Rousseff defendió el "castigo" a los corruptos ante el Congreso donde hay 50 investigados

"Debemos castigar con rigor a aquellos que se implicaron en actos de corrupción, pero necesitamos de instrumentos para preservar las empresas y los empleos que estas generan", afirmó la mandataria brasileña respecto a escándalos como el caso Petrobras.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, defendió ayer el "castigo a los corruptos" en su discurso en la sesión inaugural del año legislativo, ante un Congreso en el que hay medio centenar de diputados y senadores investigados por el caso Petrobras, y que tiene pendiente en su agenda la aprobación o no del juicio político a la mandataria.
"Debemos castigar con rigor a aquellos que se implicaron en actos de corrupción, pero necesitamos de instrumentos para preservar las empresas y los empleos que estas generan", afirmó Rousseff en su discurso en la sesión solemne del Congreso.
Entre los 50 legisladores investigados por beneficiarse de delitos de corrupción en la petrolera estatal, se encuentran los presidentes de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros.
Cunha, cuya investigación es una de las más avanzadas por la Fiscalía, se está enfrentando a su vez a un juicio político iniciado por la Comisión de Ética del Congreso que le puede costar perder su cargo debido a su supuesta participación en el escándalo de corrupción.
El jefe de Diputados, que pertenece al aliado Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) se declaró opositor personal de Rousseff y es quién debe decidir sobre el avance del proceso para el juicio político contra la mandataria, una vez que la Corte apruebe el procedimiento que fue apelado por errores.
El caso de Petrobras salpicó a la estatal y a las mayores constructoras de Brasil, que podrían ser vetadas para participar en futuras licitaciones públicas.
El discurso de Rousseff, además de citar la corrupción, se centró en las medidas económicas que el Gobierno pretende impulsar en el Congreso para sacar al país de la recesión.
En ese sentido, Rousseff defendió la recreación del impuesto de Contribución Provisional sobre las Transacciones Financieras denominado CPMF por sus siglas, o impuesto al cheque, que según el Gobierno sería temporal y gravaría todas las transacciones financieras, y al que calificó como "la mejor solución posible" para equilibrar las cuentas.
Esta propuesta de Rousseff fue recibida con reiterados abucheos por parte de diputados y senadores de la oposición que llevaron carteles y pancartas con la leyenda "XÔ CPMF" (expresión coloquial para espantar gallinas o para intentar echar algo que molesta), oponiéndose a la aprobación del tributo, aunque otros aplaudieron la defensa que hizo la mandataria sobre su implicancia, detalló la Agencia Brasil.
Rousseff apeló directamente a los que "tienen dudas y se oponen" al resurgimiento del impuesto y pidió que "consideren la excepcionalidad del momento" para cambiar de opinión y votar a favor de la medida.
Asimismo, la mandataria desgranó una serie de medidas económicas a corto, mediano y largo plazo y se comprometió a impulsar la reforma del sistema de previsión social, para lograr que el pago de las pensiones sea sostenible en las próximas décadas.
Aseguró que el gasto en pensiones compromete actualmente el 44 % de los gastos primarios del Gobierno y alertó que ese dispendio "aumentará exponencialmente", puesto que en 2050 la población activa será similar a la actual y se triplicará el número de jubilados.

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