Sergio Vahnovan y su gran pasión por conocer el cielo

De pescar como pasatiempo en compañía de su padre a buscar los puntos más altos del planeta. En la montaña, tanto como en la vida, conoció hasta dónde llega el ser humano cuando lo domina el ego. Previsor, este ingeniero industrial y ex jugador de básquet planifica con años de antelación cada campaña para minimizar el riesgo de vida. "Estar en la cima te puede durar como máximo 15 minutos, luego tenés que bajar. Y el que se relaja puede perder la vida", remarca.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net
Siempre se preguntó "¿qué se sentiría estar ahí?", en especial cada vez que con su padre (fanático de San Lorenzo de Almagro como él) iban a pescar a los lagos de la cordillera patagónica.
Esa es la primera imagen que le viene a Sergio Vahnovan –comodorense de 39 años, ingeniero industrial y montañista autodidacta– cuando busca una explicación a esa pasión que él denomina "un deporte de caballeros": el montañismo.
Antes de ello, Sergio, el del apellido difícil (que según su padre tiene origen holandés, pero él investigó su descendencia y los encontró en Ucrania), jugó al básquet en el Huergo –compartió plantel con los hermanos Cocha–, fue al jardín "Juana Manso", hizo la primaria en la escuela 43 y la secundaria en el Colegio Deán Funes, donde en las clases de Educación Física los hacían trepar hasta la antena cercana a la institución salesiana.
Primero le costó como a la mayoría de sus compañeros. Luego el ir y venir al cerro, se le hizo algo cotidiano que mantiene al día de hoy, cuando vuelve del campo y sale a recorrer la geografía de la capital petrolera.
En la vida misma, reconoce que nada le fue fácil, que todo fue fruto del esfuerzo. Incluso la carrera de ingeniería en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, donde en tiempo regular pudo egresar para ya no ser un gasto para sus padres.
Con el título profesional en mano, a Sergio le surgieron oportunidades para trabajar lejos de casa. Con mejor puesto, mejor remuneración y mejores condiciones de prosperar.
Pero "Sergio de Comodoro" (NdE: así lo conocen en las cumbres) ya había trazado un camino en su vida. Era feliz como encargado de producción en una prestadora de servicios, lo que le permite estar ya de tarde en su hogar, para agarrar la mochila y salir a desandar caminos. Además de disfrutar de la compañía de sus mejores vecinos: sus padres.
Además, la pregunta ¿que se sentiría estar ahí? ya había tenido respuesta a los 14 años, cuando en compañía de un amigo de la secundaria habían subido a uno de los cerros que rodean el inicio del Río Senguer. Y la experiencia dejaba abiertos más interrogantes en lugares más inhóspitos del mundo.

