"Aristóteles sentó las bases teóricas de la inferioridad intelectual de la mujer"

La vida de una serie de mujeres que con sus investigaciones abrieron paso a la ciencia y a la filosofía a lo largo de los siglos es abordada en el libro "Sabias", de la española Adela Muñoz Páez. Rescata reveladoras historias, de la antigüedad a estos días, para salvarlas del olvido.

El libro aborda la vida y la obra de sabias griegas como Aspasia, filósofa y maestra de oradores; Agnódice, la primera ginecóloga; así como Hipatia de Alejandría, una hermosa mujer que fue la mejor matemática de su época, cultivó la astronomía y defendió la tolerancia en una época teñida de fanatismo.
La obra, editada por Debate, ahonda en las luchas y resistencias que tuvieron como protagonistas a mujeres que se negaron a aceptar casamientos por compromiso, como Marie Paulze-Lavoisier, que junto al hombre que aceptó como esposo se erigieron en fundadores de la química; a Flora Tristán, autora de la frase "Proletario del mundo uníos", que sentó las raíces del feminismo en el socialismo; o Mary Wollstonecraft, hija ilegítima y esposa cuyo feminismo cristalizó en la obra "Vindicación de los derechos de la mujer" e inspiró a muchas mujeres para reclamar por sus derechos.
"Todos los derechos conquistados lo han sido tras arduas batallas, y ha habido muchos retrocesos, por lo tanto los derechos no están garantizados", advierte en diálogo con Télam Muñoz Páez, docente de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla y quien se dedica a realizar representaciones teatrales para difundir la figura de científicas del pasado.

- Télam: ¿Cómo surgió en usted el interés por investigar y escribir sobre la vida de estas mujeres?
- Adela Muñoz Páez: A raíz de un libro que publicó Rosa Montero en 1992 titulado "Historias de mujeres" me pregunté por qué no había entre ellas mujeres científicas, cuando en la facultad de química en la que estudié había muchas mujeres, tanto entre las profesoras como entre las alumnas. Entonces comencé a buscar por mi cuenta en todas las librerías y bibliotecas de los distintos países en los que trabajé. Con la llegada de Internet mi campo de acción se amplió muchísimo.

- T: Muchas mujeres fueron asesinadas por pensar diferente y revelarse ante las pautas sociales establecidas, ¿cree que los femicidios han aumentado en los últimos años?
- A.M.P.: No sé si ha habido un incremento de los femicidios o más bien esos horribles crímenes han cobrado la relevancia que merecen y aparecen en los periódicos y escandalizan a la sociedad. Como soy optimista, prefiero pensar que ahora no hay más asesinatos de mujeres que antes, sino que somos más conscientes de ellos.

- T: Los hechos y vidas que describe me llevan a pensar sobre el lugar de la mujer en la sociedad y su vulnerabilidad, como si lo ciclos se repitieran.
- A.M.P.: Exactamente, los ciclos se repiten, esa es la principal enseñanza de mi libro. En contra de lo que yo misma pensaba cuando empecé a escribirlo, no ha habido una progresión positiva en la conquista de los derechos de las mujeres, sino períodos de lucha en los que se han conquistado derechos de forma paulatina y luego momentos en los que esos derechos se han perdido bruscamente. Cada vez que la sociedad en su conjunto ha sufrido un cambio que ha supuesto un avance para la humanidad, la convulsión social ha dado lugar a una pérdida de derechos de las mujeres.

- T: ¿En qué momentos corroboró que han sucedido estos retrocesos?
- A:M.P.: En el siglo de Pericles, cuando se alcanzó el máximo esplendor de la Grecia Clásica, con logros deslumbrantes en arte, política, filosofía y ciencia, las mujeres no tenían libertad ni para moverse dentro de su propia casa cuando había invitados varones. La reforma gregoriana de la Iglesia cristiana en torno al siglo X, que fue muy positiva para el conjunto de la Iglesia, tuvo efectos muy negativos en las mujeres. El avance en la lucha contra la ignorancia a finales de la Edad Media con el establecimiento de las universidades fue acompañado por una prohibición del acceso a ellas de las mujeres. Tras el tumulto que supuso la Revolución francesa, a las mujeres, muchas de las cuales habían estado en primera línea en las batallas callejeras, les fueron negados los derechos elementales del ciudadano.

- T: ¿De dónde surge la creencia o idea de que el hombre es el depositario de los saberes?
- A.M.P.: No sabría exactamente el origen, pero Aristóteles le dio legitimidad. Su concepto de las mujeres, que fue asumida por los árabes durante la Alta Edad Media y luego de vuelta a Europa por los cristianos, sentó las bases teóricas, inamovibles durante 2500 años, de la inferioridad intelectual de la mujer. Otros muchos autores posteriores, prácticamente hasta el siglo XX, difundieron y apoyaron esa idea, pero el primero y principal soporte de la misma fue Aristóteles.

- T: Una de las instituciones que más socavó los derechos de las mujeres fue la Iglesia católica, ¿cuál cree usted que era el temor que tenía la iglesia respecto de la independencia de pensamiento de las mujeres?
- A.M.P.: Simplificando mucho, para la Iglesia la mujeres eran "la perdición de los hombres", la principal tentación. Pero en lugar de intentar que los hombres controlaran su lascivia, se las reprimió a ellas, lo que era totalmente injusto. Y una mujer que pensara era doblemente peligrosa por ser un objeto de deseo que además podía manipular al hombre con sus malas artes.

- T: ¿Por qué muchas mujeres que se destacaron en su momento y arribaron a importantes descubrimientos no lograron trascender?
- A.M.P.: El problema es que no todas dejaron constancia documental de sus trabajos, como es el caso de Marie Paulze Lavoisier, editora y traductora de su marido, o Maria Sibylla, que dejó varias obras sobre entomología firmadas con su nombre. Por otro lado incluso las que dejaron una obra escrita fueron borradas de los anales de la historia.

- T: ¿Cómo evalúa el caso de Rita Levi, que contra toda adversidad logró llevar adelante sus investigaciones y ser Premio Nobel?
- A.M.P.: Su caso es especial en muchos sentidos, porque a pesar de haber nacido en el siglo XX, tuvo que superar barreras que cualquier otra mujer, y muchos hombres, habrían considerado insalvables: la oposición paterna, la persecución fascista por el hecho de ser judía, la imposibilidad de desarrollar una carrera investigadora en un país, Italia, arrasado por la Segunda Guerra Mundial. El hecho de haber conseguido el Premio Nobel de Medicina hace que no se la pueda borrar de la historia de la ciencia.

- T: ¿Qué mujeres le resultan destacadas en la actualidad y por qué?
- A.M.P.: Hay muchas mujeres relevantes en distintos ámbitos científicos, lo que pasa es que siguen siendo grandes desconocidas. Biomedicina y Química son los áreas científicas en las que hay más mujeres que han sido reconocidas internacionalmente, varias de ellas consiguieron el Premio Nobel. A mí me gusta hablar siempre de Francoise Barré-Sinoussi, que en el año 2008 descubrió el virus del SIDA. Como Rita-Levi, está firmemente comprometida con la ayuda a los más desfavorecidos, en su caso las víctimas del SIDA. En su compromiso con la prevención del contagio del SIDA, es destacable la durísima carta que le escribió al Papa Benedicto XVIII, publicada en el diario Le Monde, cuando antes de uno de sus viajes a África el prelado dijo que el empleo del condón no era una forma eficaz de prevenir el SIDA.

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