Tiene 12 años, la ataron, golpearon y asfixiaron para robarle

Un violento asalto ocurrió ayer cuando dos encapuchados ingresaron a una vivienda, ataron con cables a una joven de 12 años, la intentaron asfixiar con un colchón de dos plazas mientras la pateaban y le exigían una suma de dinero.

La víctima estaba durmiendo en momentos que su padre, Alejandro Torres, miembro de la Guardia Urbana, trabajaba.

El episodio no escatimó violencia. Los cacos entraron por un patio trasero que da a una vivienda lindante. Rompieron una ventana para luego destruir una puerta que los condujo a la vivienda del preventor municipal.

La niña se despertó y vio el panorama. Uno de los ladrones la tomó de los hombros, tomó los cables de un cargador de celular con los que ató las manos, y con un alargue, anudó sus pies. Al mismo tiempo, el otro sujeto revolvía los recodos de la casa. Quien maniataba a la menor le gritaba que le indicara dónde estaba el dinero. Luego la tiró al suelo y le propinó patadas en distintas partes del cuerpo. No conforme, tomó un colchón tipo sommier de dos plazas, lo arrojó sobre la criatura y procuró asfixiarla.

Consiguieron obtener de la cartera perteneciente a la madre de la víctima una suma que resguardaban para pagar el alquiler.

Alejandro cumplía funciones en otra zona de la ciudad cuando se enteró de lo que le habían hecho a su hija. Pronto descubrió que además le habían robado varios objetos de valor que había comprado a duras penas tras un anterior robo del que fue víctima en esa misma vivienda. "Estoy cansado. Siento que me están ganando. Lucho para estar mejor y darle lo mejor a mi hija y mi señora pero no me puedo reponer. No es el primer robo. Desde que estoy acá es el segundo robo", comentó.

Describió que por culpa del accionar de los delincuentes "no puedo avanzar. Me robaron cosas que había podido comprar después de que me robaron acá mismo. No sé qué hacer. No tengo ni para pagar el alquiler. Soy un laburante y me cuesta todo mucho", expresó el preventor que recibió a Jornada en su casa del barrio Unión.

Confesó que "me quiero ir de acá. No puedo vivir así. Si mi nena queda sola debo estar pendiente de si le hacen algo. Así no se puede vivir", indicó.

Luego detalló cómo su hija pudo desanudarse de las ataduras que le causaron los dos delincuentes. "Le ataron con un cargador de celular las manos y con un alargue. Los pies también. Ella quedó muy mal", indicó.

Posteriormente, le contó a este diario que "le pusieron un colchón de los grandes arriba y la asfixiaron. También le pegaron cuchillazos en la cabeza".

Posteriormente, pudo desatarse y fue corriendo hasta la dependencia donde trabaja su mamá que queda a algunas cuadras. En medio del trauma, le contó todo lo que había ocurrido.

EL DINERO

Según dejó trascender el vecino, sospecha que los ladrones contaban con información errónea. Alejandro tiene un automóvil que llevó a reparar.

"Ellos pedían 30 mil pesos. Deben haber pensado que vendí mi auto que siempre lo tengo estacionado en la vereda. Pero está en el taller. La única plata que tenía eran unos pesos para pagar el alquiler de la casa".

Fuente: Jornada

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