Turquía busca al atacante de Estambul mientras el ISIS reivindica el atentado

Una de las hipótesis es que el atacante es un hombre de unos 25 años de la región autónoma de Xinjiang, en el noroeste de China, poblada por una minoría musulmana fuertemente reprimida por Beijing. La otra apunta a militantes de Uzbekistán o Kirguizistán, posibles miembros de la misma célula del Estado Islámico que cometió en junio el atentado contra el aeropuerto internacional de la capital turca y mató a 45 personas.

Casi dos días después de la masacre cometida en un glamoroso boliche de Estambul, las autoridades turcas continúan buscando frenéticamente al atacante y sólo anunciaron la detención de 12 personas presuntamente vinculadas al atentado, que fue reivindicado ayer por la milicia Estado Islámico (EI).
El viceprimer ministro de Turquía, Numan Kurtulmus, informó que la investigación está avanzando y que los servicios de inteligencia tienen "pistas sobre las huellas dactilares y la apariencia" del sospechoso. Poco después, la Policía nacional publicó una foto del presunto atacante, una imagen muy pixelada en la que apenas se entiende a un hombre de pelo negro y tez clara.
Según los medios locales, la Policía nacional estaría detrás de dos hipótesis.
La primera es que el atacante es un hombre de unos 25 años de la región autónoma de Xinjiang, en el noroeste de China, poblada mayoritariamente por uigures, una minoría musulmana fuertemente reprimida por Beijing que en los últimos años ha presentado resistencia a través de una ola esporádica de atentados con cuchillos en estaciones de trenes del país, según la agencia de noticias EFE.
La otra hipótesis apunta a militantes de Uzbekistán o Kirguizistán, posibles miembros de la misma célula del EI que cometió en junio pasado el atentado contra el aeropuerto internacional de Estambul y mató a 45 personas.
El EI, una milicia que nació en Irak durante la ocupación estadounidense y creció en la vecina Siria al calor de la guerra civil, reivindicó la autoría del atentado en el boliche de Estambul, en la noche de Año Nuevo, y explicó que fue en "venganza" por los ataques del Ejército turco en Siria.
"Que el gobierno apóstata de Turquía sepa que la sangre de los musulmanes que se está derramando por los bombardeos de sus aviones va a convertirse en fuego en su propia casa", amenazó la milicia extremistas en su comunicado difundido en internet.
Desde Ankara, Kurtulmus no confirmó la autenticidad del comunicado del EI, pero sí ratificó que su gobierno continuará peleando en Siria, país al que el Ejército turco bombardea desde el aire hace varios años e invadió por tierra hace sólo unos meses.
Según denunció el domingo el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una organización pro opositora con sede en Londres y una vasta red de contactos en el terreno, la ofensiva de Turquía en el país vecino ya dejó un saldo de 277 civiles muertos.
Mientras tanto, dentro del territorio turco, unas 300 personas murieron en 2016 en atentados cometidos supuestamente por el EI y por el TAK, un grupo escindido de la guerrilla independentista kurda Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).
El gobierno turco había desplegado alrededor de 25.000 miembros de las fuerzas de seguridad en la noche de año nuevo para prevenir nuevos ataques o atentados.
No obstante, un hombre con un arma automática logró entrar a uno de los boliches más exclusivos y conocidos de Estambul, sobre la vera europea del río Bósforo, y abrió fuego indiscriminadamente contra las cientos de personas que festejaban allí el Año Nuevo.
Al menos 39 murieron y cerca de 70 resultaron heridas. La mayoría de las víctimas fatales eran extranjeras, entre ellas tres libaneses, un indio, una franco-tunecina, cinco sauditas y una palestina-israelí.
Los gobiernos de Libia y Marruecos también anunciaron que hay ciudadanos suyos entre las víctimas.

SOLITARIO ATACANTE

Varios medios turcos comenzaron ayer a revelar detalles del atentado, aunque la Policía aún se niega a confirmar lo que pasó.
Según el diario HaberTürk, el atacante, quien llegó al boliche en taxi y se bajó unas cuadras antes por el tráfico que había, llegó a disparar hasta 180 balas -seis cargadores- antes de abandonar su arma en el local y lograr escapar.
Vestido con camisa verde, pantalones oscuros y botas negras, comenzó a disparar en el piso superior y continuó en la planta baja, donde remató a varias personas que yacían en el piso con tiros en la cabeza.
Las versiones periodísticas sostienen que, en medio del caos provocado por su tiroteo, pudo cambiarse la ropa, pasar desapercibido entre la gente que salía corriendo del boliche. Ningún testigo hasta ahora ha recordado verlo escapar.
Además, el modo en que se lo ve manejando la ametralladora en las grabaciones de las cámaras de vigilancia hace sospechar que podría contar con algún tipo de entrenamiento.
Mientras el gobierno anunciaba la detención de doce sospechosos de estar vinculados con el atentado en el boliche y comenzaban los funerales de las víctimas turcas, la oposición denunciaba que la Policía también había arrestado a una joven, luego de que publicara un video en el que se la ve discutiendo con amigos sobre el peligro que supone el EI en Turquía.
La joven, Aysegül Basar, integra la ONG Halkevleri, es periodista, y cumple una pasantía en el diario Cumhüriyet, según informó ese mismo medio.
En el vídeo aparece Basar junto a otros compañeros en un café de Estambul, advirtiendo del "peligro del fanatismo y del Estado Islámico en Turquía" y haciendo hincapié en "la importancia del secularismo".
Tras la detención de la joven, un diputado de la principal fuerza opositora del país, el socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo, Baris Yarkadas, denunció una creciente persecución política por parte del Estado.
"¿Cuál es el delito que ha cometido Aysegül Basar? ¿Qué le van a preguntar? Quieren intimidar a la gente", increpó el dirigente opositor en su Twitter.
La ola de atentados en Turquía coincide con la purga y las detenciones masivas de presuntos opositores que comenzó después del golpe de Estado fallido de mediados de 2016. Desde entonces, 41.326 personas fueron arrestadas y decenas de miles perdieron sus trabajos por supuestos vínculos con la intentona cívico-militar.

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