Antes de celebrar la misa el papa se recogió en silencio en la capilla ante el icono, que según la tradición fue realizado por San Lucas, que lo pintó con el verdadero color de su piel.
Igual que sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI, Francisco donó una rosa de oro, el regalo tradicional que los pontífices ofrecen a los santuarios marianos.
Desde el altar, con el santuario a sus espaldas, el papa argentino presidió una misa solemne con ocasión del 1050 aniversario del bautismo de Polonia, entre los países más católicos del mundo.
"Dios prefiere instalarse en lo pequeño, al contrario del hombre, que tiende a querer algo cada vez más grande. Ser atraídos por el poder, por la grandeza, por la visibilidad es algo trágicamente humano", dijo Francisco ante la multitud, que según algunos medios locales superaba las 200.000 personas, la mayoría polacos.
