Tras el accidente en el pozo petrolero, Manuel Quinteros fue dado de alta

Luego de haber estado más de un mes internado, producto de las quemaduras que le causó la descarga de un transformador de alta tensión -que hacia funcionar un equipo de bombeo de la empresa Patagonia Petrolera SRL- y una segunda internación por una nueva cirugía que le permitirá curar su brazo, Manuel Quinteros, de 11 años, ya se recupera en su casa.

Manuel Quinteros tiene 11 años, asiste a 6º grado en la Escuela 91 de Valle C y le gusta jugar al fútbol, deporte que había comenzado a practicar en el Club Deportivo Las Latas como arquero. Pero por el momento los guantes y los recreos en los pasillos del Ceret, donde funciona ese establecimiento educativo, deberán esperar.
Manuel se debe conformar entonces con las clases domiciliarias que le brindan las profesoras de la Escuela 302 y los partidos de ajedrez junto a su padre, César, y a su amigo, el incondicional que estuvo con él cuando ocurrió el accidente y que intentó salvarlo, pidiendo ayuda para que lo auxilien.
Pasaron dos meses y medio de aquel 8 de marzo cuando el pequeño, luego de un entrenamiento con Las Latas, escaló el cerro con su amigo y en el descampado se electrocutó con un transformador de alta tensión, el cual hacía funcionar un equipo de bombeo de la empresa Patagonia Petrolera SRL.
Manuel se recupera lentamente luego de la última operación que le realizaron hace 12 días para ayudar a que su brazo derecho, el más afectado por la descarga, pueda cicatrizar y continuar con el tratamiento que le ayudará a recuperar movilidad y sensibilidad.
Han sido meses largos para el chico que estuvo internado durante más de un mes, sometiéndose a intervenciones quirúrgicas y curaciones dolorosas. Sin embargo, de a poco todo va mejorando y ahora ya lo puede contar desde su casa, donde se recupera de la cirugía con la que le cosieron el brazo al cuerpo para que drene la sangre y se cure rápidamente.
"Todavía estamos con el tema de poder cicatrizar el brazo. Después eso se va a trabajar con la sensibilidad y la movilidad porque hay muchos de sus dedos que él no mueve. En muy pocas partes tiene sensibilidad”, contó su padre a El Patagónico.
“Va a llevar bastante tiempo, pero él está bastante fuerte, muy contenido. Por ahí pregunta por qué están duros sus dedos, pero nada más. También están yendo las maestras hospitalarias y eso lo ayuda un montón”, agregó.
Ciertamente a Manuel se lo ve bien, cariñoso con su hermana más pequeña; contento por las partidas de ajedrez y extrañando ir a la escuela. Cuenta que por ahí tiene pesadillas por lo ocurrido; que el dolor aparece a veces y que extraña salir a jugar a la calle, pero se lo ve contento.

UNA EMPRESA DE NULAS INVERSIONES
Mientras tanto la causa por el accidente continúa avanzando en la Justicia. Su padre César se presentó como querellante, asesorado por el abogado Gustavo Menna. El objetivo es deslindar responsabilidades y saber quién o quiénes fueron los culpables del accidente que le ocurrió a Manuel, teniendo en cuenta diversas negligencias y faltas de seguridad que se detectaron tanto en los equipos de bombeo como en los transformadores que están instalados alrededor del barrio Laprida.
Por el momento se confirmó que la empresa quitó el transformador donde Manuel se electrocutó, y también que a César, quien denunció que dejaron cables colgando tras quitar el transformador, le adeudan los últimos dos meses de sueldo, ya que paradójicamente él es empleado de la compañía.
“Les han pagado a mis compañeros y a mí no. Este mes no me pagaron, ni una parte ni nada. Por eso quiero ver cuál es mi situación porque sé que mis compañeros están trabajando, pero a mí nunca me han llamado para trabajar y eso que vivo a dos cuadras. La verdad es que la empresa nunca se hizo cargo de nada”, denunció.
Cabe recordar que Patagonia Petrolera es propiedad del empresario italiano Andrea Cattaneo, con acciones de Zenith Energy Limited, una compañía internacional de exploración y explotación de origen canadiense.
La compañía opera principalmente en la zona de Manantial Rosales y Laprida, en los yacimientos Don Ernesto y Don Alberto, donde llegaron a operar más de 25 pozos, aunque en los últimos meses de 2015 solo funcionaban cuatro.
Por eso su producción era mínima, de solo ocho metros cúbicos que eran vendidos a la operadora YPF. Pero la compañía de bandera dejó de comprarle el hidrocarburo por su escasa calidad, derivando en la suspensión de la producción y el abandono de dos áreas, las cuales quedaron completamente inactivas, siendo un peligro para la población, tal como hoy atestigua el caso de Manuel.

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