EL CERRO INSIGNIA
DE LA PATAGONIA
Si algo caracteriza a Sergio, es que es previsor. Trata de no dejar ningún detalle librado al azar –no sólo en el montañismo, sino en la vida misma– para tratar de minimizar riesgos y tratar de alcanzar objetivos.
Por ello, cuando en Febrero de 2009 pudo concretar su montaña de relevancia –el volcán Lanín sobre 3.776 msnm– aprendió que a pesar de la pasión y la planificación de las campañas, una parte de los desafíos queda supeditada a factores que le escapan a uno. Ya sea desde la naturaleza misma hasta la miseria humana.
"Yo había contratado una empresa en Junín de los Andes, había ido antes para chequear el equipo y todo lo necesario. Me había preparado a conciencia para tratar de dar con el estado físico. Pero me encontré que a la salida del refugio y a mitad del camino, los guías de la empresa que contraté (junto a un numeroso grupo de personas) nos decían que teníamos que bajar porque venía mal tiempo", recuerda.
"Ni siquiera intentamos. Cuando bajé lo hice frustrado y fui a hablar con los guardaparques, quienes me dijeron que ya se sabía de antemano que iba a haber mal tiempo. Que esa empresa se manejaba de esa manera para no perder clientes. Recuerdo que llegue a Junín de los Andes, fui a Turismo, pedí la lista de guías y comencé a llamar. Y a los tres días ya estaba haciendo cumbre. En cierto sentido, me sentí traicionado en mi buen fe", remarca Sergio.
Ese hecho marcó la vida de montañista del comodorense. Tampoco fue el único trago amargo, porque en la cúspide de una cumbre 'descubrió' que su compañero de cordada le pedía fotos con sponsoreo porque de antemano había asumido compromisos con particulares. Cuando la actividad de Sergio es totalmente auto gestionada.
"Yo no tengo problemas con el asupicio y esas cosas. Pero yo veo al montañismo como un deporte de caballeros, donde todo deber ser definido de antemano. Si no, se trabaja desde un lugar que no es noble", sentencia.
"Además, yo no tengo problemas de ofrecer mi ayuda a quien sea. Pero me gusta que la persona que se acerca sea transparente. Es mi manera de ver las cosas. Todo esto de subir montañas lo hago por una satisfacción personal, sin ánimo de sacar un rédito económico. Respeto a quien lo hace, pero no a expensas mías", enfatiza.
Sergio aprendió durante la marcha. Aprendió a separar la paja del trigo y sostiene que no volvería a escalar con determinadas personas.
"Allá arriba, pasando los 5 mil metros de altura, todo se hace el triple de dificultoso. Desde respirar, hasta los movimientos más sencillos como dar pasos. El ánimo de cada uno también no es el mejor de todos. Además en una cordada, vos atás la vida a la confianza de otra persona. Por eso es importante en el montañismo ir en forma gradual. Y compartir con futuros compañeros de cordada, travesías de menor dificultad", sostuvo.
NADA EPICO Y SI PREVISOR
En la cima de una montaña, Sergio sólo piensa en una sola cosa: el descenso. De hecho, está comprobado que la mayoría de los descensos se produce cuando las personas emprenden el regreso. Hasta en ese punto donde uno siente que roza las nubes, el comodorense no pierde la cabeza.
"Pasan cosas muy distintas en la cumbre. Hay personas que reaccionan de distintas maneras. Están los que se emocionan hasta las lágrimas, hasta aquellos que se sacan fotos seguidas", comenta.
"Yo sólo pienso en que hay que bajar, porque sé que como máximo tenés 15 minutos arriba para estar. Y si te relajás, el cansancio y la falta de reflejos te juegan una mala pasada en el descenso. Ya sea desde perder el camino hasta la caída más tonta que, en un entorno así, se potencia para mal", sostiene.
A modo de ejemplo, Sergio rememora el primer día de travesía al "Ojos del Salado" en marzo de 2014, cuando en medio de la caminata, y por mirar hacia donde señalaba un compañero, se cayó de boca y se golpeó la zona intercostal con una de las botellitas de hidratación.
"El golpe resultó ser una fisura de costilla que se acrecentó a medida que íbamos subiendo. Yo recuerdo que los días posteriores me costaba levantarme y respirar. Esa parte hicimos cumbre, mientras yo me trataba con antiflamatorios, y luego vino un período de seis meses de recuperación de lo que se inició con un tropiezo por perder atención en el camino", advierte.
De épico, el montañismo tampoco tiene mucho, afirma. "Voy a ser sincero, si en pleno ascenso comenzás a pensar en tu familia, en tus seres queridos, en todo lo que dejaste para estar en ese lugar, comenzás a flaquear y eso se ve en el espíritu de las personas", asume.
"Yo pienso en el día a día, o mejor dicho en lo que va a venir en lo próximo. A mí el montañismo no me cambió la vida. Yo elegí hacer una actividad que no tenga nada que ver con mi rubro laboral. Sí busco nuevas cumbres en mi vida, y para ello planifico por años esas montañas. Creo que en esto hay que derrumbar algunos mitos, es mucha técnica la que se necesita. Yo fui autodidacta y me fui haciendo a medida que fui conociendo gente", asegura.
"Hoy en día disfruto tanto de subir al Pico Salamanca (NdE: el domingo pasado lo subió en tres ocasiones consecutivas como entrenamiento). Si alguien me pide una mano o un consejo se lo doy. Y lo hago sin ánimo de lucrar ni mucho menos, porque reitero: yo veo al montañismo como un deporte de caballeros. Y sólo lo entiendo de esa manera", remarca Sergio.

CAMPAÑAS
- Cordobita (Catamarca, Argentina): 5.615 msnm, marzo de 2016.
- Lampayo (Catamarca, Argentina): 4.975 msnm, marzo de 2016.
- Expedición a los Hielos Continentales: 1.500 msnm, diciembre de 2015.
- Huayna Potosí (La Paz, Bolivia): 6.088 msnm, setiembre de 2015.
- Tarija (La Paz, Bolivia): 5.580 msnm, setiembre de 2015.
- Elbrus (Rusia): 5.642 msnm, julio de 2015.
- Acay (Salta, Argentina): 5.850 msnm, abril de 2015.
- Tuzgle (Jujuy, Argentina): 5.420 msnm, abril de 2015.
- Incahuasi (Argentina-Chile): 6.638 msnm, noviembre de 2014.
- San Francisco (Argentina-Chile): 6.021 msnm, octubre de 2014.
- Ojos del Salado (Argentina-Chile): 6.893 msnm, marzo de 2014.
- Vicuñas (Chile): 6.021 msnm, marzo de 2014.
- Lanín (Neuquén, Argentina): 3.776 msnm, febrero de 2014.
- Domuyo (Neuquén, Argentina): 4.807 msnm, enero de 2014.
- Kilimanjaro (Tanzania, Africa): 5.895 msnm, octubre de 2011.
- Aconcagua (Mendoza, Argentina): 6.962 msnm, diciembre de 2009.
- Cerro Plata (Mendoza, Argentina): 5.970 msnm, diciembre de 2009.
- Franke (Mendoza, Argentina): 4.820 msnm, abril de 2009.
- Stepanek (Mendoza, Argentina): 4.050 msnm, abril de 2009.
- Adolfo Calles (Mendoza, Argentina): 4.130 msnm, abril de 2009.
- Lanín (Neuquén, Argentina): 3.776 msnm, febrero de 2009.

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