Si la naturaleza es tu pasión, Ilha Grande es el lugar indicado

Esta isla tropical está inmaculada en parte por su inusual historia: fue refugio de piratas, colonia de leprosos y penitenciaría de máxima seguridad. Ubicada entre Sao Pablo y Río de Janeiro, posee hermosos paisajes y algunas de las playas más impresionantes de todo Brasil.

La isla está a tres horas de viaje de Río, pero no hay una autovía o un puente que la conecte con el continente. Varios barcos cruzan cada día el pequeño estrecho que los separa desde tres puntos distintos. El relativo aislamiento supone que el servicio de telefonía celular es irregular e internet es a veces inexistente. Resumiendo, es un lugar para desconectar al tiempo que se sienten fuertes conexiones, porque todo el mundo parece conocer a todo el mundo aquí.
Si te gustan las aventuras en la naturaleza, los paseos náuticos, remar en kayak, caminar por senderos que se adentran en la densa vegetación, pasear en bicicleta, practicar buceo o snorkell, surfear, bañarte en un río bajo una hermosa cascadas, disfrutar las playas más lindas de América del Sur, disfrutar de bares y restaurantes rústicos, Ilha Grande es el lugar perfecto para hacerlo.
Por otro lado si tu perfil es netamente urbano, no te gusta la selva y el bosque, te asustan o molestan pequeños animales silvestres como monos, iguanas, lagartijas, insectos, cangrejos, sapos, tortugas marinas, delfines o alguna que otra serpiente, entonces este lugar no es aconsejable. Aquí la interacción con la naturaleza es permanente y eso es lo que hace tan bonita a esta isla.
Llegar a este sitio ya de por sí le pone un poco de aventura desde el inicio del viaje. El hecho de no tener una conexión de "pies en la tierra" con el continente (puente o tunel), no tener rutas ni avenidas ni calles que unan a las pequeñas comunidades con vehículos de transporte terrestres, ha contribuido en gran parte a su preservación natural y ambienta.
Una de las primeras cosas que el viajero percibe en Ilha Grande, o Isla Grande, es que no hay vehículos. El gobierno local prohíbe los autos privados, manteniendo el ritmo de vida tranquilo que los isleños defienden como fundamental para su identidad.
También tiene además curiosidades, leyendas, historias y relatos de piratas, de un pasado de esclavos, de presidiarios, de fugas cinematográficas de la extinta prisión de Isla Grande conocida como "El Calderón del Diablo" y más.
Esta isla atrapa los corazones de muchos que la visitan y deciden quedarse allí por mucho tiempo. Cargada de un aire de calma y tranquilidad, lejos del ruido de los motores (ya que en la isla no circula ningún vehículo a motor) y con playas y paisajes de ensueño este sitio invita a recorrerla con calma y a paso lento. Los amantes de las playas podrán conocer muchas en distintos puntos de la isla, algunas de ellas totalmente solitarias.
Para los que disfruten de las caminatas muchos senderos para practicar trekking conectan el pueblito de Vila do Abraão con distintas playas y cascadas. Y para los que no deseen caminar tanto muchos servicios de barco acercan a los viajeros a los principales puntos de la isla. Para llegar es posible tomar un bus desde San Pablo o Rio de Janeiro hasta la localidad de Angra dos Reis y desde allí el ferry que llega hasta la isla.

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