Aseguran que el cuerpo de Alan permaneció flotando media hora

Fabián Henríquez es tío de Alan y también su padrino. Ayer estaba junto al resto de la familia tratando de divisar desde la costa algún indicio del cuerpo del adolescente y con lágrimas pidió ante los medios periodísticos la colaboración del municipio.

A media mañana, y luego de suspendida la búsqueda por unas horas, Henríquez comentó: “nosotros estamos pidiendo a la Municipalidad que mande gomones, la lancha, porque a las 7 de la mañana aparecieron dos lanchas y ahora (sobre las 11) hay una sola. Los muchachos (por los buzos de Prefectura) se quedaron sin oxígeno y se retiraron y esperamos que se muevan un poquito más”.

Según precisó, el viernes había un compromiso de que ayer a la mañana iban a enviar más personal, “pero no se apareció nadie; acá nunca hubo helicóptero. Estuvimos hasta última hora del viernes y no hubo nada, anda un solo gomón. Miran desde arriba pero no se meten al agua por el viento que hay en la zona”.

Frente a la desesperante situación, Henríquez decía angustiado: “esperamos que nos devuelva el cuerpo el mar. Sólo pedimos eso al municipio; que nos dé una mano en la parte humana porque no tenemos contención. Mi hermano y mi cuñada (los padres del joven desaparecido) se quedaron toda la noche esperando acá”. Y hasta entonces no se había registrado la presencia de representantes de algún área social de la comuna.

Sobre el momento en que se desató la tragedia, Henríquez recordó: “ellos vinieron en un día de familia a pasarla bien y tampoco es que se internaron mar adentro, solo a 10 metros de la orilla… si además media hora de pasado el hecho se veía el cuerpo de mi sobrino en el mar y nadie podía hacer nada”, lamentaba.

Según lo que le contaron otros familiares, “por lo que me decía mi sobrino mayor, a la media hora llegó la policía de Caleta Córdova y ayudó a sacar al nene y al otro chico”. Además recordó que la familia de Alan iba a quedarse un poco más allá del sector de la cruz, pero no encontraron el camino y se acercaron hasta esa orilla.

Al recordar a su sobrino, Henríquez lloraba y no encontraba razones para esta situación. “Egresó en diciembre, era abanderado, estaba preparando junto a su hermano el ingreso a la Universidad. Era un chico sano, limpio, una criatura. Los que conocen a Alan saben que era un chico tranquilo, sano; los chicos del barrio jugaban con él”, relataba con dolor ante Diario Patagónico.

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