Sarlo: "Saer, lejos de escribir como Borges, se ve obligado a romper con él"

En "Zona Saer", publicado por la editorial chilena Diego Portales, la autora despliega un sagaz análisis sobre la manera en que el escritor practicó una escritura que no tributa a Borges y analiza al mismo tiempo las razones de la morosa visibilidad de su obra.

En su ensayo "Zona Saer", la ensayista y crítica literaria Beatriz Sarlo resignifica sus múltiples abordajes de la obra del escritor santafesino para explorar una hipótesis que lo coloca como el más grande escritor argentino de la segunda mitad del siglo XX, con el doble propósito de recuperar la singularidad de su producción y reinstalar un sustrato polémico en las discusiones sobre la conformación del canon de la literatura argentina.
En "Zona Saer", publicado por la editorial chilena Diego Portales, la autora de "Borges, un escritor en las orillas" y "Escenas de la vida posmoderna" despliega un sagaz análisis sobre la manera en que el escritor practicó una escritura que no tributa a Borges y analiza al mismo tiempo las razones de la morosa visibilidad de su obra, que atribuye a su condición de "escritor en destiempo permanente".

- Télam: ¿Qué elementos siguen reivindicando a Saer como un narrador novedoso?
- B.S: El gran rasgo de su obra es que representa una literatura regional que no es regionalista, es decir, que no es pintoresquista, ni dialectal, ni folklórica, ni exotista. Ni convierte a la región en un Macondo latinoamericanista. Hay algo en el castellano en el cual escribe que se diferencia del castellano que trabaja Borges, que es quien inventa el castellano del Río de la Plata. Saer tiene esa captación tan singular de una lengua y de una escena, de una temperatura diferente -ligada al ambiente, a la luz, a las plantas- que es novedosa en la literatura argentina. Sí estaba presente antes en Juan L. Ortiz, pero en ese caso estamos hablando de otro gran marginal. Hay que destacar también la centralidad que tiene la poesía en su obra. Creo que es el único narrador argentino que escribe a partir de la poesía.

- T: Tu hipótesis de trabajo en el capítulo "Romper con Borges" opera sobre la manera en que se inserta Saer en el canon pero al mismo tiempo instala una discusión sobre el momento en que se produce el relevo con Borges o, dicho de otra manera, la declinación del mejor Borges...
- B.S: La idea es que Saer lejos de escribir a partir de Borges tiene que romper con él y escribe algo completamente diferente donde la percepción es fundamental y donde la relación entre lo percibido y lo narrado es completamente diferente a Borges. Para mí el mejor Borges es el que llega hasta los textos escritos en "El hacedor". Ese es el Borges clásico, el que uno llama Borges. Por supuesto que los demás textos son los de un escritor genial pero aquellos son los decisivos. Se puede partir el siglo XX trazando una bisagra a mediados de los años 60, que es cuando Saer escribe "En la zona", un libro que tiene un primer conjunto de textos muy borgeanos pero que después incluye el cuento "Algo se aproxima", que como dice María Teresa Gramuglio inaugura otra literatura. Ese texto escrito a los 21 años ya no tiene nada de Borges.

UN CANON SIN BORGES

- T: Todo canon tiene siempre un sustrato polémico y en este caso cuando situas a Saer como continuador de una secuencia que tiene como antecesor a Borges, dejas afuera a una serie de autores que también podrían disputar ese lugar, como Manuel Puig o incluso Julio Cortázar hasta hace algunos años...
- B.S: Creo que las discusiones sobre el canon para ser interesantes tienen que ser conflictivas. Tienen que ser pequeños enfrentamientos estéticos y deben incorporar un elemento disruptivo sobre la forma en que se organiza el canon. Por eso, acepto que mi postura también es discutible. Alguien podría colocar en el mismo lugar que yo pongo a Saer a otros escritores como Puig, Aira o Fowgill, que están en el último tercio del siglo XX. Esa diversidad es lo que hace interesante la polémica. Yo por ejemplo no pondría en esa línea a Cortázar, pero me resultaría interesante discutir con quien sostenga que "Rayuela" es la novela que marca una línea. Es una novela de 1963, el mismo año que Saer publica "En la zona". Hace treinta años sin duda esta continuidad de Borges a Cortázar se hubiera visto como natural porque todavía no había sido leído en gran medida Saer en tanto que Fowgill y Aira no eran ni remotamente conocidos. Creo que de todas maneras "Rayuela" sigue cumpliendo una función literaria fundamental que está ligada a la iniciación.

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