Trump advierte que EE.UU. no se acercará a Cuba si no llegan cambios a La Habana

"Hablar está bien, pero bajo la Presidencia de Trump se necesitará acción", adelantó su futuro jefe de gabinete del magnate, Reince Priebus.

Mientras aún resonaban las celebraciones del presidente electo estadounidense, Donald Trump, y de su equipo de transición por la muerte de Fidel Castro, el futuro jefe de gabinete del magnate, Reince Priebus, advirtió ayer que el próximo gobierno no continuará el acercamiento con Cuba "si no hay cambios" en La Habana.
"Hablar está bien, pero bajo la Presidencia de Trump se necesitará acción", adelantó el actual presidente del Partido Republicano y futura mano derecha del magnate en la Casa Blanca en una entrevista con la cadena noticias conservadoras Fox News.
Priebus explicó que para tener "relaciones abiertas y libres" el gobierno de Raúl Castro deberá terminar con la represión y la persecución políticas y abrir la economía al libre mercado, según reprodujo la agencia de noticias DPA.
Como ya es costumbre, el futuro jefe de gabinete de Trump no ahondó en iniciativas o promesas concretas; tampoco develó el gran misterio que ronda por estos días en Estados Unidos acerca de si el próximo gobierno mantendrá el giro dado por Barack Obama para descongelar las relaciones bilaterales con la Cuba comunista.
Sobre lo que ya no hay dudas es que, al menos, el tono de las relaciones será mucho más tenso y virulento que con el gobierno saliente de Obama.
El sábado lo demostraron Trump y otros miembros de su equipo de transición cuando con poca diplomacia salieron a festejar la muerte de Fidel Castro, el líder indiscutido de La Habana desde el triunfo de la Revolución en 1959 y un dirigente que influenció el escenario político en el continente americano hasta ahora.
"¡Fidel Castro ha muerto!", celebró Donald Trump en una primera y breve reacción matutina. Después emitió un comunicado en el que calificó al líder cubano de "brutal dictador", que dejó un legado compuesto "de pelotones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y negación de derechos humanos".
"Aunque Cuba sigue siendo una isla totalitaria, tengo esperanza de que el día de hoy marque un alejamiento de los horrores soportados durante mucho tiempo y hacia un futuro en el que el pueblo cubano pueda finalmente vivir en la libertad que tan profusamente se merece", añadió.
Mientras, su vicepresidente, el conservador Mike Pence, no se quedó atrás a la hora de hacer pública su alegría.
"El tirano Castro está muerto. Una nueva esperanza aparece. Estaremos junto al oprimido pueblo cubano por una Cuba libre y democrática. ¡Viva Cuba Libre!", escribió el sábado el vicepresidente electo en su cuenta de Twitter.
La alegría expresada por Trump y su círculo provocaron el repudio de algunos líderes latinoamericanos, en lo que podría marcar el inicio de un nuevo clima de tensión diplomática en la región entre un Estados Unidos con un discurso más virulento y anti inmigrante y el resto del continente.
"Casi todo el mundo llora, hace un homenaje póstumo a Fidel, pero el presidente electo de Estados Unidos con un grupo de personas hace fiesta. No puedo entender y quiero decirles: el fascismo con mucho cinismo festeja la muerte la Fidel", denunció hoy el presidente boliviano Evo Morales en un discurso, según la agencia de noticias EFE.
"Ustedes saben, cuando alguien muere en una comunidad (indígena) no importa si hay problemas, todos nos acompañamos, todos hacemos un homenaje, todos hacemos el entierro", agregó frente a una comunidad indígena aimara y destacó en "la cultura del imperialismo, del capitalismo" ahora hacen "fiesta" por el fallecimiento del líder cubano.
Desde Quito, el presidente Rafael Correa también fustigó a Trump por su reacción ante la muerte de Castro.
El mandatario sostuvo que el mensaje del presidente electo de Estados Unidos son "las palabras de un ignorante" y "una muestra de lo que puede esperar América Latina", según escribió en su cuenta de Twitter.
Trump centró su campaña presidencial en promesas anti inmigratorias, como la construcción de un muro a lo largo de toda la frontera sur con México o la deportación de alrededor de 12 millones de mexicanos, centroamericanos y otros inmigrantes que viven en Estados Unidos ilegalmente.
Por estas promesas lo apoyó una gran parte de la población blanca de zonas urbanas o más relegadas del país, pero también fue clave el voto de la mayoría de la comunidad cubana en el estado de Florida, un sector en el que las críticas a los Castro y al reacercamiento de Obama con La Habana fueron centrales.

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