Salinas del Gualicho: otro rincón por descubrir en Patagonia

En las Salinas del Gualicho, un extenso manto blanco de sal y desniveles de hasta dos metros de alto forman el escenario de una de las excursiones más interesantes que ofrece la Patagonia. Desde Las Grutas, a 50 kilómetros, se pueden contratar visitas a este sitio plagado de leyendas, conocer su historia y disfrutar de todo el encanto del paisaje, que durante el día se tiñe de los más curiosos colores que ofrece el firmamento.

Las Grutas en Río Negro es ya un clásico destino turístico para quienes disfrutan de las playas ya que cuenta con las aguas más cálidas de todo el litoral marítimo argentino, pero a tan solo 700 kilómetros de Comodoro Rivadavia esta pequeña localidad ofrece también un lugar que pocos conocen: las Salinas del Gualicho.
Las salinas se visitan con excursiones que parten desde Las Grutas e incluyen traslados, guía, cena y la posibilidad de observar, si el paseo se hace durante la noche, el firmamento con un poderoso telescopio y lentes infrarrojos.
En algunos casos se puede disfrutar de la espectacular puesta de sol sobre el salar y terminar la noche con una cena con pollo al disco y vinos patagónicos en ese impresionante contexto.
Cabe aclarar que la entrada permanece restringida al público ya que el yacimiento está concesionado para la explotación y se teme por la inseguridad ante el desmedido movimiento de camiones en la época de cosecha, por lo cual se debe realizar la visita a través de una de las tres empresas turísticas que ofrecen el servicio.
Están ubicadas en el Bajo del Gualicho, que con 72 metros bajo el nivel del mar es la segunda mayor depresión de la Argentina, después del Bajo San Julián.
Por este motivo, durante el verano austral las temperaturas al mediodía suelen alcanzar los 50 grados y el horario ideal para disfrutar de este paisaje "lunar", es al atardecer.
Las Salinas son las más grandes del país, con una superficie equivalente a la Capital Federal; la segunda de América después del Salar de Uyuni y las terceras en importancia industrial de Sudamérica. Se extienden a lo largo de 35 kilómetros con la franja más ancha de unos 18 kilómetros.
Para llegar, las excursiones parten desde Las Grutas por la Ruta Provincial 2 y recorren unos 30 kilómetros, luego toman la 59 por media hora, que es un camino mejorado de ripio, con piedras sueltas, por lo que se utiliza vehículos 4x4.
El camino es digno de disfrutar ya que se puede observar la inmensidad del paisaje. Al llegar, el lugar resulta imperdible. Al atardecer, con los últimos rayos del sol, todo cambia de tonalidades a amarillos, rojos y violetas. Llegada la noche la experiencia se vuelve más intensa con millares de estrellas iluminadas.
En las excursiones se realiza una charla donde se explican los orígenes de este curioso sitio. Resulta increíble que este suelo salino estuvo cubierto de mar hace por lo menos 300 millones de años, por lo que en las capas profundas se suelen encontrar huesos de animales petrificados y hasta dientes de tiburón.
Actualmente la mayor intensidad de la cosecha de sal se realiza entre los meses de marzo a noviembre y la producción anual supera al millón de toneladas, y estiman que puede haber mineral por espacio de tres siglos.
Durante los meses de agosto y septiembre el suelo permanece con unos centímetros de agua. El resto del año suele estar completamente seco, aunque entre la enorme amplitud de costra salina se intercalan algunas lagunas temporarias de aguas hipersalinas.
Otra de las actividades que usualmente se realizan en los paseos, es el relato de escalofriantes historias que dan el nombre a este mágico lugar. Luces que se ven por la madrugada, voces, ruidos y movimientos extraños forman parte de folclore. Según comentan los lugareños es un sitio rodeado de misterio, leyendas de fantasmas y dioses tehuelches. Precisamente el nombre Gualicho se refiere al dios Ulungasum que tiene rasgos irritables y que tan sólo con ofrendas se lo puede atenuar, y que, de acuerdo a las creencias indígenas, este dios habita en una parte de ese enorme saladar. En el imaginario regional las Salinas del Gualicho es una suerte de tierra maldita, lugar de alojo del mismísimo diablo.

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