Tres adolescentes argentinos hicieron historia en las Olimpiadas de Matemática

Lucas de Amorín, Ian Flescher y Julián Masliah, de 17, 16 y 15 años respectivamente, viajaron a Antofagasta, Chile, para representar al país en la XXXI Olimpíada Iberoamericana de Matemática. Fue la mejor actuación en 15 años.

Lucas obtuvo una medalla de oro -nada menos que con puntaje perfecto-, Ian también trajo un oro, y Julián ganó un bronce. Nicolás Cassia, el cuarto integrante de la delegación argentina de un certamen en el que hubo 87 participantes de 22 países, obtuvo una Mención de Honor.

Aunque la competencia es individual y no por equipos, la sumatoria de los puntajes argentinos ubicó al país en el tercer puesto de este medallero, por debajo de Brasil y Perú: es el mejor resultado de los representantes argentinos en los últimos quince años.

"El resultado fue muy bueno, estamos muy orgullosos", dice -y sonríe- Patricia Fauring, jefa de la delegación y miembro desde 1985 de la Fundación Olimpíada Matemática Argentina. Lucas, Ian y Julián la escuchan y también sonríen.

Ian, que obtuvo 39 de 42 puntos en Antofagasta, se emociona: "no esperaba un resultado tan bueno, quedé sorprendido y muy feliz, me da mucho orgullo que me vaya bien en algo que me apasiona". Este año participó también en la Olimpíada Internacional de Matemática -que se hizo en Hong Kong- y en la del Cono Sur -disputada en Buenos Aires-.

Cuando termine la escuela secundaria, cuenta, estudiará Matemática en la UBA, como hizo su mamá: "lo que más me apasiona es pensar en la resolución de problemas que no están en lo cotidiano aun cuando no tengo idea de para dónde ir", dice.

Lucas, que trajo una medalla de bronce de Hong Kong, dice que este gusto por la Matemática "es un hobby como cualquier otro, y a partir de eso podes hacer dos tipos de amigos: los que se interesan por estos temas, y los que no se interesan en absoluto; las Olimpíadas nacionales e internacionales sirven para conocer a los que sí se interesan".

Cuando iba a quinto grado en un una escuela de Wilde, una maestra lo invitó a participar en certámenes de Matemática. "Mi mamá golpeó muchas puertas en la Municipalidad de Avellaneda para que nos ayudaran: media medalla es de ella", dice, y se quiebra.

"Tener un interés en común es una forma de generar una conexión con otro, y en las olimpíadas internacionales además podés conocer la cultura de otros lugares", dice Julián. Fue su hermano mayor, cuando Julián cursaba los primeros grados de la primaria, el que le avisó que a partir de quinto podría participar de certámenes de Matemática.

Ese consejo y la elección muy temprana de un libro con más números que letras son las precuelas de su gusto por la Matemática: "Estoy pensando si me voy a dedicar a alguna rama de las Ciencias Exactas o al piano", cuenta.

El apoyo del Estado, dice Fauring, "siempre es duro: actualmente no hay presencia del Ministerio de Educación de la Nación, aunque sí de algunas provincias o comunas que ayudan a que los chicos viajen; y la Nación sí aparece cuando Argentina es sede de eventos internacionales, pero para el fútbol debe ser más fácil que para nosotros".

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