A rodar

Girar en círculos. La Argentina no puede escapar de repetir sus historias. Las buenas y las malas.

Pasar de períodos de bonanza a sumergirse en sucesivas crisis de distintas profundidades. Después de dos años de noticias estimulantes para el sector automotor, se avanza hoy en una etapa de vacas flacas. Y las noticias son preocupantes, tomando el eslabón de la cadena que se elija: concesionarias, autopartistas o fabricantes. En el primero de los casos es obvio que la retracción de la demanda de las últimas semanas pone al borde del abismo a muchas empresas. Más porque se viene de un tiempo en el que el aumento de las ventas era un disfraz que ocultaba la caída de la rentabilidad y, por eso, no hay ahorros ahora para capear el temporal. Pero éste es un sector que más fácil se recupera. Lo serio tiene que ver con los autopartistas y las terminales donde los males sin estructurales.

Se podrían tomar numerosos ejemplos de los problemas que atraviesan los fabricantes de piezas pero, a veces, un árbol alcanza para imaginar el bosque. Se trata de una empresa multinacional que está viviendo una situación difícil como consecuencia de los altos costos internos y una escala de producción que no alcanza para ser competitiva. A comienzos de año directivos locales de la compañía viajaron hasta la casa matriz para torcer la decisión de las autoridades de cerrar la compañía y atender el mercado a través de la importación. Lo lograron pero antes de que finalice 2018 deberán volver a pasar por ese duro examen. En el exterior no son muy optimistas sobre la realidad local y ya tienen presupuestado el costo de finalizar la actividad fabril: u$s12 millones. Para tener una referencia, el déficit operativo de esta autopartista es de unos u$s4 millones anuales. Por política de la empresa, la casa matriz no envía fondos a sus filiales sino que éstas deben financiarse por su cuenta en el mercado local. Con un costo del crédito para las empresas del 60% o más, la tarea no es sencilla. Estamos hablando de una multinacional, con un respaldo importante y no de una pyme familiar. A esto hay que sumarle que la empresa -dedicada a la fundición- paga la materia primera en el mercado interno más caro que su precio internacional. Si la importa, pierde beneficios impositivos que existen por el “compre nacional”. El tema está siendo tratado a nivel Gobierno. Llegó al despacho por el secretario de Industria, Fernando Grasso, impulsado por Toyota. En la automotriz están preocupados por la suerte de este proveedor local y de otros que están con problemas similares. No logran los niveles de calidad requeridos y no son competitivos. Esto complica los planes de aumento de la integración nacional de piezas, la base del Plan Un Millón. Se está tratando de que Nissan fabrique su pick-up cordobesa con piezas de este proveedor y no lo haga vía importación. Pero el margen de maniobra de Grasso no es grande. Puede sugerir pero la decisión de Nissan dependerá de sus costos. Distinta era la época de Guillermo Moreno. Con sus métodos, el exsecretario hacía propuestas que los empresarios no podían rechazar.

En las terminales automotrices también hay problemas. La semana pasada ADEFA se reunió con el nuevo ministro de Producción, Dante Sica. Fue un encuentro protocolar en el que se repasó la actualidad del sector. Nada que el funcionario no sepa ya que es un experto en esta industria y conoce muy bien a todos los jugadores. Tampoco los empresarios podían reclamarle demasiado a un funcionario que recién está en actividad. Pero hay tensión. Una automotriz, por ejemplo, está preocupada por el tema impositivo. La reforma tributaria está parada y la actualidad económica no hace pensar que se avance demasiado. Especialmente con las provincias, que están reclamando postergar la rebaja impositiva ante la nueva realidad económica. Acá es clave lo que se haga con Ingresos Brutos. La situación es delicada porque está en juego una inversión en marcha. Los cálculos se hicieron con un escenario distinto al que va a haber y en la casa matriz eso no cae bien. En la automotriz no quieren admitirlo pero la situación es delicada.

- ¿Pone en peligro la inversión?, se preguntó.

- En principio, no.

La respuesta no tranquiliza ya que deja abierta la puerta a interpretaciones.

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