Afirman que a María Marta Belsunce la remataron de 4 tiros

El médico forense que practicó la autopsia de María Marta García Belsunce aseguró ayer que el asesino no es un experto tirador y que la víctima fue rematada en el piso con los últimos cuatro balazos que recibió en la cabeza.

Buenos Aires (Télam)

Se trata del forense Héctor Horacio Moreira, quien al declarar frente al Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de San Isidro en el juicio por el encubrimiento del crimen explicó que fue un error irreparable no haber convocado a un médico legista el día del homicidio porque “el lugar del hecho representa el 70 por ciento de la autopsia”, que él realizó 36 días más tarde.
El forense, que en aquel momento trabajaba en la Policía Científica de San Isidro y fue convocado por el fiscal Diego Molina Pico para hacer la autopsia el 2 de diciembre de 2002, declaró durante tres horas frente a los jueces, que decidieron hacer un cuarto intermedio de 45 minutos para el almuerzo y seguir por la tarde escuchando su testimonio.
En la parte central de su declaración, Moreira detalló al tribunal la posible secuencia del crimen de la víctima.
En base a las lesiones que encontró en las piernas y especialmente en la parte superior de la frente, del lado derecho, Moreira explicó que la víctima primero fue brutalmente golpeada y luego recibió los seis disparos en la cabeza, pero en distintas secuencias.
Para Moreira el primer balazo fue “el de rebote”, es decir, la famosa “bala-pituto” calibre .32 que no llegó a penetrar en el cráneo y luego fue arrojada al inodoro por el imputado John Hurtig.
“Ese disparo no llegó a comprometer su vida, ni a derribar a la víctima”, dijo Moreira.
Para el legista, el disparo que le empezó a provocar la muerte a María Marta fue “el segundo”, ubicado en la región parietal izquierda de la víctima, y en cuyo orificio los médicos emergentólogos metieron sus dedos, de acuerdo a lo incorporado a la pesquisa.
Según Moreira, éste fue el disparo que “derribó a la víctima” y ese proyectil “penetró, perforó, laceró la masa encefálica y allí empezó a morirse la persona”.
El forense explicó luego que los otros cuatro balazos que estaban agrupados y concentrados cerca del pabellón auricular izquierdo, “fueron de remate” y efectuados “a corta distancia”.
“Fueron de cerca e inmediatamente disparados uno atrás del otro porque seguramente la persona no se terminaba de morir. Por lo que sabemos de la anatomía patológica, son lesiones que ya tenían escasa vitalidad”, comentó el forense.
Al opinar sobre la habilidad del tirador para cometer esta secuencia, Moreira dijo: “Si algo se puede elucubrar es que (el asesino) no era una persona experta para matar a una persona con un revólver calibre .32”.
En otro tramo de su declaración, Moreira complicó la situación del imputado Juan Ramón Gauvry Gordon al asegurar que más allá de que pudo no haberse dado cuenta de que esa persona había sido asesinada, debió ante la muerte violenta haber convocado a la policía.
“Realmente no haber llamado a un médico legista en ese momento fue un injuria. Yo hubiera encontrado mil elementos. La oportunidad era el lugar del hecho, después de 36 días, hicimos lo que pudimos”, comentó el médico.

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