Sobrevive cada vez en menos manos, pero el oficio del zapatero se niega a desaparecer

El mercado del calzado de material sintético que reemplaza al cuero natural, sobre todo el cambio de las suelas de cuero por las de goma y también el menor costo que suele tener un par nuevo de zapatos a comparación de décadas atrás, han incidido en que la gente prefiera tirarlos a la basura antes que mandar a repararlos. Pese a ese panorama, los pocos zapateros que siguen trabajando en Comodoro Rivadavia continúan teniendo una fiel clientela.

Hace 40 años el centro de Comodoro Rivadavia se caracterizaba por tener una gran cantidad de locales donde zapateros y sastres convivían entre sí. Las ofertas eran variadas y el público podía elegir con quién mandar a arreglar un par de zapatos.
La tradición también marcaba que aquellos maestros tenían aprendices a quienes le heredaban el oficio, pero todo ello poco a poco se va perdiendo. "Era otro tiempo. Uno salía de la escuela y pasaba a la zapatería de mi viejo (Alfonso). Yo tenía seis años y lo recuerdo como si fuera hoy todavía. El aroma de aquellos años es inolvidable", sostiene Carlos Villares propietario de la zapatería "Everest", situada en Aristóbulo del Valle y Pasaje San Carlos.
"Yo recuerdo que acá había una gran cantidad de zapateros y de sastres en el centro. Había galerías llena de locales. Yo empecé en una de ellas donde quien fue mi maestro me enseñó en silencio y con mucha determinación, pero prácticamente aprendí mirando porque esto se trata de tener coraje y ganas de trabajar. Otra no queda", manifiesta Manuel Lopes Pires, propietario de la zapatería "Rawson", de España casi Rawson.
El apogeo de antaño entristece a los zapateros ya que consideran que eran "épocas más simples, sin tantas complicaciones y se podían conseguir herramientas de calidad". Estas herramientas están a la vista en cada uno de sus talleres, como inmóviles testigos del paso de los años.
"Cada zapato tiene una historia de vida porque por ahí son los que la gente considera que con ellos se siente más cómodo y no los quiere tirar y viene acá para revivirlos y seguir usándolos", destaca Villares.
La evolución de la industria del calzado y la consolidación del material sintético derivaron en que el oficio del zapatero se vea golpeado a tal punto que hoy estos artesanos no superan la decena en todo Comodoro Rivadavia.
"Yo sigo teniendo trabajo. Es como todo. Sufrimos las crisis y ya estamos acostumbrados, pero siempre hay trabajo. El tema pasa porque no es un oficio fácil, tiene sus cositas. Por ejemplo, el tema de la salud o si no trabajás no hay plata en casa y tenés que ser muy prolijo y responsable. Si no tenés estas cosas entonces no es tu oficio. No es tu trabajo porque esto más que hacerlo tenés que sentirlo. No pasa por creerte zapatero sino sentirte zapatero", asegura Villares.
"Uno siempre tiene trabajo, pasa por el servicio que brinda cada uno. Uno tiene clientes de hace años y por ahí se suman otros nuevos, pero es por la manera de trabajar", añade Lopes Pires.
"El año pasado esto se movía más. Ahora la gente cuida su platita porque ya no rinde tanto y prefiere traer sus zapatos cuando ya no dan más, pero si alguien me preguntara si se puede vivir siendo zapatero le podría decir que 'sí, tranquilamente'. Pero vas a poder vivir si hacés las cosas bien, sino vas a tener problemas y más devoluciones que otra cosa", sostiene, mientras tanto, Justiniano Rojas, propietario de zapatería "Rojas", de Kennedy al 3.100.

LA FALTA DE APRENDICES
Más allá de la disminución de la clientela en comparación a décadas atrás, un punto en el que coinciden los zapateros es la falta de interés de las nuevas generaciones por aprender este oficio y ese es el principal factor que incide en que se vaya perdiendo el mismo.
"Mi papá tuvo un aprendiz que a los 12 años comenzó a trabajar con nosotros. Cuando se murió mi papá continuó trabajando conmigo y nos hicimos muy amigos. Luego él se fue para Rawson y continúa trabajando allá. ¿Qué quiero decir con esto? Que ya no existe el entusiasmo en la gente para querer aprender. Yo cuando busco una persona para que me ayude lo primero que me pregunta es cuánto le voy a pagar. Entonces, ya partimos mal porque esto es algo que te puede salvar el día de mañana, pero la gente eso no lo ve. Tampoco digo que lo voy a explotar, pero ya te predispone mal", dimensiona Villares.
Lopes Pires cuenta que en su caso también nota esa falta de interés, pero que logró conseguir un ayudante. "Tuve que contratar un ayudante porque no alcanzaba a atender a los clientes y trabajar. Uno por ahí tiene mucho trabajo y si atiendo a todas las personas no alcanzaba a entregar los trabajos", explica.
Mientras, Rojas aclara que su emprendimiento es netamente familiar y trabaja junto a sus hijos, pero para asegurar la salud de ellos decidió que solo realicen trabajos de costuras en su casa y no tareas con pegamento ni lijado de suelas. "No he tenido un aprendiz porque esto tiene que ser espontáneo, que la gente quiera aprender, de lo contrario no sirve", considera.

UNA CUESTION DE SALUD
Como lo señaló Rojas, uno de los aspectos negativos que resaltan los zapateros sobre su oficio es que en cierta medida se trata de una tarea insalubre ya que el pegamento y otros materiales con los que se trabaja pueden llegar a generar complicaciones en las vías respiratorias.
"Antes trabajábamos con mi familia en el local. Nunca estábamos en la casa, pero decidimos que los chicos no vengan más aquí porque le podía hacer mal. Hay veces que el pegamento o cuando usamos una goma en las suelas te hace mal y por ahí tengo que parar o abrir todo porque no se soporta el olor", grafica.
En cambio, Villares enfatiza que él toma ciertos recaudos para trabajar. "A mí siempre me gustó tener todo ventilado. Es más, pueden venir en invierno y ver que por más que afuera nieve o se caiga el cielo lloviendo yo tengo todo abierto. Es por seguridad. Jamás tuve problemas, pero siempre hay que ser prevenido y también uso barbijo", resalta.
Idéntica es la opinión de Lopes Pires. "Por ahí es medio complicado el tema de los pegamentos, pero uno ya está acostumbrado y sabe cuánta cantidad tiene que usar y no pasarse. Eso sí, el lugar siempre tiene que tener una ventana para que entre aire", manifiesta.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico