Un centenar de bomberos despidieron a dos de las víctimas de la masacre de Standart

Anabella, una de las sobrevivientes, participó ayer del sepelio de su madre Lidia Peralta y de su hermano Gustavo Contreras. La acompañaron cientos de bomberos de los distintos destacamentos que quisieron despedir a Gustavo, voluntario del Destacamento 2. Su tío Oscar Peralta, quien llegó desde Bahía Blanca, recibió su casco. Cuestionó que si hay un responsable que pudo haber evitado la tragedia familiar fue la Prefectura Naval, "porque le devolvió el arma a alguien que no estaba bien psicológicamente".

A las 3:30 de ayer el Hospital Regional confirmó el fallecimiento de Yasmin Espinoza. La adolescente permanecía en coma desde la madrugada de lunes.
Con su muerte terminaron siendo tres las personas asesinadas por el prefecto Osvaldo Soria (45), quien irrumpió con su arma de servicio en la casa de su ex concubina Fabiana Cárdenas en el barrio Standart Centro y acabó con las vidas de Lidia Peralta (54) y Gustavo Contreras (29) –madre y hermano de la mujer- además de dejar malheridos a los dos hijos de su ex pareja, Yasmin (14) y Lautaro (16). Este último se recupera en el Hospital Regional y ya se encuentra fuera de riesgo vital.
Yasmin era estudiante de la Escuela 707 "Ciudad de Yapeyú" y jugadora de hándbol del club Petroquímica. Ayer la institución deportiva suspendió las actividades por la irreparable pérdida de su jugadora. También llegó su padre desde Buenos Aires.
Al llegar al lugar de la tragedia tras el alerta de los vecinos, la policía de la Comisaría de Kilómetro 8 había encontrado a la adolescente sobre un pasillo de la vivienda con un tiro en el cráneo, con orificio de entrada y salida.
De acuerdo a la reconstrucción efectuada por la Justicia, Soria entró por la ventana del comedor. Se dirigió a la habitación de Gustavo y lo asesinó de dos disparos, uno en el tórax y otro en la ingle. Luego le pegó un culatazo en la cabeza a su ex pareja –quien se hallaba con los hijos de ambos, de 8 y 9 años- y siguió su recorrido por la casa para asesinar de dos tiros a su ex suegra Lidia, quien descansaba en su cama.
Además de asestarle un tiro en la cabeza a Yasmin, hirió de tres disparos a Lautaro, quien alcanzó a escapar de la vivienda. Soria dejó una última bala y se voló la cabeza cerca del lugar por el que había ingresado.
Mientras se conocía ayer por la madrugada la triste noticia de la muerte de Yasmin, ya un centenar de personas velaban a Lidia y a Gustavo en la sala que la Sociedad Cooperativa Popular Limitada tiene en Kilómetro 8.
Allí estaba la novia de Gustavo, quien contó que hace seis meses que salían y que el día anterior a su muerte habían estado hablando de los proyectos que tenían en común. "Era muy reservado", explicó. Es que nunca dejó entrever los conflictos de su familia con Soria por las amenazas que recibía su hermana.

ENTERRAR A SU MADRE Y HERMANO
La que despidió ayer los restos de su madre y su hermano fue Anabella, la mujer que estaba presente en la casa en la madrugada del lunes y que salvó su vida. Creen que Soria también le disparó, pero no tuvo puntería.
Anabella dormía esa madrugada con su hijo de seis años en una de las habitaciones de la casa y ayer permanecía en un estado de shock, monitoreada por un enfermero que le tomaba la presión arterial en todo momento. "Está alta" decía el enfermero afuera de la sala. "Hay que medicarla".
Es que mientras Anabella despedía los restos de su madre y de su hermano, se enteraba también del fallecimiento de su sobrina, Yasmin. Tres pérdidas juntas. Todos arrebatados de una manera violenta. Estuvo en todo momento contenida por sus amigas. La acompañaba además su tío Oscar Peralta quien llegó el lunes por la noche desde Bahía Blanca.
También estaban presentes en el velorio un centenar de bomberos voluntarios. Gustavo había realizado una guardia de doce horas en el Destacamento 2 el domingo. Había conectado la red de internet inalámbrica en el cuartel. Era el electricista del cuartel y trabajaba en una empresa de alarmas.
Ayer todos sus compañeros lo despidieron con un aplauso. Lo cargaron en el móvil 11 "que a él tanto le gustaba", recordaron.
Carlos Marcolla, el presidente de la Asociación de Bomberos de Comodoro Rivadavia, lamentó la pérdida que dijo es "inentendible". Cinco autobombas acompañaron el cortejo fúnebre.
El jefe de Bomberos, Gabino Abejer, pidió aplausos para madre e hijo, y le entregaron el casco de Gustavo a Oscar, el tío del bombero.

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