Votar en colores

En 24 horas los argentinos elegiremos a nuestro nuevo Presidente en un balotaje histórico, ya que es la primera vez que en el país la máxima magistratura se tiene que definir en una segunda vuelta, en un mano a mano entre dos candidatos que, como ya todos saben, son Mauricio Macri (Cambiemos) y Daniel Scioli (Frente para la Victoria).
La elección también es histórica porque más allá de algunas similitudes que tienen los candidatos, de las que hemos hablando en su momento, los dos representan claramente dos modelos, de los que a esta altura ya se dijo casi todo y que hoy, para no ser reiterativos y para no correr el riesgo de violentar la veda electoral, evitaremos referirnos.
En este casi mes que pasó de la elección general del 25 de octubre, que terminó convirtiéndose en la primera vuelta, y sobre todo luego del debate del 15 de noviembre, que dejó mucho para hablar para mejorar hacia el futuro este "enfrentamiento" verbal entre los candidatos, cada uno de nosotros tuvo que ir sacando conclusiones acerca de cada uno de ellos y sobre todo de lo que cada uno de nosotros quiere para con nuestra Argentina.
Para votar este domingo, hay que reconocerlo, también está la tercera opción del voto en blanco, que ocupó un lugar importante en las preferencias de los sufragantes del 25 de octubre, y que se calcula que también puede tener, no digamos una incidencia directa, pero sí una influencia a la hora de restar en la práctica votos a uno de los dos candidatos en pugna.
El voto en blanco, como el nulo y cualquiera de las otras variantes, es tan legítimo como el que, convencido o no tanto, se expresa por alguna de las candidaturas en pugna. Sin embargo, da la impresión que, en esta ocasión tan especial e histórica, el ciudadano tendría que hacer, como mínimo, el esfuerzo intelectual para discriminar entre las dos posturas y optar entre lo que más se acerque a su ideal o más se aleje de lo que menos quiere para el país.
A partir de ese esfuerzo su voto podrá tener un peso propio y decisivo en el resultado que se terminará de conocer en la madrugada del lunes y que tendrá su impacto y su desarrollo en los próximos cuatro años de la Argentina.
Se trata, en definitiva, de tomar una decisión porque, pese a que dijimos que el voto en blanco es legítimo y es cierto que también encierra una determinación, en este momento clave de la Argentina, como es casi toda elección no es el oportuno para dejar en manos del resto la elección del próximo Presidente de los argentinos, ese hombre que marcará el rumbo del país hasta casi el 2020.
La elección del Presidente es una definición clave que necesita de cada uno de nosotros y sobre todo de aquellos que, el 25 de octubre, optó por alguno de los políticos que, por no haber conseguido el porcentaje de votos necesarios, no llegó a ser candidato. En aquella primera parte del comicio que se cierra mañana, el voto en blanco sí podía leerse y reflejarse como un descontento, hoy ese mismo voto parece estar más cerca de una decisión extremadamente egoísta e individualista que, por lo tanto, excluye al resto, es decir al conjunto.
En definitiva, y respetando a los que optarán por el voto en blanco, desde esta columna sostenemos que la participación y el compromiso, que no deben agotarse con el voto, son necesarios, al igual que la toma de posición para que la misma influya en la decisión general, esa que luego habrá que aceptar sea cuál sea, aunque contraríe nuestra línea de pensamiento y de acción.
El lunes todos, hayan votado como hayan votado, deberemos hacer un esfuerzo para aceptar el color que la mayoría haya puesto como el central de la pintura, sea este con el que se venía pintando o uno nuevo. La diferencia será que todos los que hayan optado por alguno de ellos, estarán al menos conformes en que algo hicieron a favor de la definición general. Los que hayan elegido no votar a ninguno se quedarán solo con la satisfacción de no haber participado activamente y de haber dejado librado al resto la elección del tono predominante que tendrá el cuadro de la Argentina que viene.
Se trata de votar en colores, el que a usted más les guste, represente, o menos le moleste, y no en blanco, que aunque para algunos siga siendo un color, continúa siendo uno que justamente simboliza la ausencia de color, lo que a esta altura del partido bien pueden interpretarse como falta de compromiso y/o decisión.

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