Una mamá todo terreno que se hace tiempo para entrenar a la par de su hija

Lorena Hernández tiene tres hijas Romina (5), Vanina (11) y Tamara (14). Las acompaña en el día a día, y este año comenzó a entrenar hóckey en el club Próspero Palazzo junto a la mayor de sus nenas, pero a la vez acompaña a las más chicas que practican danza jazz. "Trato de estar en todo, no soy perfecta, pero me gusta estar con ellas en lo que hacen. Las llevo, las traigo y las acompaño en las disciplinas que ellas eligieron", reconoce con una sonrisa.

De las 24 horas que tiene el día, Lorena Hernández (39) tiene dos horas que se dedica a ella dos veces por semana, los lunes y miércoles para practicar hóckey. Madre de tres hijas: Tamara (14), Vanina (11) y Romina (5) invierte su tiempo en ellas, y en su familia que construye con Mauro, su marido desde hace 18 años.
Como la mayoría de las madres está (o trata de estar) en casi todo. Los horarios de sus tres hijas pero los quehaceres de la casa no le quitan las ganas de ir a entrenar dos veces por semana a hóckey en el club Palazzo.
Lorena recibió a El Patagónico en su casa para compartir su historia, que es muy similar a muchas madres que tienen las mismas responsabilidades, y sigue haciéndose su tiempo para practicar un deporte, y en su caso compartir los entrenamientos con su hija más grande.
"Mi marido trabaja y yo me organizo a la mañana con ellas tres. A la mañana las llevo a la escuela, las busco, voy a comprar las cosas de la casa y cocino, pero hay dos días a la semana que entreno. Esos días dejo la comida preparada para que cenen si está Mauro (su marido) y si no las llevo a las más chicas a la casa de mi suegra mientras vamos a entrenar, y las paso a buscar a la vuelta", apunta Lorena mientras prepara el mate.
Si bien nunca había practicado hóckey, en la familia se sigue la disciplina y se está atento a cada presentación de Las Leonas, Los Leones, como así también a la selección argentina de fútbol y el automovilismo.
La más grande de las tres hijas corrió en kárting hasta el año pasado, y Lorena estuvo cerca acompañándola, como a sus dos hijas más chicas con el baile y la danza jazz.
"Tamara que es la más grande empezó a jugar a los 8 años en Calafate al hóckey, pero después dejó y Vanina cuando tenía 4 años salía de danza clásica y se cambiaba en el auto. Con rodete se ponía las canilleras, botines y nos íbamos a practicar hóckey, pero después se aburrió y no fuimos más", recuerda sonriente mientras convida el mate y pregunta por la temperatura del agua.
En su casa, las paredes están adornadas con cuadros de sus hijas. De presentaciones en diferentes bailes, como así también en el kartódromo de zona norte. "Con Tamara en el kárting fue diferente porque ella siempre mostró interés, y con Mauro vimos que a ella eso le gustaba. Cuando la vi practicar y después de ir a ver una carrera, dijimos que sí, que estaba para correr y ahí comenzamos a compartir los fines de semana en el kartódromo. Muchas veces nos dividíamos porque había presentación de las más chicas y también carreras", relató.

SALIR DE LA RUTINA

Lorena y Mauro, como la mayoría de las familias, arranca bien temprano el día, y por eso no es fácil llegar a las 20 horas con pilas para ir a entrenar, pero ella entiende que ese es su espacio, donde deja de ser mamá, y es mujer.
"La rutina arranca a las 7:20 con Tamara a km 5, vuelvo la llevo a Vanina que entra 7:50 a la escuela del barrio, y después al jardín a Romina. Los cinco días de la semana es así, después las busco, preparo el almuerzo, y así", relata sobre su vida, pero resalta que "el único tiempo que tengo es el de entrenamiento a la noche y trato de respetarlo. De darle el valor que tiene para mí. Después en la semana a veces hay que ir al dentista, o al pediatra, o algún imprevisto en los horarios, y estamos con ellas. Por eso, los lunes y miércoles al entrenamiento en Palazzo no faltamos nunca porque me sirve mucho para despejarme", subrayó.
Los entrenamientos de hóckey comenzaron a principio de año, y hubo un parate en el invierno, pero ahora retomaron con más ganas que antes y se sumaron más chicas. Hay una profe nueva y ya son alrededor de 15 mujeres.
"Está muy bueno el ambiente porque hay momentos de risa, y momentos donde hay que enfocarse en el entrenamiento. Ya realizamos un amistoso frente a Comodoro y nos sirvió para ir acomodándonos en la cancha. Yo comencé como defensora, pero mucho no me gusta, me gusta más estar adelante", afirmó con sinceridad.

DIA DE LA MADRE ENTRE KARTODROMO Y BAILE

Lorena está encima de sus hijas y trata de acompañarlas en todo sentido. Con una palabra de aliento, pero también cuando falta un detalle para que las dos más chicas puedan salir a escena para bailar y disfrutar su actividad.
Por esa razón, le ha tocado pasar días de la madre en diferentes lugares, y los disfrutó de la misma manera. "Días de la madre en el kartódromo lo vivimos dos veces. Varias veces nos tocó estar con ellas en alguna disciplina. Una vez me tocó estar en Buenos Aires en un Nacional, y mi marido acá en el kartódromo", recordó con una carcajada.
Sin embargo, hoy será diferente. Al menos en la previa lo vive más relajada que en otras oportunidades. "La vamos a pasar en familia y repartiendo los tiempos. Tengo a mi mamá, y vamos a ir un rato y después a lo de mi suegra también, pero juntos. No hay actividad deportiva, y lo vamos a compartir de otra forma", acotó.
Mientras cambia la yerba del mate, piensa la respuesta unos segundos. "Que es ser mamá? Creo que hay algunas mamás que hacen un poquito más que yo porque trabajan, y hacen las cosas de la casa, pero ser mamá es acompañar a mis hijas, estar en mi casa y que cuando ellas lleguen esté yo en casa y les pueda servir un té por ejemplo como me lo hacían a mí. Abrir la puerta y que esté tu mamá. Tener la comida lista cuando vienen a casa, estar cuando me necesiten, que confíen en mí. De compartir tiempo con ellas", resaltó Lorena.
Sus hijas la rodean, y la más grande de las tres acota: "para mí, es todo mi mamá. Siempre está, es re compañera, y siento que me apoya en todo lo que hago", mientras que Vanina deja de lado el celular que tiene en su mano y asegura: "mi mamá esta siempre. En todo lo que yo necesito, siempre está".
Lorena reconoce que no tiene el manual de madre aprendido, y admite que se equivoca, pero trata de corregir errores. "No soy perfecta como madre, y tengo mis errores. Cuando considero que estuve mal, pido disculpas. A veces las reté en algo que no tenía nada que ver, o no era tan importante. Creo que porque sean mis hijas no le tengo que pedir perdón. Entiendo que hay que enseñarles a ellas a reconocer los errores y les inculco que hay que pedir disculpas, y que de los errores se aprende. Si ellas lo ven en mí, seguro lo van a captar".
Luego de ir a buscar a Romina al jardín, a Vanina a la escuela y a Tamara al colegio, muchas veces termina la jornada agotada y con pocas ganas de subirse al auto e ir hasta Palazzo, pero recapacita y busca su espacio para disfrutarlo. "Hay veces que me canso y no tengo ganas de ir a entrenar, obviamente. Hay veces que me dan ganas de quedarme en casa, no miro televisión, pero en casa, y después pienso que es un momento para mí, y lo tomo con responsabilidad para que esto siga adelante. La intención es poder formar el equipo para competir en los torneos", concluyó.

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