Anabella trabaja como moza en un restaurante de Mar del Plata. Le gusta escuchar música, salir con sus amigas, ir a bailar. Desde hace 10 días que no sale de su casa, apenas puede ir a trabajar y tiene miedo de estar sola.
Era el sábado 4 de noviembre por la noche. Anabella estaba en la casa de Mauricio y se había decidido a terminar la relación que la venía hostigando desde hacía casi un año y medio.
-“¿Cón quién estás hablando?”, le preguntó Mauricio V.
-“Con mi mamá. Le estoy diciendo que me voy a su casa”, le dijo ella.
-“Vos no te vas a ningún lado”, le respondió al mismo momento que le sacó el celular de las manos.
“Quería ver con quién estaba hablando y empezamos a forcejear y gritar. En un determinado momento tenía sus manos en mi cuello. Yo le pedí que me suelte y me tiró al piso. Me golpeó fuerte la cabeza y me quedaron varios moretones en todo el cuerpo”, relató Anabella a minutouno.com sobre el último episodio de violencia que vivió.
“Estaba con la mano izquierda ya completamente inflamada por los golpes cuando me empezó a ahorcar con el brazo otra vez para no dejarme marcas,ya no podía respirar, sentía los ojos hinchados y apenas podía ver. Pensé que me moría", dijo.
Anabella intentó gritar, pero él le tapó fuertemente la boca y le dijo al oído que la iba a matar. Al final, logró soltarse y le dijo a su mamá que llame un remis. “Andate puta de mierda, no quiero verte nunca más ni que pises mi casa. No cuentes nada porque voy y te mató”, fue lo último que le escuchó decir.
La joven fue a la comisaría 1° para hacer una nueva denuncia y contar que todo lo que habían redactado en el informe estaba mal. “Puede ser que estuvieras muy nerviosa”, le respondieron. A pesar de la humillación, Anabella logró una restricción perimetral.
“Saqué un turno y unos días después fui al médico para que me revisara, pero como las marcas ya se estaban yendo, me dijo que tenía que haber ido el primer día. Y que para que se actúe tenía que llegar con un brazo quebrado”, agregó la víctima. “Quiero vivir. Quiero salir a la calle y no tener miedo. No quiero ser una menos”, contó.
LOS PRIMEROS SIGNOS VIOLENTOS
Anabella conoce a Mauricio desde hace más de ocho años. Era compañero de su hermano mayor y uno de sus mejores amigos. En su adolescencia habían tenido un pequeño romance pero después ella inició una relación con otro chico que duró 5 años. Anabella recuerda que durante todo ese tiempo, Mauricio la persiguió y la esperó. “Cuando terminé la relación nos volvimos a ver. Siempre se aparecía en los boliches a los que iba y ahora me doy cuenta que todo era una obsesión”, contó Anabella.
Durante el primer mes de noviazgo tuvo un episodio violento donde tras discutir con ella la tiró al piso y le quebró el brazo. “Me pidió tanto perdón, se puso a llorar como un nene que realmente pensé que estaba arrepentido y lo perdoné”, explicó. La situación comenzó a reiterarse más de lo que imaginó. “Se arrepentía. Me decía que no lo deje. Que si lo dejaba se mataba. Llegó a simular un corte con un cuchillo y hasta puso en mis manos uno y me rogaba que lo mate”, describió.
CONVOCATORIA A UNA MARCHA
Anabella no quiere perder su libertad y busca empoderarse con otras mujeres. Por eso comenzó una campaña por las redes sociales en donde dice #NoQuieroSerUnaMenos y ya está pensando en una manifestación junto con otras víctimas de violencia de género y exigir a las autoridades que cumplan con los protocolos y las acompañen en el camino de la Justicia.
“Necesitamos que las instituciones funcionen. Que nos acompañen cuando hacemos una denuncia y no que nos maltraten como pasa más seguido de lo que uno cree”, agregó.
