Veteranos de Comodoro volvieron de Malvinas con la satisfacción del deber cumplido

Juan Pérez y Tito Nievas regresaron el domingo a la noche de Malvinas, donde si bien pudieron cerrar una parte de su historia, los hicieron sentir como verdaderos "extranjeros-invasores". Pese a esa sensación incómoda y permanente, los comodorenses regresaron a la ciudad con la satisfacción del deber cumplido.

Los veteranos de guerra de Comodoro Rivadavia, Juan Pérez y Tito Nievas, volvieron el domingo a la noche luego de permanecer una semana en Malvinas, ese territorio que defendieron en la guerra de 1982, y al que regresaron 34 años después tras analizarlo durante mucho tiempo.
Volver a Malvinas con pasaporte, permiso especial y un ajustado protocolo de reglas a seguir, no es fácil para nadie, pero menos para aquellos "pibes" que en 1982, sin proponérselo ni prestar conformidad, fueron llevados a esa guerra que los cambió a ellos por completo y también a gran parte de la historia.

TAN CERCA, TAN LEJOS
"Estamos un poco cansados por el viaje, pero muy satisfechos. Fuimos a cumplir un objetivo que por un lado tenía una cuestión personal, pero tenía mucho del grupo y de los veteranos en general. Fuimos para rendir homenaje, y pese a todo lo pudimos hacer", señaló Juan Pérez en los estudios de Radio Del Mar.
Tito fue quien trajo al Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Comodoro su idea y decisión de volver a Malvinas. "Yo sentí que era ahora o nunca. La vida se nos pasa y yo en lo particular no podía seguir esperando hasta que vuelvan a ser argentinas, algo que ahora la verdad vi como muy lejano", acotó con un tono seguro y amargo a la vez.
Juan agregó que, pese al tono respetuoso de los kelpers, "en todo momento nos hicieron sentir como extranjeros, pero no como cualquier extranjero, sino como argentinos. Sinceramente no quieren saber nada con los argentinos y eso nos lo hicieron sentir de todas las maneras posibles".

NI LA TIERRA
NI LAS PIEDRAS
Ese rigor frío lo notaron "durante todo el viaje", pero sobre todo a la hora de embarcar, ya que mientras visitantes de otras nacionalidades subían al avión como si nada, a los argentinos se les hizo una rigurosa revisión.
"Nos 'cachearon' como si tuviéramos armas y nos revisaron absolutamente toda la valija. A mí me sacaron las piedras, la tierra y hasta el agua que traía de recuerdo. Fue bastante duro y curioso porque por más que íbamos preparados, no nos imaginábamos esto. Igual no me pregunten cómo, pero la tierra la recuperé y el agua la compré en un kiosco que estaba luego de los controles", comentó Tito.
Durante la semana que pasó se suscitó un problema cuando una persona de la delegación, que no era veterano, decidió dar una vuelta en bicicleta por el pueblo con una bandera argentina. "Cuando llegó al hotel lo estaban esperando porque la policía había recibido más de 10 llamados de los kelpers que estaban molestos con lo sucedido. Lo único que puedo decir, como bueno, es que ellos jamás se olvidan de lo que somos y de lo que representamos, y lo malo es que ese odio es fomentado por la comunidad chilena, que vive allí y es numerosa. Me duele decirlo, pero es así", describió Tito.
LAS POSICIONES
Y EL CEMENTERIO
La parte más emotiva del viaje fue cuando los veteranos recorrieron los lugares donde combatieron, uno en el aeropuerto y otro en Moody Brook (Arroyo Caprichoso), donde encontraron de inmediato hasta sus posiciones, pese a los 34 años transcurridos. Pero lo más fuerte fue la visita al cementerio de Darwin.
"Eso fue muy duro, pero lo más importante porque allí rendimos el homenaje que fuimos a hacer y dejamos nuestro reconocimiento y honor eterno para los camaradas que murieron en la guerra, a los que está claro que nunca olvidaremos", concluyó Juan.
Mañana a las 20, como todos los miércoles, los veteranos se reunirán en su centro de 10 de Noviembre y Polonia. En esta ocasión, además de los temas de rutina, estarán la charla, las fotos y los recuerdos que Juan y Tito luego de 34 años trajeron para ellos y para todos.

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