Sus últimas horas

Carlos Carranza nunca faltaba a clases y el lunes debía rendir un examen. Su cuñada, Leticia, le contó a El Patagónico que estaba concentrado en poder terminar su carrera como estudiante de educación física y que para solventarse trabajaba en algunas "changas" como albañil.
Carlos era muy conocido y querido en el barrio ferroviario. Incluso había colaborado con los equipos de fútbol infantil y gimnasia artística en las instalaciones de Unión San Martín Azcuénaga.
El sábado no salió y el domingo se levantó temprano para asistir al bautismo de su sobrina en la iglesia del barrio. Luego todos volvieron a la casa de sus padres. Esa tarde debía encontrarse con sus compañeros de hándbol para una colecta de dinero, pero no llegó al lugar.
Todos en la casa se habían recostado a descansar el domingo por la tarde y cuando se levantaron de la siesta no lo encontraron. Leticia dice que revisaron el teléfono celular y que no tiene llamadas ni mensajes en los que haya acordado algún encuentro.
La última persona que dio testimonio de haberlo visto fue un transeúnte que lo observó a bordo de un automóvil junto a un hombre. Fue sobre las 15:30 del domingo frente a una panadería situada en la avenida José Ingenieros, en Kilómetro 5.

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