San Luis y su Parque Nacional Las Quijadas

Se encuentra a 120 kilómetros de la capital provincial. Son 150 mil hectáreas de exóticas formaciones, bellezas naturales, restos arqueológicos y yacimientos paleontológicos.

En la provincia de San Luis hay de todo para el disfrute: sierras, valles, llanos, lagunas, salinas, termas, sitios urbanos y senderos rurales, reservorios culturales, seductoras propuestas deportivas, excelentes rutas, buen clima. Es uno de los destinos turísticos de excelencia. Pero hay un lugar muy especial que se destaca del resto: las intrigantes sierras protegidas por el Parque Nacional Las Quijadas, que aparecen en el noroeste de la provincia como resultado de la elevación de un conjunto de capas, producido hace millones de años, y de la posterior erosión sobre la montaña producto del plegamiento.
Muros estratificados en varios tonos rojizos, farallones, acantilados, cornisas y terrazas dibujan el perfil de este apasionante panorama que encuentra su manifestación más perfecta en el cautivante Potrero de la Aguada.
Son 150.000 hectáreas de exóticas formaciones, bellezas naturales, restos arqueológicos y yacimientos paleontológicos que no pueden soslayarse en este viaje.
Este paraíso se encuentra saliendo de la ciudad capital de San Luis, por la Ruta Nacional 147 rumbo noroeste, luego de transitar unos 120 km. Fue creado en 1991, a los efectos de proteger ejemplares de monte y chaco oriental y de conservar yacimientos arqueológicos y paleontológicos.
Este tesoro natural, habitado antiguamente por los Huarpes, se puede visitar durante todo el año, aunque las temperaturas extremas del verano hacen que el paseo sea más dificultoso y agotador.
También hay que tener en cuenta que ni en el parque, ni en la ruta de acceso hay servicios, por lo cual es conveniente llevar provisiones y agua potable.
Para una visita corta, simplemente basta con desviarse unos pocos kilómetros para llegar a los miradores. Un escenario rojizo de fondo, formado por acantilados y altares de diversas alturas contiene al Potrero de la Aguada. Sentado en algunas de las rocas o al borde de los acantilados uno puede quedarse horas observando el paisaje. En un estado de paz, la sensación que produce es única. No en vano el cineasta Adolfo Aristarain eligió este escenario para rodar junto a la actuación de Federico Luppi la película "Un lugar en el Mundo". En cambio si la intención es más activa, aprovechando una jornada larga, se puede bajar al valle.
Dentro de las especies que habitan en este terreno árido y seco se encuentran pumas, gatos monteses, zorros grises, maras, aves pequeñas, ñandúes, halconcitos grises, cóndores y lagartijas, entre otros.
El origen de su nombre es medio confuso. Pues si uno mira en un mapa las sierras tienen la forma de un maxilar animal. Pero cuando se lo bautizó con este nombre las imágenes aéreas no existían. Por otro lado a fines del siglo XIX las carretas que viajaban de Buenos Aires a San Juan eran asaltadas por bandidos rurales y estos se refugiaban en los laberintos de las sierras. El alimento principal de estos cuatreros era el ganado vacuno y dice la leyenda que lo primero que se comían eran las quijadas. Los carteles de captura con recompensa sobre estos bandoleros eras anunciados con el nombre de "Gauchos de las Quijadas".

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