San Pedro de Atacama gana popularidad como un destino "top" en el desierto

San Pedro de Atacama gana popularidad como un destino "top" en el desierto.

Es uno de los principales polos turísticos de Chile, siendo el punto de partida para los diversos recorridos por el altiplano atacameño como los géiseres del Tatio, el Valle de la Luna y la Reserva nacional Los Flamencos, además de ruinas arqueológicas y otros monumentos históricos como el pucará de Quitor.
San Pedro de Atacama es una comuna chilena ubicada en la Provincia de El Loa, en la Región de Antofagasta, puerta de entrada a uno de los desiertos más grandes y el más árido del mundo: el desierto de Atacama.
En sus inicios fue destino de mochileros y viajeros, pero hoy llegan turistas de todo el mundo, en especial europeos, atraídos por las bellezas naturales de la zona y el encanto particular del pueblo. Resulta difícil creer que se haya convertido en un polo turístico de alta gama, pero lo cierto es que se vive un auge por destinos de aventura alejados de las grandes urbes con paisajes singulares, y todo eso está encarnado en esta pequeña localidad chilena. Sus maravillas naturales y su vida nocturna sorprenden y atraen a millones de personas.
Además este destino tiene un merecido lugar especial en el turismo por ser la capital arqueológica del país, debido a la gran cantidad de hallazgos de enorme valor cultural, patrimonial y científico, importantísimos a nivel de país y continente.
Entre los callejones de tierra de este antiguo pueblo, se encuentran verdaderas joyas que valen la pena recorrer, es quizás también la razón por la que es uno de los lugares más fotografiados por revistas especializadas.
En la antigua plaza, su iglesia, que data de 1774, revela las costumbres de sus habitantes: esqueleto de madera de cactus, adobe y vigas de algarrobo amarradas con cuero. Muy cerca de allí está el Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige, donde se muestran momias y objetos cotidianos que revelan la riqueza de las culturas de la zona.
El pueblo está lleno de puestos de artesanía, donde se pueden conseguir tejidos, joyas o hierbas, como hojas de coca, cuya infusión puede salvar al visitante de la puna (o "mal de altura"). Este dato es importante para quienes desean visitar los famosos Geysers del Tatio, que se encuentran a 4.200 metros de altura, sin duda uno de los espectáculos más maravillosos ofrecidos por el desierto.
A 13 kilómetros de la localidad se encuentra el Valle de la Luna, inserto en plena Cordillera de la Sal y parte integrante de la Reserva Nacional Los Flamencos. Es un santuario de la naturaleza formado por una depresión de extrañas formaciones geológicas que son el resultado de sucesivos plegamientos de la corteza terrestre, lo que sumado a la acción del viento, la sal y la falta de humedad, crea escenarios de una belleza fuera de este mundo.
En tanto, a 3 kilómetros de San Pedro se encuentra sobre el cerro de Quitor el Pukará (Fuerte) construido por el pueblo atacameño para defenderse de otros pueblos que habitaban Sudamérica. Declarado Monumento Nacional en 1982. Su construcción preincaica data del siglo XII. Está hecho en piedras que trepan un cerro a modo de fortaleza con un muro defensivo perimetral.
La aldea de Tulor, sepultada por arenas del Desierto de Atacama que traslada el viento desde miles de años, es sin duda una buena experiencia arqueológica e histórica. La antiquísima aldea está formada por casas y recintos circulares, los que por el efecto del viento, se encuentran enterrados hasta no resaltar más que un metro de altura en su máxima expresión. Fue habitada por una cultura de hábiles artesanos que desarrollaron la cerámica café y gris pulida típica de este período prehispánico
Las Termas de Puritama son otro atractivo de la zona. El sector está diseñado para el descanso familiar y cuenta con 8 pozones de agua tibia que tienen una temperatura entre 25ºC y 30°C. El agua posee propiedades medicinales y terapéuticas ya que se nutre de los minerales que trae el río Puritama.
A todos estos atractivos, San Pedro de Atacama le suma pubs y restaurantes que seducen con excelentes propuestas gastronómicas. Así es como el misticismo de las culturas ancestrales se funden con el turismo moderno.

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