Argentina se relajó y se quedó sin medalla

El plantel de Gonzalo García vencía por una diferencia de 17 puntos, pero los charrúas forzaron a un suplementario donde se impusieron por 99-93. Para colmo, al término del partido Román González respondió a las provocaciones de un particular uruguayo que sería tío de un jugador y estuvo a punto de golpearlo en la zona mixta que conduce a los vestuarios.
Río de Janeiro (Télam)
El seleccionado argentino masculino de básquetbol sumó ayer una nueva frustración, al perder un encuentro que tenía prácticamente ganado ante Uruguay (93-99), en tiempo suplementario, tras empatar en 81 y resignarse a la conquista de la medalla de bronce en los Panamericanos de Río de Janeiro 2007.
El representativo albiceleste, víctima de una serie de desatinos dirigenciales y de masivas renuncias de jugadores no pudo sostener un encuentro que ganaba por 17 puntos y terminó cayendo en tiempo extra.
Uruguay, en su mejor actuación histórica Panamericana, mostró a un base Fernando Martínez inspiradísimo (24 puntos, 17 en el tercer segmento) y al valor de Racing Pedro Echagüe, Leandro García Morales (15), con conversiones claves, para establecer una igualdad milagrosa en 81 puntos, al cierre del tiempo regular.
En la prórroga, el equipo dirigido por Alberto Espasandín tuvo «fría» la cabeza, reguló el ritmo con criterio y se llevó un bronce merecido.
Una vez concluído el encuentro en el gimnasio Arena Multiesportiva se produjo un incidente mayúsculo que a poco deriva en escándalo, cuando Román González respondió a las provocaciones de un particular uruguayo (sería tío del jugador García Morales) y estuvo a punto de trompearlo en la zona mixta que conduce a los vestuarios.
En el primer parcial hubo desatenciones de los dos y mucha paridad. Asomaba Uruguay para dominar en los tableros en base a las labores de Gastón Páez y Esteban Batista, pero los dirigidos por Gonzalo García oponían la solitaria tarea de Román González, el pivote que, a fin de cuentas, fue el mejor valor del equipo en el campeonato.
Sin embargo, esa exigua ventaja argentina al finalizar el primer segmento (15-14) se extendió mucho más en el segundo cuando, tras un parcial de 12-0, el quinteto albiceleste se puso 36-18 arriba.
Fundamental, en ese tramo del duelo rioplatense, el trabajo de Diego Logrippo, quien encestó 4-6 en dobles, 2-3 en triples y 2-2 en libres, en esos 20 minutos iniciales.
Además, la efectividad uruguaya sufrió un pronunciado bajón y solamente Nicolás Mazzarino, con dos conversiones casi consecutivas, pudo mejorar las cifras «charrúas».
Pero el panorama varió, y rotundamente, apenas comenzado el segundo período, con el ingreso del base Martínez, quien no había sido utilizado hasta ese momento.
El armador de Malvín de Montevideo se erigió en la batuta de un conjunto ‘celeste’ que fue descontando, de a poco, y se puso uno abajo (55-56), al cierre del tercer cuarto.
En el último tramo, Argentina volvió a amenazar con tomar el control, pero Diego García se apuró en algunas decisiones, Diego Logrippo (24 tantos) no rindió como en el período inicial y Martín Leiva estuvo por debajo del nivel que, por ejemplo, exhibió González en este equipo.
As¡, cuando faltaban poco más de un minuto, Argentina ganaba por ocho tantos (74-66) y el éxito parecía garantizado. Pero Mauricio Aguiar apareció con dos triples, el equipo albiceleste no pudo definir desde la línea de libres (malogró 3 de 6 en ese lapso final) y Uruguay se acercó a tres (78-81), cuando faltaban apenas 4seg. 6/10.
Entonces hubo un tiro libre encestado de Nicolás Mazzarino, otro lanzamiento «tirado a errar» a propósito y la figura del pibe Sebastián Izaguirre que emergió entre las cabezas rivales para estampar la igualdad milagrosa (81-81).
En el alargue, Uruguay aprovechó el nerviosismo argentino, apeló a la experiencia del NBA Esteban Batista, gigante en los tableros, y se llevó un triunfo angustioso, además de merecido.
Argentina, en cambio, sumó un sinsabor por demás amargo. Apenas cumplió el objetivo de arribar a una semifinal en un torneo de ocho selecciones, aunque no consiguió medalla. Un desempeño con aroma a fracaso.

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