Si estás enojado, no corras

Un estudio de la Universidad de McMaster, Canadá, encontró que un trastorno emocional acompañado de una actividad fit exigente aumentan las posibilidades de un ataque al corazón. Los detalles de la investigación.

Ya sea en un gimnasio, running al aire libre o un deporte en particular, la actividad física resulta indispensable para un organismo saludable. El corazón es una de las áreas que se ve más beneficiada gracias al ejercicio. Su fortaleza depende, en gran parte, de ese movimiento, pero no siempre sería recomendable una rutina exigente. Bajo ese concepto, el estado de ánimo emerge como el factor a considerar.

Un estudio de enorme alcance, publicado en Circulation, la revista de la Asociación Americana del Corazón, recopiló y analizó los datos de 12.461 pacientes con una edad media de 58 años. Los voluntarios habían participado en InterHeart, un informe que indagó en personas que sufrieron un infarto en 52 países.

Los investigadores encontraron que un malestar anímico vinculado a un enojo o una situación de estrés laboral duplica el riesgo de padecer un ataque al corazón. Para arribar a tal conclusión, focalizaron en los factores desencadenantes como la edad, el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión arterial y además consideraron el estado de ánimo y si el paciente había practicado una actividad física o no una hora antes del infarto.

El líder de la investigación, el doctor Andrew Smyth, perteneciente a la Universidad de McMaster, en Canadá, explicó que un mal estado anímico y un físico expuesto a un desgaste extremo pueden ser un combo explosivo para la salud, más allá de los otros factores de riesgo.

Otros estudios previos ya avizoraban una situación de peligro por separado en una actividad física exigente momentos antes del infarto y un trastorno emocional vinculado a un enojo, tristeza o momento de estrés. La nueva investigación avanzó y descubrió que el 13% había estado haciendo ejercicio una hora antes del ataque y el 14% había estado molesto o estresado.

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En ese punto encontraron el vínculo más preocupante: una vez que se combinaron los trastornos emocionales con una rutina de ejercicios demandantes se demostró que el riesgo del infarto aumentaba hasta tres veces. "Ambos pueden aumentar la presión arterial y la frecuencia cardíaca, cambiando el flujo de la sangre a través de los vasos sanguíneos y reduciendo el suministro de sangre al corazón", señaló el doctor Smyth.

Sin embargo, el líder de la investigación se encargó de remarcar la importancia del ejercicio físico en la prevención de múltiples enfermedades, incluyendo las afecciones cardíacas. "Queremos que eso continúe, pero recomendamos que una persona que está enojada o molesta y pretende hacer ejercicio para despejar la mente no vaya más allá de su rutina normal hasta los extremos de la actividad", agregó.
A pesar de la magnitud de la investigación publicada, los autores destacaron dos atenuantes. El primero de ellos fue que las personas que sufrieron un suceso tan traumático como un infarto pueden tender a decir que experimentaron más detonantes de los que en verdad vivieron. El otro punto a tener en cuenta es que cada participante definió según su propio criterio cuál era su estado emocional y qué consideraba como un gran esfuerzo físico. No les brindaron pautas precisas al respecto.

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