó.
"Son los mismos del anterior hecho. Son los mismos de la (Seccional) Quinta", añadió.

EL DOLOR DE UNA MADRE
Patricia Soto se enteró de la nueva golpiza el mismo jueves cuando preparaba la cena. La noticia fue como un golpe seco al estómago y salió de inmediato hacia el Hospital Regional.
"Estaba todo reventado y negro. La mandíbula para un lado y la nariz para el otro. Ya no respiraba. No tenía signos vitales. Los médicos lo reavivaron y lo llevaron a hacerse placas. Cuando logró recomponerse lo llevaron a la guardia hasta que él pudo salir adelante. Estuvo inconsciente varias horas", detalló Patricia, todavía angustiada.
Matías recobró el conocimiento el viernes por la noche y volvió a su domicilio ayer, a las 13, tras la autorización del cuerpo médico. Las lesiones más severas las tiene en su mandíbula y su nariz.Mañana tendrá que someterse a una tomografía computada para saber si tiene otras lesiones.
"No es la primera vez. Yo la filmación de la otra golpiza la tengo y la voy a presentar en el juzgado. Yo quiero protección para mi familia. Hoy hago la denuncia porque no lo quiero metido en un cajón. Casi lo tuve ahí. No le tengo miedo a nadie y lo que quiero es que estas personas sean juzgadas por lo que hicieron. Nadie tiene el derecho de ensuciarse las manos como se ensuciaron las manos con mi hijo", detalló Soto.
La madre de Matías también sostuvo: "el que se ponga el uniforme tiene que ser consciente de todos somos seres humanos. Yo quisiera preguntarle si ellos le pegarían de la misma forma a su hijo. Esto no va a quedar acá y si no hay culpables solo hay un Dios y él sabrá lo que hace. Pero a mi hijo no me lo vuelve a tocar más", advirtió.

ASUNTOS INTERNOS
Desde el área de Operaciones de la Unidad Regional de Policía, se confirmó a El Patagónico que aún no hay denuncias radicadas y que se tomó conocimiento por las publicaciones periodísticas que se realizaron. No obstante, se dio intervención a Asuntos Internos para establecer lo ocurrido.

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