Un libro sobre los campos de concentración recupera testimonios de víctimas y verdugos

Aporta claridad sobre zonas hasta ahora difusas como la manera en que se vincularon la explotación industrial del trabajo esclavo con el exterminio de cerca de dos millones de personas.

El historiador alemán Nikolaus Wachsmann rastrea en "KL. Una historia de los campos de concentración nazis" el origen de estos emblemas del horror desde sus comienzos en 1933 hasta su extinción en la primavera de 1945, iluminando zonas hasta ahora difusas como la manera en que se vincularon la explotación industrial del trabajo esclavo con el exterminio de cerca de dos millones de personas.
A pesar de que sobre el nazismo y sus secuelas se ha indagado más que sobre cualquier otro período de la historia, no había surgido hasta el momento ningún texto que analizara en exclusividad su evolución a través del tiempo y la experiencia de las víctimas y los verdugos que habitaron Sus espacios.
Con el propósito de reparar esa omisión, Wachsmann emprende en esta obra publicada por el sello Crítica un documentado recorrido donde describe el circuito de la vida y la muerte en estos tenebrosos espacios y registra las transformaciones que se produjeron en ellos al calor de los cambios políticos y sociales introducidos por el régimen nazi.
A través de más de 800 páginas, la obra da cuenta de la configuración de los campos de concentración durante los 12 años de gobierno del Tercer Reich y despeja dudas en torno a una serie de espacios que no pertenecen a esta categoría, como los campamentos de Treblinka y Sobibor, creados con la excluyente misión del exterminio.
La disquisición de Wachsmann entre campos de concentración y campos de exterminio es clara: en los primeros murió gran cantidad de gente por hambre, enfermedades o exceso de trabajo, pero el asesinato no fue el único propósito, como sí aconteció con los segundos.
El historiador alemán se ha pasado los últimos diez años dedicado a la investigación de este tema, que en su texto se enriquece a partir del contrapunto entre los tramos de descripciones documentadas y las historias personales de las víctimas y sus torturadores.
Según Wachsmann, los campos se propagaron después de que los nazis tomaran el poder en 1933 con el objetivo de amedrentar a los opositores políticos y rápidamente burlaron los incipientes controles estatales para vulnerar todo límite: al llegar 1945 había más de 700.000 prisioneros en más de 500 campamentos y campos de "satélites".
El historiador alemán explica cómo las SS de Heinrich Himmler tomaron el control del sistema de campos de concentración y lo pusieron al servicio del hostigamiento a comunistas, homosexuales, judíos y prisioneros de guerra rusos, polacos.
Wachsmann describe en su texto todo un catálogo de atrocidades como la existencia de los "comando de pie", una modalidad que obligaba a todos los prisioneros sin trabajo asignado a permanecer de pie todo el dí­a dentro de un reciento lleno de gente, al tiempo que los niños que eran demasiado jóvenes para trabajar debían marchar en círculos todo el día.
El investigador sostiene que los campos de concentración nazis tuvieron en su origen una finalidad ligada a funcionar como "herramientas de opresión", pero a medida que crecieron naturalizaron métodos cada vez más extremos de crueldad que sumergieron a la víctima y al agresor con su monstruosidad.
Como era previsible, Wachsmann pone el foco en Auschwitz, el principal entre los 27 campos testimoniados y aquel cuya maquinaria de exterminio permaneció intacta para estudiar y fotografiar.
El historiador documenta que el campo inaugurado en junio de 1940 fue letal desde sus inicios: de los 147.000 polacos enviados a Auschwitz, 74.000 murieron, más que el número total de presos, que murieron en cualquier otro campo, con la excepción de Mauthausen y posiblemente Majdanek.
Según explica Wachsmann, los campos nazis no fueron mecanismos perfectamente engrasados desde su origen, ni mucho menos las eficaces máquinas de terror y crimen masivo que llegaron a ser durante la guerra.
"Se puede comprender la evolución del nazismo en paralelo a la evolución de los campos de concentración -explica el historiador alemán en su texto-. Estos reflejaban sus cambiantes objetivos, ambiciones y obsesiones: desde la erradicación de los opositores polí­ticos y los marginados sociales (como mendigos y delincuentes) antes de la guerra, a la conquista, el genocidio y el trabajo esclavo durante la misma".

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