Una de las víctimas se defendió pegándole con un hierro y en la huida al asaltante se le cayó el 38

Faldín no lo pensó demasiado al ver a su esposa en peligro. Reaccionó golpeando con un hierro que tenía a mano a los dos delincuentes que el miércoles a las 22:05 asaltaron su almacén en la calle Código 478 y Chile. Uno de ellos había sacado un revólver calibre 38 y le exigía a Fidelia que pusiera la recaudación del día en la mochila que le mostraba. El asaltante gatilló al menos tres veces y la bala no salió. En la huida al ladrón se le calló el arma en la calle.

Faldín (73) y Fidelia (59) integran un matrimonio boliviano que con mucho sacrificio tiene un comercio en Código 478 y Chile en el barrio Abel Amaya. No es la primera vez que se enfrentan a los delincuentes que han querido llevarles el dinero fruto de su trabajo.
El miércoles a las 22:05 se resistieron a dos asaltantes, pese a que uno de ellos estaba armado. Fidelia no le entregó la plata al ladrón que la apuntaba con un revólver calibre 38 y que le exigía que colocara en una mochila el dinero de la recaudación. Detrás del mostrador la mujer fue tajante, le dijo que no tenía plata.
El delincuente, que estaba acompañado de un cómplice, se puso nervioso y comenzó a gatillar. Fidelia relató a El Patagónico que el asaltante estaba encapuchado y que gatillaba y gatillaba, pero que la bala por fortuna no salió.
Fidelia se acuerda y llora. Le duele el pecho. Es la angustia por el mal momento que le tocó vivir.
Faldín cuenta que él no lo dudó. Cuando el delincuente le apuntó a su esposa y le gatilló, él tomó un hierro que tiene detrás de la puerta y primero le pegó en los talones al cómplice, quien salió corriendo. Al otro, el que estaba armado, le pegó en la mano con la que empuñaba el arma.
Faldín lo siguió y en la vereda su hijo que estaba estacionando el vehículo interceptó al ladrón con otro hierro. Entre ambos lograron pegarle un par de golpes al ladrón, quien abandonó el arma y la mochila en el lugar. Luego corrió hacia avenida Corti en donde aparentemente lo esperaba un vehículo. "Yo no pido justicia, yo lo agarro acá dentro y lo mato. Yo cierro y lo mato", reiteraba Faldín.
Personal de la Seccional Quinta y la Policía Científica levantaron el arma que terminó con una cacha destrozada. Dicen que el revólver tenía cinco municiones. No se explican cómo es el que el proyectil no salió. Ahora será esa la tarea de los peritos.
Ayer a la mañana el matrimonio boliviano todavía se encontraba afectado por la situación. Faldín abría la puerta para fijarse quién era y a la mayoría le decía que el negocio estaba cerrado.
Cuando ingresó un joven con gorrita, pañuelo y vestimenta sport, Fidelia fue tajante con un "no" ante el pedido de que le diera cambio de dinero. El miedo los hacía desconfiar.
La mujer dice que suele darle pan y frutas que le sobran a los jóvenes que van al negocio y les piden, pero que ya le han intentado llevarse cervezas sin pagar.
Incluso la familia ya fue víctima de un violento asalto en la que a uno de los hijos le pegaron un tiro en una pierna. "Querían plata y entrar a la casa" recuerda Faldín.
Fidelia confesó que anteanoche llegaba a tener un arma a su lado, "a los dos los mato, yo no les tengo miedo".
Faldín agregó: "yo lo quería agarrar de su pie y atarlo al caño hasta que llegue la policía".
"Son jóvenes, pueden trabajar, ¿cómo van a robar?", se preguntaba Fidelia.

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