Trump dijo que si no gana, EE.UU. "se convertirá en Argentina o Venezuela"

Su ya inevitable nominación pone de manifiesto la situación política que vive el país que observa atónito cómo Trump, sin experiencia política previa y basando su discurso en el ataque a la esencia y el corazón del partido por el que se presentó, disfruta de una victoria aplastante.

El candidato republicano a la presidencia de EE.UU., Donald Trump, volvió a generar polémica con unas declaraciones en las que deslizó, de forma despectiva que, si no llega a imponerse en las elecciones, su país "se convertirá en Argentina o Venezuela".
"Si no gano la Casa Blanca, la Corte Suprema se llenará de gente que hará de Estados Unidos una país totalmente diferente, y lo convertirán en Argentina o Venezuela", señaló en una entrevista a la cadena CNBC.
El presidente que sustituya a Barack Obama "tendrá que escoger cuatro o cinco nuevos jueces. Y si no escogemos los jueces correctos, este país cambiará para siempre", subrayó.
"Este país será totalmente diferente. Este país será Argentina, será algo muy diferente de lo que es ahora. Será Venezuela. No tenemos idea de lo que está ocurriendo en la Corte Suprema", advirtió el candidato ultraconservador, quien, sin nombrarlo, aludió al candidato a ocupar el lugar del juez Antonin Scalia, que falleció en febrero, y cuyo reemplazante -propuesto por Obama- todavía no consiguió el aval del Senado.
El magnate republicano tuvo varias frases desafortunadas desde que se decidió a competir por la candidatura presidencial. Luego de dar a conocer sus planes para construir un muro en la frontera con México aseguró que los mexicanos eran "violadores" que llevaban "droga y crimen" a EE.UU.
Además polemizó con el papa Francisco y afirmó que "el Vaticano tiene unos muros muy grandes. Me gustaría usarlos como modelo para el mío. Quiero hacerlo más alto que la Gran Muralla china".
También pidió que se prohíba la entrada a su país de musulmanes por su "odio que va más allá de lo comprensible" y propuso volver a utilizar la técnica del "ahogamiento" con los detenidos, que consiste en verter agua sobre el rostro cubierto con una tela para provocar asfixia.
El triunfo de Donald Trump en Indiana, el pasado martes, y la renuncia de los otros dos precandidatos en carrera -Ted Cruz y John Kasich- están terminando de dar forma al escenario más temido por establishment conservador: que un candidato cuestionado entre otras cosas por sus comentarios xenófobos y homofóbicos encabece la opción de ese partido para competir por la Presidencia de Estados Unidos.
Su ya inevitable nominación pone de manifiesto la situación política que vive el país que observa atónito cómo Trump, sin experiencia política previa y basando su discurso en el ataque a la esencia y el corazón del partido por el que se presentó, disfruta de una victoria aplastante que hace meses, cuando presentó su candidatura, todos creían imposible.
La situación, concuerdan los medios, es fruto de una extensa lista de errores y fracasos en los intentos del núcleo duro de ese partido conservador de detenerlo, que incluyeron desde un manifiesto apoyo a los otros precandidatos hasta echar a correr la idea de una Convención abierta o con otro reglamento, pasando por efímeras alianzas entre el resto de los oponentes republicanos.
Lo concreto es que, tras dejar en el camino a figuras de enorme peso político como Jeb Bush, Marco Rubio, Cruz y Kasich entre otros, el polémico magnate minusvalorado por sus adversarios, caracterizado por éstos como un estrafalario personaje sin capacidad para cargos públicos, ocupa ahora uno de los centros por los que gravita la escena política de la mayor potencia mundial.

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