Un trabajo sacrificado

El oficio de los zapateros no es una tarea fácil de cumplir, pero a pesar de que es cada vez menos demandado, siguen existiendo clientes que buscan sus servicios. "Vos podés ir a cualquier parte y tenés trabajo seguro porque es un oficio que de a poco se ha ido perdiendo", analiza Jorge Luna.

Su historia como zapatero comenzó cuando decidió buscar un trabajo que le ayudara a complementar con otro ingreso lo poco que ganaba en una vidriería de esta ciudad. Fue en una pequeña zapatería de Kilómetro 3 donde forjó sus primeras armas y empezó a entender de qué se trataba este oficio.
"Yo salía de la vidriería y me iba derecho a la zapatería. Era una forma de poder ganar un par de mangos más porque estaba todo muy difícil", recuerda Luna. El paso de los años no solo le permitió juntar dinero extra sino reunir suficiente experiencia para animarse a comprarle el negocio a quien era hasta ese entonces su empleador y maestro del oficio.
"En aquellos tiempos para el ayudante de zapatero no era un trabajo muy bien pago y tenías que rebuscártelas, por eso decidí comprarle el negocio. Además, ya estaba bastante canchero con todas las herramientas", asegura.
Luna argumenta que en su zapatería "tenía laburo a full, traían zapatos de todos lados, Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras. Hasta de Rawson recibía zapatos pero era muy cansador porque laburaba de 9 a 0 todos los días y prácticamente vivía ahí adentro", recuerda.
A las largas horas de trabajo hay que sumarle los problemas de salud que comenzó a tener ya que por las noches "cuando me iba a dormir sentía que se me cerraba el pecho y no podía respirar".
Estas complicaciones incidieron en que decidiera cambiar de actividad, aunque por necesidad de vez en cuando vuelve a ejercer el oficio de zapatero. "Es algo muy bueno este oficio porque te abre las puertas en cualquier lado", afirma.
"Me quedan algunas cosas para trabajar. No he vendido todas las herramientas. Estoy cansado del oficio, pero soy agradecido porque siempre me dio de comer. Por ahí arreglo algún calzado a algún pariente o conocido, pero nada más", subraya.
Desde su regreso a Comodoro Rivadavia después de vivir en Río Negro, logró ingresar a una empresa petrolera y tener un sueldo seguro, pero considera que si algún día se queda sin trabajo volvería abrir una zapatería porque "deja plata y principalmente es un lindo oficio para aprenderlo y ejercerlo, pero esta vez tomaría otros recaudos por mi salud", aclara.

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