Sin quórum y sin paz social y de la otra

En medio de una fuerte pelea, tal vez la más importante que en años tuvo y tiene la Cuenca y la Patagonia con Nación, en la provincia de Chubut, por el exceso de carácter de algunos, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, se declararon definitivamente la guerra, de una manera tan virulenta como innecesaria y contraproducente.
Es muy curioso cómo en la provincia todas las partes pudieron ponerse de acuerdo para avanzar todos juntos, como corresponde y sin importar las iniciales pertenencias políticas, para reclamar ante Nación una solución al acuciante problema petrolero, pero ni siquiera hicieron el intento (uno serio) de acercar posiciones para tratar, una vez más pero de la manera correcta, la ley de emergencia económica.
Lo ocurrido en la no sesión del jueves fue, parafraseando al inmortal Gabriel García Márquez, la crónica de un quite de quórum anunciado, ya que la decisión del Frente para la Victoria no se ocultó, al menos para los medios de prensa que quisieron informar del tema y para los funcionarios y diputados de los otros bloques que realmente quisieron tomar nota de la situación.
Fue tan anunciado el quite de quórum que, incluso, hay que recordar que el jueves anterior no se convocó a sesión, como inicialmente se pretendía, porque el FpV ya había adelantado que no estaba de acuerdo en el proyecto elaborado por el Ejecutivo, por más que, también hay que reconocerlo, desde el otro lado se habían aceptado algunas de las sugerencias de la mayoría opositora.
En lugar de buscar acercar posiciones y mejorar el proyecto, al menos para tener el quórum, el oficialismo dio por terminada las reuniones, que en realidad nunca se concretaron, y siguió batiendo parche contra algunos diputados del Frente para la Victoria que formaron parte del Gobierno anterior y que, efectivamente, algunos de ellos son responsables de algunas decisiones no acertadas que tomó Martín Buzzi pero que, hasta que no sean condenados por la justicia, si es que algunos de los errores cometidos son judicializables, seguirán siendo diputados, porque así lo quiso el pueblo del Chubut que, tal vez no casualmente, colocó a un partido al frente del Ejecutivo y a otro en la mayoría de la Legislatura.
En lugar de buscar los puntos y puentes de acuerdo, el oficialismo siguió fustigando a estos diputados e intentando conseguir fisuras dentro del bloque para, al menos, tener sentados en las bancas a cuatro diputados, el número que necesitaba para contar con la minoría necesaria para tener quórum. Pese a que algunos de esos cuatro legisladores tienen como referencia política a actuales aliados del gobernador, la bancada no se fracturó y finalmente no hubo sesión.
Nadie duda a esta altura de las circunstancias que, por más que le quieran cambiar el nombre, el Gobierno necesita la herramienta que es la declaración de una emergencia para atender rápidamente algunas cuestiones urgentes, finalizar obras y poner en marcha otras decididas por la actual gestión, pero lo que debe hacer, para llegar a esa normativa, no es otra cosa que buscar el consenso, mejorar el proyecto, dar garantías, etc. Si luego de todo eso no hay real voluntad para sesionar, recién ahí uno entiende que tendrá todo el derecho y hasta la obligación de cuestionar a la bancada mayoritaria por falta de colaboración.
Ayer, el día posterior al de la furia, al menos en las declaraciones efectuadas por el vicegobernador Mariano Arcioni, más allá de mantener la decisión de avanzar sobre gastos de bloque y otras cuestiones que, más allá de ser legales parecen no ser del todo claras, se pretendió bajar el tono, sobre todo en la acusación hacia el intendente Carlos Linares, quien quedó en el centro de escena como el "malo" de la película cuando, en realidad, viajó a Rawson a tratar de acercar a las partes.
La semana próxima se verá cuál es el grado de respuesta del bloque del Frente para la Victoria respecto a las nuevas extraordinarias convocadas por el gobernador. El orden del día de las mismas no está pero ya se decidió, aunque esto puede revisarse, que ya no se insistirá en la ley de emergencia ya que, luego de lo sucedido, se insistirá en la sancionada de manera irregular en la noche del 9 de diciembre, con la colaboración, curiosamente del entonces vicegobernador Gustavo Mac Karthy, a quien también el dasnevismo acusa ahora de ser uno de los "jefes" de un supuesto plan de desestabilización.
Es un error que no se haga un nuevo intento, tal vez el primero en serio, para acercar a las partes porque la ley de emergencia, por más que sea necesaria, así como fue sancionada no tiene mucho peso porque es fácilmente atacada a nivel judicial, y el Gobierno lo sabe y lo reconoce, entre líneas, que es así, y por eso trata de aprobarla de nuevo o por primera vez en serio.
El jueves, en un paso hacia adelante, el gobernador Mario Das Neves convocó a una nueva extraordinaria para derogar la ley trucha que aprobó la Legislatura anterior al subvertir el proyecto presentado por iniciativa popular. ¿No sería una buena oportunidad para, en la misma sesión, también aprobar una emergencia en serio y consensuada, y no una decidida en soledad y aprobada de apuro y de manera irregular?
Para eso, lo único que falta es que, antes del jueves, el martes en realidad para que esté incluida dentro del orden del día, las partes depongan agresividad, posicionamientos y se sienten en busca del mejor proyecto. Si se quiere, en serio, no parece tan difícil.
En medio de la crisis petrolera, sobre las cuales todavía no hay una respuesta concreta por parte del presidente Mauricio Macri, pese a que el plazo para mantener la paz social expira el próximo miércoles, lo ocurrido el jueves, con las declaraciones incluidas, no ayuda para que la paz también llegue al plano político, donde todavía algunos ingenuos piensan y apuestan a que, mediante el diálogo y el consenso, todos los desencuentros puedan solucionarse o, al menos, intentar solucionarse. Para que ello ocurra tiene que haber voluntad de todos porque, ya se sabe, que dos no se pelean si uno de ellos no quiere.

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