Y el último apagará la luz, si no se la cortan antes

La crisis profunda que atraviesa la Asociación del Fútbol Argentino parece sumar un estallido por día, en una situación impensada hace apenas dos años, cuando la Selección llegaba a la final del Mundial realizado en Brasil y la imagen de un Julio Grondona poderoso -aún otoñal y cansado- no hacía pensar en un tsunami que amenaza con no dejar nada en pie en Viamonte 1366. Pero lo que parecía muy sólido se desvaneció en menos de 24 meses.

Todos los problemas que derivan de una conducción fuerte, que durante 35 años manejó el fútbol argentino casi sin oposición, estallaron a la vez. Y si alguna mecha quedaba sin encender, el escándalo por corrupción en la FIFA y la Conmebol hace un año atrás acercaron el fuego a la pradera.
Lo que parecía de granito, no era tan homógeneo. Y los engranajes engrasados y puntuales, comenzaron a chirriar hasta desbalancear la máquina que se autorregulaba.
Suele suceder con los liderazgos fuertes en cualquier ámbito, desde la política hasta la música, alcanzando por supuesto al fútbol por más duras que sean sus conducciones.
Un negocio de dimensiones colosales como el fútbol -a menudo se destaca que la FIFA es una de las dos o tres multinacionales más poderosas del planeta- estaba expuesto a las mismas posibilidades de corrupción que otras actividades tienen, y que salpica a no pocos gobiernos del mundo. Pero la debacle que en las últimas semanas se exhibe en la vidriera de la AFA, no entraba en muchos cálculos.
Sin embargo, con Grondona en el poder casi todo lo que ahora estalla antes funcionaba. Desde la forma de conformar a buena parte de los asociados (algo difícil en cualquier ámbito) hasta la relación con el poder de turno, el dirigente que combinaba negocios propios con intereses generales del fútbol parecía tener el mapa y el radar para arribar siempre a la costa apetecida.
Muerto el timonel, el barco se metió en zona de tormentas y enseguida chocó de frente contra la realidad: a un líder fuerte no siempre lo sucede una gestión similar, y mucho más cuando lo que afloró fue la resultante de corruptelas varias que dejaron un tendal de acusaciones. Y no sólo contra el timonel extinto, sino que varios de sus acompañantes quedaron en la mira. De la justicia local y del exterior.
La venta de la televisación del fútbol era y es la clave de un desastre anunciado. Si en 1912, 1919 y 1931 el fútbol argentino se dividió por cuestiones de manejo de un deporte que había virado a espectáculo con venta de miles y miles de entradas, desde hace un par de décadas el dinero de la TV marca el pulso e impone modelos aquí, allá y en todas partes.
Ese modelo y la forma del reparto del dinero trazan un eje que va desde Grondona al póker de dirigentes que hoy quieren imponer las nuevas normas del reparto, que si es el del modelo español (6 partes para los grandes, y 2 o 1 para el resto de la grilla según su ubicación en la tabla) tendría resultados letales de inmediato.
Con ese modelo, Lanús, por más lindo y bien que juegue al fútbol, no podría salir campeón, porque su presupuesto estaría supeditado al designio del póker de los grandes. Así es en España, en donde Barcelona y Real Madrid festejan siempre, mientras los demás hacen lo que pueden. Y después miran el festejo ajeno.
Los acuerdos con las empresas que monopolizaban la transmisión del fútbol por TV y después los contratos con el Estado a través de Fútbol para Todos marcaron el final de la gestión de Grondona, y dejaron una marca para toda la dirigencia que lo acompañó.
Que a su muerte no supo cómo manejar ese punto crucial, ni tampoco la resultante de los últimos compromisos del dirigente de Sarandí que -como había hecho siempre en la idea de contentar a casi todos- dejó como peludo de regalo un inexplicable torneo de 30 equipos que ahora nadie sabe cómo desarmar a la brevedad.
La ofensiva del póker de grandes amenaza con acelerar los tiempos, la renuncia de Marcelo Tinelli a manejar la AFA desnuda la potencia que tiene el proyecto de la Superliga y la segura salida de Luis Segura -el sucesor de Grondona que nunca pudo obrar como tal- en los próximos días le ponen música de fondo al fin de una época.
La que pasó de una demostración contundente de poder a esta hecatombe en donde los transportistas encargados de llevar a los planteles a las canchas para que se jueguen los partidos del ascenso, amenazan con no trasladarlos por falta de pago. Cuando el último quiera apagar la luz, tal vez la hayan cortado una hora antes.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico