Una discusión histérica sobre un tema de fondo

Como en casi cada ciclo de gobierno o de campaña política, la coparticipación interna de los ingresos que recibe la provincia y que luego esta distribuye entre los municipios volvió a ocupar desde la semana pasada un lugar importante en la agenda política y periodística que, como siempre sucede, se nutrió con declaraciones por las que cada uno dijo lo suyo y que, curiosamente, no era lo mismo que decían antes del 10 de diciembre, cuando ocupaban distintos lugares del mostrador.
La discusión sobre la coparticipación interna de los recursos federales es tan vieja como repetida y el resultado del "debate", sigue siendo siempre el mismo porque en realidad nunca hubo debate. El tema ocupa la atención de todos un tiempo importante, ese en el que cada uno dice lo suyo y busca forzar algunas situaciones y luego todo queda en la nada, hasta que en un momento clásico de nuestra política los intercambios de opinión y de posiciones vuelven a resurgir.
Haciendo un rápido sobrevuelo sobre la historia reciente de este debate, hay que decir que ese resultado y las posiciones antagónicas que surgen de momentos y situaciones políticas, no por la intención de buscar un mejor y más equitativo sistema de distribución de ingresos, se vienen repitiendo –como mínimo- desde el primer gobierno de Carlos Maestro (UCR), de 1991 en adelante.
Es muy probable, está claro, que también antes se haya dado esta discusión, con el mismo resultado, pero desde los 90 para acá el tema es un clásico que, como se vio, cruza gobiernos, partidos políticos y ofrece siempre ese lamentable cambio de posición de los protagonistas que se ubican en el discurso (para cambiar o para dejar el actual sistema) de acuerdo a si –en ese momento- son oficialismo u oposición.
Para ser más claro: el que está en función de gobierno no quiere ceder ni un ápice del 84% de los recursos que se queda la provincia, que coparticipa solo el 16%, que pretende -en consecuencia- manejar a sus anchas, algo que puede resultar positivo si se tiene desde el gobierno central un plan de obras equitativo, que también pasa por medir las necesidades de cada una de las localidades; o absolutamente nocivo, como sucede en la mayoría de las ocasiones si es que lo único que se tiene es un deseo de manejar a piacere la billetera, y con ello las voluntades políticas de los intendentes.
En esto no hay ningún partido que pueda tirar la primera piedra ya que todos, salvo alguna revuelta o posición que surgió más de la interna que de una sana búsqueda, mantuvieron el actual sistema de coparticipación y manejo de fondos, que es inalterable, más allá de que por el gobierno de la provincia del Chubut hayan pasado: radicales, radicales más o menos, peronistas, peronistas más o menos, peronistas k, y ahora chusotistas.
Ninguno de los que llega al gobierno de Fontana quiere, parece, perder el manejo de los fondos y el protagonismo que esto representa, y por más que se enoje quien se enoje las pruebas están a la vista porque el sistema de distribución nunca se modificó porque jamás, y pese a los varios intentos, hubo ánimo de construcción sino de destrucción.
Comodoro Rivadavia, pese a recibir, por lógica, por historia y por presente, la mayoría (el 40%) del 16% que Provincia coparticipa con los municipios, siempre fue el que empujó el debate y por ende el que recibió el primer palazo desde el gobierno central que, en lugar de comprender que lo que se busca es incrementar el 16% con algunos puntos más del 84%, siempre (y sin importar quien haya estado gobernando) apeló a asegurar que, en caso de modificarse los porcentajes, quien más iba a perder es quien más recibe, cosa que es absolutamente falsa porque, una vez más hay que recordar, lo que se plantea es aumentar el porcentaje que reciben los municipios; por lo tanto todos ellos recibirán más.
El gobernador de turno, además de ensayar esta explicación absurda para frenar el cambio, siempre logró que el resto de los municipios mire para otro lado o, en concreto, se oponga a la modificación, postura que surgió siempre o de un temor reverencial que algunos siempre tienen para quien manda, o de un disciplinamiento político, que es tan cierto como absurdo ya que, se supone, cada jefe comunal fue puesto en ese lugar por la gente para defender, en primera instancia, a su ciudad.
Ahora bien, "como te digo una cosa te digo la otra", desde el otro lado del mostrador la discusión también tiene que plantearse seriamente, es decir prescindiendo de momentos políticos y de intereses partidarios que cuando están por encima de los generales son malos y sectarios.
En 2014, cuando Puerto Madryn estaba literalmente en llamas por una profunda crisis institucional, política y económica, el debate por la coparticipación resurgió y prendió de tal manera que en lugar de un proyecto, el inicialmente presentado por Jerónimo García de Chubut Somos Todos, se generaron 3, para finalmente no tratarse ninguno ya que el gobernador Martín Buzzi optó por establecer un cambio coyuntural, aumentando la distribución de manera momentánea para Madryn y otras comunas, con la promesa de discutir un cambio general en 2015, año que transcurrió con mucho ruido y definiciones políticas, pero que pasó sin que el tema haya vuelto a discutirse.
En aquel entonces, como ahora, escribimos y sostenemos que el cambio de coparticipación debe darse y que el mismo, como todos dicen en los discursos pero luego nunca bajan a la práctica, tiene que partir de una discusión sincera, más técnica que política-partidaria; más cierta que fantasiosa; más concreta que abstracta y más racional que histérica.
El gobernador que decida avanzar y definir esa discusión podrá haber perdido el poder que pasa por el manejo de la chequera, pero sin dudas habrá pasado a la historia por haber pensado y definido una provincia con un gobierno central fuerte, como también debe ser, pero apoyado en un manejo federal interno de los recursos y de las obras que surgen de ellos.
Hasta ahora todos priorizaron la chequera en lugar del gobierno federal, y el futuro político que la historia grande que, a diferencia de lo que puede pasar en la siguiente elección, es permanente e inmodificable, escriba quien la escriba.

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