La Fiscalía incorporó nuevos elementos que apuntan contra Mariela Altamirano y Maicol González. Los estudios médicos determinaron que el niño falleció por una infección respiratoria agravada por traumatismos craneales y un contexto sostenido de violencia.
Durante la audiencia de ampliación del objeto procesal realizada el viernes en el marco de la investigación por la muerte de Ángel Nicolás López, la Fiscalía incorporó nuevos elementos probatorios que profundizan la acusación contra Mariela Altamirano y su pareja, Maicol González, imputados por el fallecimiento del niño de 4 años.
Según se expuso en la audiencia, los resultados del estudio histopatológico y de la Junta Médica determinaron que Ángel murió a causa de una respuesta inflamatoria sistémica y daño multiorgánico derivados de un proceso infeccioso con foco pulmonar, compatible con bronquiolitis y bronconeumonía, en concomitancia con traumatismos craneoencefálicos.
Además, se ventilaron nuevas pericias, aperturas de teléfonos celulares y testimonios que, de acuerdo con la acusación, evidencian el calvario que atravesó el menor en un contexto de presuntos maltratos físicos y abandono.
UN CALVARIO DE CINCO MESES
La Fiscalía sostuvo que Ángel comenzó a convivir con los imputados el 5 de noviembre de 2025 en una vivienda ubicada en Zona de Quintas I. Entre el 17 y el 18 de marzo de este año, el niño habría comenzado a manifestar síntomas respiratorios, con signos de hipodinamia, decaimiento y pérdida de peso, cuadro que —según indicaron— no recibió la atención médica necesaria.
En ese contexto, el fiscal general Facundo Oribones afirmó que el niño era sometido a castigos físicos y baños con agua fría, prácticas que habrían agravado su estado de salud y aumentado el riesgo de muerte.
De acuerdo con la acusación, el último episodio de violencia ocurrió el 4 de abril de 2026 al mediodía, cuando Altamirano presuntamente golpeó al niño, le aplicó presiones sobre el cráneo y tirones de cabello, para luego obligarlo a ingresar a una pileta con agua fría y en malas condiciones, ubicada en el patio de la vivienda, pese a que la sensación térmica rondaba los 14 grados. Ángel falleció dos días después, el 6 de abril, a las 23:40 horas.
Oribones reveló además que, a partir del análisis del teléfono celular de González, se recuperaron videos grabados por Altamirano el mismo 4 de abril. En uno de ellos, el niño aparece angustiado mientras ella le pide que no llore y le dice que no le había pegado. En otro registro, fechado a las 13:04 horas, se observa a Ángel vestido únicamente con una remera y ropa interior mientras es obligado a ingresar a la pileta ubicada en el exterior del domicilio.
“El niño evidencia un estado de enfriamiento, se abraza producto del frío. Esto era una manera de aleccionar que tenían tanto Altamirano como González cuando el niño cometía alguna falta”, expresó el fiscal durante la audiencia.
El funcionario también vinculó estas situaciones con testimonios brindados previamente, entre ellos el de la docente del jardín al que asistía Ángel, quien relató que el niño había manifestado angustia y comentó que lo habían bañado con agua fría porque quería “agua calentita”.
GOLPES CONTRA LAS CHAPAS
Otro de los testimonios incorporados corresponde a una vecina que aseguró haber escuchado episodios de presuntas agresiones por parte de González. Según relató Oribones, el imputado le exigía al niño que hablara correctamente y luego se oían golpes contra las chapas de la vivienda.
Asimismo, se expusieron mensajes extraídos de los teléfonos celulares de los acusados. Uno de ellos, fechado el 17 de marzo, muestra a Altamirano consultándole a González: “¿Hasta cuándo va a dormir ese nene?”, en referencia a Ángel. Al día siguiente, González le escribió: “Tu bebé está largando mocos”. Días más tarde, el 27 de marzo, Altamirano preguntó si habían llevado al menor al pediatra, aunque luego indicó que no lo hicieron porque “se quedaron dormidos”.
Para la Fiscalía, estos intercambios demuestran que ambos imputados conocían el deterioro en el estado de salud del niño y, pese a ello, omitieron brindarle asistencia médica.
“Nadie puede morir de bronconeumonía de un día para el otro”, remarcó Oribones, quien además cuestionó la versión sostenida por los imputados respecto a que Ángel se encontraba en buenas condiciones antes de fallecer. “Dijeron hasta el hartazgo que había estado jugando y nadando hasta la medianoche. Eso es mentira, lo estaban castigando”, sostuvo.
Finalmente, el fiscal describió los momentos previos a la muerte del niño y aseguró que Ángel presentaba serias dificultades respiratorias y signos de agonía cuando fue trasladado al hospital. “Estaba azul, le costaba respirar y tuvieron que inyectarle adrenalina para mantenerlo con vida”, concluyó.
